España en Eurovisión con D'Nash
La última vez que presté un poco de atención a Eurovisión fue hace cosa de cuatro años, cuando uno de mis compañeros de piso gays golpeó la puerta de mi dormitorio para anunciarme que había algo que tenía que ver a toda costa, de modo que lo seguí hasta el salón, donde cinco tíos simétricamente homosexuales se habían congregado para celebrar la euroretransmisión, y no pude sino asombrarme cuando puse los ojos sobre la pobre hechura del representante austríaco. El tipo era tan ridículo que no di crédito a lo que veía; en mi opinión resultaba obvio que Austria, sencillamente, no se tomaba en serio el festival, y se burlaba de todo el continente con un representante verdaderamente grotesco.
La ganadora de la edición de este año ha sido la serbia Marija Serifovic, quien parece un hombre adicto a las metamfetaminas. Nosotros hemos quedado en el vigésimo lugar con esos cuatro muchachos bien parecidos y de aspecto gay, D'Nash. Francamente, querida, todo esto me importa un bledo.
Etiquetas: eurovision, tv
El verdadero enfoque de enfoque gay

Nota introductoria: el verdadero «enfoque gay» se encuentra en este blog, de modo que compórtate como un chico listo y agrégalo a los favoritos/ marcadores de tu navegador web (si no es Firefox, hazte un favor: descárgalo ahora para navegar rápido y seguro. El link está al margen, en forma de bonito banner.]. Recomiéndalo a tus amigos. Comenta las entradas. Escríbeme un correo electrónico a la dirección que aparece en el margen superior derecho de la página: aunque puedes insultarme y ascender por la vía rápida en mi directorio de enemigos, también puedes hablarme sobre ti, sobre lo que opinas de este blog, sobre las aberraciones sexuales a las que eres adicto o sobre cualquier otra cosa (las sórdidas son altamente apreciadas). Por otro lado, existe un 5% de posibilidades, cálculo no científico, de que Enfoque Gay haga de ti una persona un poco más feliz. No renuncies, sé salvaje: ¡Enfoque Gay tiene la solución! //
Un
post publicado por Arturo, del blog de noticias AmbienteG, me ha hecho reflexionar sobre un par de asuntos y me ha impulsado además a escribir esta entrada.
El primero tiene que ver con nuestro foco de atención. ¿A dónde miramos, en previsión de qué y con qué disposición? En su entrada, Arturo se lamenta de que los personajes homosexuales son presentados con frecuencia en las teleseries como «mariconas», tipos envueltos en plumaje que degradan su orientación sexual y deterioran la imagen pública de todo el colectivo gay y lésbico. Sin embargo, habría que considerar primero que un número significativo de homosexuales son amanerados; de hecho, muchos gays que no ostentan pluma en su vida cotidiana, se desmelenan y la exhiben con el orgullo renacido del converso cuando se encuentran en el contexto adecuado: en una fiesta privada de gays o en locales de ambiente, por ejemplo. Eso me recuerda a una vieja profesora de francés, una perfecta esnob por la que jamás sentí la menor simpatía, que se movía por los pasillos del instituto con la gracia salerosa de una bailarina de cabaret; sin embargo, una vez que franqueaba las puertas del edificio y ganaba la calle, la muchacha se volvía tan recatada como la ejecutiva de un gran banco. Contexto, ¡contexto!
Así que cuando nos quejamos de que todos los homosexuales que aparecen en televisión tienen pluma, ¿cuál es el problema? ¿En qué consiste nuestro temor? ¿En que quienes no somos así desearíamos vernos reflejados con fidelidad --lo cual, de hecho, ocurre bastante a menudo, pero de eso hablaré más adelante--, o en que no consideramos digno que alguien poco masculino sirva para proyectar la imagen de todos los homosexuales, es decir, para representarnos? Cuestión que lleva a plantear otra pregunta: ¿tienen las teleseries una responsabilidad social, deberían tener una utilidad didácticas? De hecho, en Estados Unidos ocurre así, las series de televisión no sólo entretienen, sino que además educan (en opinión de algunos, para equilibrar las deficiencias del sistema de enseñanza, aunque me parece una opinión un tanto sesgada), pero en España... bueno, aquí uno ve literalmente cualquier cosa en cualquier programa, así que quizá sea demasiado tarde para seguir engañándonos. Los shows son productos comerciales al servicio de las finanzas de los productores, no de la sociedad; si por un momento se nos ocurriera forzar un cambio radical en el modo en que la televisión se aproxima a la sociedad, entonces lo más práctico sería bombardear las sedes de los canales de televisión y empezar desde las ruinas. Resultaría menos oneroso y más eficaz.
Por otro lado, ¿hasta qué punto es cierto que los homosexuales son dibujados como hombres promiscuos, afeminados y adictos a la prensa del corazón? En primer lugar deberíamos clasificar las teleseries entre verosímiles e hiperbólicas: las que tratan de reflejar la realidad tal y como es, donde los gays son presentados con una diversidad que se corresponde estrechamente con la realidad; y aquellas otras que tratan de forzar y exagerar los rasgos para causar diversión. Yo creo que el primer caso está más o menos superado, y el segundo está fuera de nuestro alcance. Pues si a los derechistas se los presenta como fachas, a los sacerdotes como bobos, a las ancianas como cascarrabias y a los porteros como nulidades, ¿qué sentido tiene exigir que los homosexuales sean exonerados de ese peso y que se les muestre con naturalidad?
Sobre el primer caso, el de las series de televisión serias, remito a mi
post publicado hace pocos días en el que aludía a Greg Berlanti, guionista homosexual de éxito, quien disertaba en una entrevista publicada en Logo Online sobre la evolución de los papeles homosexuales en la televisión
seria.Sobre el segundo caso, el de las series hiperbólicas, podría poner como perfecto ejemplo
Los Simpsons, donde durante muchísimo tiempo hubo únicamente un personaje homosexual, encerrado en el armario pero transparente para todos los espectadores que tuvieran intención de verlo: Weylon Smithers. Ridículo y estirado, con voz de pito, cegato y enamorado de un anciano malévolo, el señor Burns. ¿Tiene sentido quejarse de que Weylon no es un modelo de homosexual? ¡Pero es que el pastor local no es tampoco un modelo de religiosidad, ni Homer de padre de familia, ni nadie es modelo de nada! Se llama hipérbole, exageración.
Sin embargo, es sencillo dejarse llevar y poner los ojos tan solo en las parodias que afectan a los gays sin tener en cuenta todas las demás. El problema reside en que eso resulta poco realista y perpetúa rencores
homosexuales que en nada contribuyen a hacer que las cosas nos vayan a todos un poco mejor.
Me aficioné a
Aquí no hay quien viva durante un mes, hasta que determinada propaganda me hizo alejarme del televisor. Pero ésa es otra historia. A lo que iba es a que en determinado episodio el sacerdote y una monja me parecieron una parodia grotesca de los católicos, y por un segundo lo encontré doblemente ofensivo. Es decir, caí en el mismo error que critico a otros. Sin embargo, pronto reparé en que esos dos personajes eran distorsionados en la misma medida que todos los demás. Así que, ¿por qué preocuparse?
En resumen, si
Queer as folk, esa serie supuestamente rompedora que tan buena acogida recibió de muchísimos homosexuales --y heteros--, no traza un retrato integral de los homosexuales, ¿por qué y cómo pedirle más fidelidad a todas las demás teleseries?
Etiquetas: editorial, enfoque gay, los simpsons, outer space, tv
Series gays: Will & Grace
El tiempo vuela sobre nuestras cabezas, nosotros permanecemos a la deriva. Un día próximo al verano estás sentado en el salón del piso que compartes con dos gays que conociste por Internet, instalado en el sofá frente el televisor, y de repente han pasado cuatro años y no tienes la más remota idea de qué ha sido de ellos. El caso es que dos de los tres inquilinos del piso compartíamos afición por
Will & Grace, la teleserie que se empezó a grabar allá por 1998, hace toda una eternidad, como podéis ver... casi da vértigo pensarlo. W&G resultaba bastante inofensiva, así que uno podía echarle un vistazo sin temor a que un desnudo imprevisto o una repentina relación sexual explícita entre dos hombres te pusiera en evidencia. Además era verdaderamente divertida. Fue una pena que La 2 de TVE dejara de emitirla, y ahora me pregunto qué ha sido de los actores protagonistas.
Las dos últimas referencias, por así decir, que tuve de
Sean Hayes, el actor que ponía rostro a Jack, el vecino vivaz, promiscuo e incapaz de ganarse el sueldo de Will y Grace, fueron las siguientes:
Pérez Hilton, Esa Cosa, trataba de forzarlo a salir del armario desde su infame blog, si es que en efecto Hayes es gay, y si es que en efecto permanece enclaustrado; en 2002 participó en la película
Martin and Lewis, en la que interpretaba a Jerry Lewis. Era una de esos largos abominables e inocuos destinadas a la televisión que los canales compran por lotes para emitirlos cuando nadie mira a la pantalla, o sea, a las mil de la noche. Nativo de Chicago, Sean Hayes puso rumbo a Los Ángeles, ciudad del cine, el crimen y el vicio, allá por el '95, y tiempo después acompañó al cantante country Kenny Rogers en un tour navideño. En 1997 protagonizó algunos anuncios comerciales, y de ahí, a
Will & Grace, hubo un solo paso. En 2001 salvó la vida a un tipo al que habían atracado y disparado en una carretera de Los Ángeles. Bien por él.
Eric McCormack, Will, tiene un bonito nombre con regusto gay y es un tipo bastante atractivo, pero me temo que lleva casado desde el '97 y ha dado a luz a un churumbelito. Canadiense de origen, recibió educación interpretativa formal y hoy día compatibiliza su trabajo de actor con el de productor ejecutivo. Como en el caso de la mayoría de hombres casados, no hay mucho interesante que decir de él. :)
Debra Messing, Grace, neoyorquina de Brooklyn, casada desde el 2000 y con un hijo, ha rodado últimamente un par de películas para la pantalla grande, es alérgica a flores y perfumes, y si algún fan fatal de la chica se siente preocupado por su estabilidad financiera, quizás le guste saber que desde 1986 ha sido propietaria de tres mansiones en Inglaterra. Y por cierto, le encantan los diamantes: supongo que eso también resulta revelador...
Megan Mullally, actriz que da vida a Karen, la superficial millonaria y amiga más o menos íntima de Jack, es vocalista de un grupo musical angelino, y su carrera parece concentrada en el medio televisivo. Nada más. Ni muertos en el armario ni fiestas de 3 días regadas con drogas y whisky caro. Decepcionante.
Por cierto, no daré por terminada esta entrada sin mencionar que comparto la pasión morbosa de Jack por
Cher, lo cual me sirve para subrayar que la actriz ganadora de un Óscar de la Academia, cantante y, en cierta ocasión, directora de cine, se dejó ver un par de veces en
Will & Grace. Maravillosa ella. Los episodios eran
A.I.: Artificial insemination y
Gypsies, tramps and weed. Una aparición de Cher es siempre excepcional, sin duda, pero no fue el único rostro conocido en poner los pies en los platós de W&G; de hecho, la lista es tan larga como sigue:
Jeff Goldblum --ese tipo pseudo–enigmático--,
Edward Burns --el chico guapo--,
Alec Baldwin --si Bush vuelve a ganar las elecciones, me marcho a Canadá--,
John Cleese --los Monty Python lo hicieron más o menos inmortal--,
Woody Harrelson --de
Cheers a los campos de marihuana--,
Sydney Pollack --actor, director, productor, arrampla con todo--,
Jennifer López --pues eso, Lo--,
Parker Posey --su nombre me resultaba familiar--,
Kevin Bacon --las fotografías de tus vergüenzas circulan por Internet, tío, ¡tápate!-,
Gene Wilder --
El jovencito Frankenstein, ¿para qué más?--,
Rosanna Arquette --de la nutrida familia Arquette--,
Tim Curry --
The Rocky horror picture show--,
Josh Keaton --ni idea, pero se le ve mono--,
Steven Weber --
The Weber show era una auténtica
miedra--,
Eric Stoltz --redención de todos los pelirrojos--,
Jason Pierce --un cuerpazo sin rostro por el que pelearse con las gatas del vecindario-- y
Jon Fleming --otro guapo de Dante's Cove--. Fin.
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Gay Simpsons

El pasado 24 de febrero publiqué una entrada sobre
personajes gays en Los Simpsons, y en los dos episodios emitidos esta noche hemos asistido a otro par de curiosas revelaciones. Por lo visto, Waylon Smithers alberga más de un secreto relacionado con su sexualidad: que es gay y anda enamorado del señor Burns lo sabíamos todos, la novedad reside en que parece interesado en recibir algún tratamiento hormonal para desarrollar su faceta femenina, por así decir. Mientras tanto, descubrimos también que el actor de acción en horas bajas
Rainier Wolfcastle, más o menos inspirado en el actual Gobernador de California,
Arnold Schwarzenegger, rodó películas pornográficas homosexuales en su juventud. Qué cosas...
Etiquetas: celebridades, los simpsons, tv
Gay rumpy-tumpy
Lo último que desearía sería frustrar vuestros sueños, pero una vez más me ha tocado llevar a cabo el trabajo sucio y me propongo hacerlo con la mayor dignidad. Una incisión profunda y limpia, así, muy bien, y asunto concluido. ¿Soñabas con ser un guionista ítaloamericano y gay en Hollywood? Pues ¡despierta! Ese papel ya está pillado por
Greg Berlanti, el tipo de la foto. No está mal, ¿verdad? Tan cierto como que la envidia os corroe. La meca del cine está repleta de hermosos rostros a los que nadie con el sentido de la belleza lo bastante desarrollado renunciaría a acariciar, y escribir guiones es un medio tan bueno como cualquier otro de rozarse inopinadamente con ellos. Un movimiento suave, eso es, ¿quién sabe?, puede que ésta sea tu noche de suerte, muchacho. Greg Berlanti cuenta unos 35 años, ha escrito el guión de algunos episodios de
Everwood y ahora está enfrascado en una nueva serie,
Brothers & Sisters, en la que hay cabida para, al menos, un homosexual interpretado por un tal
Matthew Rhys. Lo saco a colación porque
primero AfterEllen.com, y
a continuación Logo Online publican la misma entrevista a Berlanti; es muy interesante y trata una amplia variedad de asuntos, desde cuestiones personales, como por ejemplo la manera en la que el guionista/ productor/ director se abrió camino en la devoradora industria del espectáculo, hasta la inclusión de personajes gays en series de televisión. Me ha parecido especialmente revelador lo que Berlanti manifiesta en relación con el tratamiento de la homosexualidad en la era post
A dos metros bajo tierra: ahora constituye un compromiso con la dignidad exhibir a gays y lesbianas en el mismo nivel de verosimilitud que a cualquier hetero.
Conque guionistas gays, ¿eh? De pronto me vienen a la cabeza Darren Starr, de
Sexo en Nueva York y
Melrose Place, y Alan Ball (oh, tío,
cómo te odio), de
A dos metros bajo tierra y
American Beauty. Hollywood, mundo del espectáculo, estrellas de cine, egos inflamados y fiestas que se prolongan durante 3 días. Monstruos, habéis destrozado nuestras vidas...
Qué tiempos aquellos en los que
Melrose Place daba cancha a un personaje homosexual, un rubito pálido, blandengue y romanticón que en nada se parecía a la imagen mental que uno se había creado del gay angelino. El actor que lo interpretaba, Doug Savant, anda metido a día de hoy en
Mujeres desesperadas. Bastante menos atractivo era Stanford, de
Sexo en Nueva York, aunque tenía gracia y picardía. El mejor amigo de Carrie Bradshaw sufrió, como todos, un par de disgustos amorosos y ciertas frustraciones, ¡pero es que miraba sólo a los más guapos! Pensándolo bien, me recuerda al hermano de una chavala a la que conocía; el muchacho no era precisamente una belleza, y se empeñaba en que le presentáramos a los bombones más dulces de la discoteca. Si la memoria no me es infiel, ninguno picó. No obstante,
Stanford Blatch/ Willie Garson se agenciaba a un quesito, un tal
Marcus/
Sean Palmer, bailarín de profesión en la vida real, que había trabajado de chapero. Qué–fuerte, tía.
Ciertamente, como afirma Berlanti en la entrevista a la que aludía al principio de la presente entrada,
A dos metros bajo tierra constituyó un verdadero aldabonzazo y obligó a todos los productores... o, al menos, a aquellos con ganas de hacerse respetar... a proyectar a los personajes homosexuales de un modo más maduro. La verdad es que no seguí la serie de principio a fin --la inestabilidad de los horarios tanto de A dos metros como los míos propios frustraron nuestra feliz relación--, de modo que no conozco el viraje moral completo del personaje gay,
David Fisher, pero conservo una parte en la memoria. De hecho, fue David el cebo que me mantuvo sujeto a la serie durante los primeros capítulos, y es que ver reflejado en la pantalla a un gay conservador me llenó de gozo. Mi gozo en un pozo, sin embargo, cuando su vida se convirtió en una película porno, con felaciones improvisadas con un fontanero incluidas. Quién te ha visto y quién te ve, colega. Ese concepto de «pareja abierta» tampoco tiene buena fama en mi cabeza, de modo que supuso otra pequeña decepción. David pasó de rogar fervorosamente a Dios para que le ayudara a aceptarse tal y como era, a convertir la sexualidad en un juego de mesa. No obstante, al mismo tiempo la superdotada novia de
Nate,
Brenda, se despojó de su traje de virago y se volvió un poco más conservadora, por así decir, aunque «contenida» sería una palabra más
ajustada.
Qué curioso cómo han ido cambiando los papeles gays a lo largo de los años. Otro ejemplo saludable es
Will & Grace, que no solo era auténticamente desternillante, con mi inolvidable
Karen Walker a la cabeza, sino con un protagonista, Will, que no sólo era gay, sino también perfectamente funcional. Y no es que su vecino y sin embargo amigo no fuera un hombre capaz, pues comparto su pasión por Cher y eso lo respeto por encima de todo, nunca podría criticar a un colega... pero, bueno, dejémoslo en que quizá Jack debería sentar cabeza. En todos los sentidos.
Aquí en España, mientras tanto, tenemos a ese muchacho de
Motivos Personales.
Jan Cornet. Muy mono, sí señor. Muy mono.
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Gays en Los Simpson

Mira, tío, ni me gusta ni me disgusta, pero alguien tenía que poner el dedo en la llaga, y estoy dispuesto hacerlo yo mismo si eso es lo que se tercia, así que ahí va: algunos ciudadanos de Springfield son homosexuales. Y no me pongas esa cara, maldita sea, después de esto no me apetece ver tus ojos rodando sobre la mesa. Así está mejor: las cosas no van a cambiar porque enseñes hasta el último diminuto capilar de tu esclerótica. En fin, como te lo digo, a una pequeña fracción de esos bichos amarillos les gusta... ya sabes, el vicio francés, por así decir, son unos sátiros, en plan blando o en plan duro, a pelo o a plástico, casta o salvajemente, el caso es que les mola retozar con personas de su mismo sexo. ¿Que te de algún ejemplo? Macho, estás empezando a mosquearme. No llevo bien que duden de mi palabra. Pero si tan importante es para ti, aquí tienes tus jodidos ejemplos.
¿Recuerdas a Waylon Smither? Ajá, pues el tío lleva enamorado de su jefe, el señor Burns, desde que las uvas crecían de los naranjos. Caray, si incluso tiene una foto del viejo como fondo de escritorio de su ordenador, y en cierta ocasión, creyendo que se avecinaba el fin del mundo, le encasquetó un beso en los morros. Creo que Montgomery Burns prefirió pasar del asunto, pero por viejo que esté y por mucho que le patinen las neuronas, debe de conservar astucia suficiente para percibir este tipo de...
sutilezas. Por cierto que Smither tuvo un rollo, o eso se dio a entender
en cierto capítulo, con un personaje inspirado en
John Waters, ese director de cine tan
kitsch, al menos esa impresión me llevé yo. El personaje del que te hablo apareció únicamente en un episodio en el que Homer temía que Bart fuera gay, y al final el tipo, el del bigote, el
kitsch, terminó salvándole la vida. A Homer, me refiero, y de este modo tu ídolo color plastilina empezó a reconocer que, bueno, que quizás los gays no sean tan nenazas. Sin embargo, está bastante claro que la fijación de Smither con el viejo cascarrabias se debe a que éste lo acogió cuando el padre de aquél, de Smither, murió a causa de la radiación en una cabina de la central nuclear.
Venga, tío, no me toques las narices. Sé muy bien que un ejemplo no es suficiente, pero necesito un poco de tiempo para aclararme las ideas. Verás, Patty Bouvier, una de las hermanas de Marge, es lesbiana, a pesar de esa furiosa obsesión que la ata a McGuiver. El caso es que llegó a proponerse contraer matrimonio con otra mujer en
el episodio en que Homer oficiaba matrimonios entre homosexuales. Con bastante éxito, dicho sea de paso. No obstante, resultó que la otra mujer era un hombre disfrazado... lo sé, resulta tan bizarro que me da vueltas la cabeza... pero la unión se canceló antes de que los contrayentes pronunciaran el «sí, quiero» de rigor. ¿Lo ves? Ya van dos, pero alguno queda por ahí, si no me equivoco. Déjame pensar...
Oh, claro. Los siguientes springfildianos podrían ser gays, aunque, como tantas otras cosas en
Los Simpsons, las cosas no están del todo claras. Por ejemplo,
Milhouse Van Houten fue calificado por un psicólogo escolar como homosexual latente, si bien es cierto que padece un severo caso de enamoramiento de Lisa Simpson, que es demasiado guapa e inteligente para caer en las redes de ese niño completamente grotesco y horrible. Así que dudo que jamás llegue a existir un verdadero contacto... contacto íntimo, ya me entiendes... entre esas dos cándidas criaturas. Tampoco está muy claro que Lenny y Carl sufran una atracción afectiva–sexual latente, aunque bien podría ser el caso; es lo que yo he sospechado siempre, pero, hasta que les vea unir las bocas en un beso apasionado y liberador, no estaré seguro de nada. ¿Y qué decir que Rod y Todd, los hijos de Ned Flanders? Sé muy bien que todavía son demasiado jóvenes, pero, ¿qué hay del futuro, cuando les crezca vello y aparte de las lecciones bíblicas, se les despierten otro tipo de intereses? Exacto, «intereses sexuales», eres mi alumno aventajado. Bueno, al menos no he tenido que dibujarte un esquema... ¡Ja, ja!, tranki, macho, que era broma...
En fin, en uno de esos capítulos en los que se proyecta el futuro, precisamente en
el episodio en el que se muestra a Lisa Simpson como presidenta de los Estados Unidos de América, Bart hace una visita a Ned Flanders, quien se ha quedado ciego, para pedirle un préstamo. El caso es que Ned agradece a Bart que no sacara a sus hijos del armario, y en ese momento vemos a los chicos, ya creciditos, limpiando el coche. Y menudas trazas que tienen, qué risa. No hay que ser un lince para identificar a un par de homosexuales de cuarto oscuro en esos tipos vestidos con pantalones recortados...
¿Que qué es un cuarto oscuro? Hmm, pues... a ver... la verdad es que tengo un poco de prisa, ¿qué tal si quedamos otro día?
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Nostalgia: TV e infancia gay, 4

[1ª parte,
aquí; 2ª,
aquí; 3ª,
aquí.] Con esta entrada y despojado ya de tristeza, las nostalgias tocan a su fin: debería celebrarlo con una copa de licor y una fanfarria.
Recuerdo que Telecinco emitía en mi niñez una teleserie protagonizada por dos chicos y una muchacha, primos entre sí, creo, que se veían obligados a resolver todo tipo de problemas:
Los duques de Hazzard, si no me equivoco: en 2005
rodaron una película con Johnny Knoxville (
Jackass) y Seann William Scott (
este tipo) basada en ella. La serie empezó a rodarse en el ’79, dos años antes de que yo naciera, y fue cancelada en el ’85. O sea que aquí debieron de estrenarla con un cierto retraso. En realidad, eso da igual: lo único que me importa es lo impresionado que me sentía por uno de los protagonistas, un rubiazo increíblemente sexy llamado John Schneider. Si el nombre no os dice nada, tal vez la memoria os de un pequeño vuelco al desvelar que el tipo interpreta al padre de Superman en
Smallville. ¿Ahora sí? Nació en el ’54, ha tenido una larguísima carrera tanto en cine como en televisión y parece ser que en su momento incluso realizó una exitosa incursión en el mundo de la música country.
Cambiando de tema, ayer dediqué
una larga entrada a rastrear las carreras de los protagonistas masculinos de
Sensación de vivir, la mayor parte de los cuales ha llevado una especie de vida sumida en la penumbra del éxito, sin hundirse del todo en el fango, pero sin alcanzar las cotas de fama que lograron en una ocasión vez gracias a esa mítica serie de televisión. La verdad es que resulta muy común: debe de existir un muro realmente alto entre la pequeña pantalla y la grande. Lo cual me recuerda cuánto odio Hollywood, esa meca del cine y de la corrupción moral, si me permitís parafrasear al gran Homer Simpson. En fin, me he ido por las ramas y ahora regreso al tronco. Decía que ayer publiqué un post a mayor gloria de
Sensación de vivir, y hoy pongo la vista y el recuerdo en su versión adulta,
Melrose Place, teleserie que narraba las viciovicisitudes de un grupito de vecinos bastante promiscuos en un edificio de apartamentos de
Los Ángeles, California. De eliminar a las muchachas, habríamos obtenido una magnifica película de porno gay. Si es que a alguien le molan esas cosas. No a mí, por supuesto. Disculpadme un segundo, sí, muy bien, me aclaro la garganta y prosigo. En mi opinión,
Melrose superó a
Sensación en muchos sentidos: los hombres eran más guapos y viriles y la trama presentaba elementos más morbosos y truculentos. Su creador fue
Darren Star, ese tipo cuya estampa me induce a sospechar que la mala imagen que tengo de la industria del espectáculo no es nada comparada con la que me forjaría de conocerla desde dentro. El caso es que Darren anda metido en cantidad de productos de éxito, como por ejemplo
Sexo en Nueva York,
Melrose Place, claro, y
Sensación de vivir.
Vaya, he vuelto a irme por las ramas. Soy como una ardillita. Bueno, a Thomas Calabro, el encantador médico que degeneraba y se transformaba en un cínico insufrible lo vi hace un par de años, por decir una fecha, en
una película de serie Z que La Segunda emitió a las tantas de la madrugada para rellenar un hueco en la parrilla. Ahí estaba yo, dispuesto día y noche a engullir shows de calidad ínfima. De todas formas, fue entretenida. Por cierto, él interpretaba a un fantasma, que es más o menos el mismo papel que interpreta en la vida real.
Tampoco Grant Show dio el salto a la gran pantalla, si es lo que pretendía, pero ¿quién lo necesita cuando se tiene ese rostro? De acuerdo, lo sé, él lo necesita, es sólo que prefiero mirar el lado bueno de las cosas. Grant apareció no hace demasiado (¡!) en A dos metros bajo tierra, contrajo matrimonio con
Pollyanna (sí, parece ser que ese nombre existe) McIntosh en 2004 y en algún momento de su vida fue compañero de habitación de John Hensley, un gran desconocido (no te molestes en buscar información sobre él).
Grant Show interpretaba a Jake, un pedazo de pan, y llegado el momento heredó el noviazgo con la ex de Billy, quien a su vez andaba retozando bajo las sábanas de Amanda. A Billy le ponía rostro
Andrew Shue, hermano de
Elisabeth Shue, esposa de David Guggenheim, cerrándose así el círculo maléfico. Andrew Shue desapareció de escena allá por el ’99, aunque ha retornado recientemente con la película
Gracie, que co–protagoniza y produce. La dirige su cuñado, Guggenheim, y seguramente sea un pestiño. [Risas.] Ja, ja, ja, lo siento de veras, pero esta entrada es un verdadero coñazo y nunca debí escribirla. Pero, en fin, ya que estoy, daré la estocada. Andrew Shue, el guapo, el mazapán, el bocadoblada, ha andado metido los últimos años en el negocio de las punto–com, que, como todo el mundo sabe, constituye la punta de lanza de la industria textil... Maaaaloooooooo... ja, ja, ja, me estoy partiendo de risa frente al monitor, joder, qué post tan grotesco... bien mirado, no es que le tenga excesiva estima al blog, pero con esto me estoy superando. El caso es que la empresa en cuestión, la que
ha mantenido atareado al chico guapo,
trata de poner con contacto a las madres de Norteamérica. Shue se casó en el ’94, tiene tres hijos... y hasta hoy.
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Nostalgia: TV e infancia gay, 3

[1ª parte,
aquí; 2ª,
aquí.] Corey, Corey, Corey. Quién te ha visto y quién te ve. ¿Cómo has podido abandonarte de ese modo, Corey Haim? ¿Cómo has podido hacerte
eso? Lo siento, macho, pero a ti te dejaré para el final de la entrada; contemplar lo que te ha ocurrido a lo largo de los años, tu ascenso al firmamento de las estrellas adolescentes y tu posterior caída en desgracia me provoca un dolor intolerable. Me siento dolido, paso del tema. De modo que mis ojos recorren la larga lista de hermosos rostros masculinos que añoro de mi juventud, la época en que uno podía fingir todavía una vida apacible como larga tarde de verano, y rescato a los bombones de
Sensación de vivir que entonces me enamoraron... o algo así.
Supongo que la verdadera estrella fue siempre
Jason Priestley, quien interpretaba a uno de los hermanos Walsh. ¡Wow!, él sí que era un chico guapo, o esa impresión tuve de niño; debo decir que mi percepción de la belleza masculina ha mejorado sensiblemente a lo largo de los años. En cualquier caso, durante una larga época Jason fue una de las estrellas televisivas más rutilantes del planeta, y aquí en España se convirtió en una especie de tótem al que las chicas besaban el pandero, los varones envidiaban y la raza de los gays deseaba... bueno, darle un discreto besito en el culo. O en la boca, no hay por qué humillarse. No obstante, habría de ser su hermana en la ficción la única que se elevara y prolongase una fama verdadera al cabo de los años, aunque sólo fuera por
Embrujadas. Me refiero a Shannen Doherty, claro (me importa un bledo que esta muchachita, de genio afilado y miembro de la Iglesia Baptista del Sur, mantuviese una relación con el mismo tipo que distribuyó un vídeo porno protagonizado por él mismo y por la inefable Paris Hilton). Bien, Jason Priestley nació en el ’69 y ha sostenido una estable carrera de actor televisivo, a pesar de que en lo sucesivo nunca reprodujera el éxito cosechado con
Sensación de vivir --joder, se me sacude el pecho cada vez que escribo el título--. Lo curioso de su viejo personaje, poniendo la vista atrás, es que el chaval lograba cualquier cosa que se propusiese, como por ejemplo derribar a un auténtico armario aunque él no alcanza el metro ’70; recuerdo que una de mis hermanas criticó aquella escena en particular por inverosímil. Pero es que ella iba creciendo, y yo... ¡¡¡yo amaba a Jason, los amaba a todos, sentía arder un amor tan fiero en mi corazón que temía que aflorara a mis ojos y mi familia descubriera que yo era homosexual: bwaaaahahahaha!!! En fin, el tipo lleva un par de años casado con una tal
Naomi Lowde y en MySpace existe un perfil que pretende ser el suyo. Quién sabe.
El mejor amigo de Brandon en
Sensación de vivir --sniff, sniff-- fue siempre Dylan, papel interpretado por el actor
Luke Perry. A su vez, Luke Perry fue siempre uno de esos falsos guapos a los que la televisión transforma en bombones, pero que, visto con frialdad, tan sólo podría impresionar a una quinceañera con granos. ¡Y yo... nunca... fui... una... quinceañera... con... granos! ¡Me importan una
miekda las fotos, los vídeos, los testimonios y todas las demás pruebas irrefutables que demuestran que miento! Ups, perdón. Se trata de la pasión, he sido siempre un hombre de carácter. Es pensar en
Sensación de vivir y ponerme de un nostálgico... Iba diciendo que alguien como Perry, que se las daba de rebelde pero que jamás pasó de pobre niño rico, nunca podría ser guapo de no contar con el respaldo de revistas como
Ragazza. Esté en lo cierto o me equivoque, Pocacosa Perry mide 1’77 --chúpame la suela del zapato, enano-- y, aparte de ser el hermano adoptivo o algo así de Krusty el Payaso en
Los Simpsons, ha sostenido, al igual que Priestley, una estable carrera televisiva con incursiones en la gran pantalla y los escenarios teatrales. Incluso participó en un episodio de
Will & Grace, mi querida teleserie
queer (por cierto, ¿alguna cadena la está emitiendo actualmente?). Existe
una horrible página web que afirma ser oficial, y
un perfil MySpace que pasa por pertenecerle. No lo aseguro. De hecho, también es posible que algún desaprensivo me esté usurpando a mí en este preciso instante. Es el riesgo común que compartimos estrellas de televisión y blogueros. Luke, estoy contigo. A pesar de tu cara.
Ian Ziering, o sea, Brian, el rubio, el que perdió la virginidad --es decir, la flor-- con aquella otra rubia, ¿cómo se llamaba?, ¡Kelly!,
vendió su casa de Los Ángeles por una fabulosa cantidad de dinero hace algún tiempo, y así ascendió a la superficie de mi cerebro tras mucho tiempo sepultado, como tantas otras cosas, en el terrible sótano de los viejos recuerdos. La fabulosa cantidad de dinero a la que aludía equivale a 2,5 millones de euros, que es 2,5 millones de euros más de lo que necesito para invitar a Ziering a una copa. No obstante, me vendrían bien esos 2,5 para que él aceptara. En fin, Ziering ha conservado también una mediocre carrera televisiva, o sea que poco interesante se puede decir sobre él, aparte de que Telecinco emitió a las tantas de la noche una película en la que él aparecía desnudo. Espectacular. Tan espectacular como la cantidad de años que han pasado desde entonces. Qué horror. Qué sniff sniff. Ziering se divorció de
La Rubia Pechugas en 2002 y asistió a la boda de Jason Priestley con Naomi: dos hechos que describen su catadura moral. Hasta donde sé, no tiene perfil MySpace. Lo que tampoco dice mucho en su favor.
Antes de abandonar Sensación de vivir quiero enlazar a un artículo que he localizado por accidente mientras buscaba la noticia sobre la venta de la mansión de Ziering. Se trata de una página de El Mundo ¡de1995! en la que se informa del regreso de
Sensación de vivir a la parrilla de Telecinco.
Merece la pena echarle un vistazo, en serio, especialmente si uno se ha dejado dominar por la nostalgia. Como yo mismo, por ejemplo. Comienza así:
MADRID.- «Después de cuatro temporadas de éxito ininterrumpido, los cándidos adolescentes protagonistas de antaño ya se han convertido en unos maduros jovencitos universitarios cuyas vidas han dado desiguales giros». Con esta descripción casi barroca presenta Tele 5 la quinta entrega de Sensación de Vivir, que se inicia hoy a las 15.30 horas con dos nuevos episodios.
Centrada en las vidas relativamente azarosas de un grupo de chicos de Beverly Hills muy guapos y sobre todo muy ricos, Sensación de Vivir ha sido y es la serie para adolescentes de más éxito en toda la historia de la televisión. Su cadena, la Fox, sólo consiguió audiencias superiores con la muy recordada Dinastía. Su productor, ese moderno rey Midas que es Aaron Spelling, sólo lo logró con La casa de la pradera.
Por cierto que, mientras leía el artículo, he recordado a
Jaime Jamie Walters. Éste sí que molaba... y sigue molando. No es un guapo espectacular, pero le veo un enorme puntazo entre buen chico y viril. Sin embargo, no ha trabajado en televisión desde 2001. Debe de mantenerse ocupado con su carrera musical. Tres vivas por él. // Joder, me parto de risa. Acabo de enterarme, vía IMDB, que Walters trabaja de bombero en la actualidad. ¡Juas! Por si no fuera suficiente, ahora debemos añadirle el morbo y el candor de... bueno, ¿es que no todo el mundo ama a los valerosos bomberos?
Graduated from the Los Angeles City Fire Department Academy June 2004, completed his year probationary period and is now working as a full time Firefighter with the LAFD.
Y como lo prometido es deuda, he aquí el ídolo de adolescentes
Corey Haim con su truculenta historia metida en el bolsillo. En los ’80 lo fue todo
en compañía del otro Corey, en este caso
Feldman (adoro, y quiero decir ADORO, su película
No matarás... al vecino), y... me duele escribir esto, pero el chico empezó a flirtear con las drogas y se hundió en el fango. Literalmente y en lo más profundo. Supongo que hubo de recuperar las formas para encontrar trabajo como dependiente en un videoclub canadiense, su país natal, pero había engordado dos o tres mil kilos, su belleza cándida se había esfumado por completo e interpretó el papel más grotesco de su vida al pretender vender sus dientes... sí, sus dientes... a través de eBay, aunque los responsables del megaportal de subastas abortaron la oferta por contravenir las reglas del juego, que prohíben el comercio de material biológico o algo parecido. Lo de Corey Haim fue una verdadera lástima. Sin embargo, me alegra saber que las cosas parecen haber mejorado últimamente, y desde diciembre de 2006 trabaja con su amigo Feldman en la nueva teleserie
The Coreys: Return of the Lost Boys, y este año rueda la película
Universal groove. Colega, espero que tengas la lección muy bien aprendida. Mañana, entrega final de esta nostálgica serie de posts sobre viejas glorias:
Melrose Place. Un aperitivo: Andrew Shue anda metido en negocios de Internet. // Puedes leer la 4ª parte
aquí.
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Nostalgia: TV e infancia gay, 2

[1ª parte,
aquí.] Disculpadme un par de minutos, creo que voy a arrancar a llorar. Me tiembla el mentón y todas las imágenes rescatadas de mi infancia repercuten en mi pecho... así, un suave balanceo... de repente he pensado en todos esos años reducidos a polvo, imágenes de goma depositadas sobre estanterías cerebrales. La tristeza que nace de un pasado en forma de cadáver. Bien, ya estoy mejor, preparado para recordar a
Jeremy Jackson, Hobie Buchannon en
Los vigilantes de la playa. Tiene mi edad, 26 años, o sea que podría ser mi novio... si yo me dejara. No es mi tipo. La última vez que tuve noticias suyas se había operado la nariz, que algunos comparaban con una patata cocida. Eso es injusto. Parece más bien un rábano. Jackson fue un muchacho delicioso, suave, dulce y encantador, con un papel magnífico: todos queríamos llevárnoslo a la cama. Y, según se rumorea, no pocas lo consiguieron. Pero, amigo mío, hace un tiempo leí que el chico buscaba papeles en el cine adulto. ¡Cielos, se había vuelto actor porno! Pero, claro, me equivocaba; fue solo un error de traducción, y una decepción con bordes afilados como chichillas destripó mi euforia:

Jackson andaba a la caza de papeles alejados de lo que había hecho hasta el momento, pero la realidad es que no parece haber alcanzado su objetivo, aparte de que
Vanity Fair le concediera una entrevista porque Jeremy Jackson, nuestro Hobie, tiene un perfil MySpace. Podéis consultarlo
aquí; es más, os animo con fuerza a que le echéis un vistazo. Las fotografías no tienen precio. Conque la ciudad de Los Ángeles es tan extravagante como había oído decir, ¿eh? Bueno, el otrora apacible rostro de Jeremy se ha vuelto tremendamente tosco, pero eso no es asunto mío, sino de todas las chicas a las que a él le gusta cepillarse, como deja bien claro mediante una imagen animada en formato gif... ahm, un larguísimo coito. Jeremy Jackson, como tantos otros actores que conocieron la fama en su juventud, tuvo sus escarceos con las drogas y el alcohol. Incluso acompañaba a Pamela Anderson a sus viciosas fiestecillas, ¿no resulta entrañable?
Los vigilantes de la playa fue una verdadera fuente de placeres visuales para todos los pequeños gays que nos congregábamos frente al televisor y, mientras fingíamos interés por las muchachas de labios turgentes y pechos neumáticos, examinábamos con fijación
clínica las maravillosas rectas de...

Pues de David Charvet, por ejemplo. Recuerdo que su rostro estampado en un póster observaba las feas caras de los alumnos de mi clase durante el final de mi educación primaria. Supongo que la atracción por Charvet constituía el único nexo de unión entre mis compis proto–fulanas y yo durante aquel fin de infancia. En fin, Charvet tiene hoy unos 35 tacos y ha pasado los últimos años concentrado en
su carrera musical: quizás os sorprenda descubrir que el muchacho ha vendido más de 2 millones de discos. Yo ni siquiera estaba al corriente de esa faceta. Charvet ha regresado recientemente a Estados Unidos para reanudar su trabajo en la industria cinematográfica, y el pasado enero nació su hija. Felicidades, chico. En 2006 rodó su primera película desde 1999,
Prisoners of the sun.

Sin embargo, me parece recordar que Charvet no fue uno de los primeros rostros masculinos en captar mi atención. El surfero
Kelly Slater se le anticipó, aunque su carrera como actor ha sido de lo más breve: 3 teleseries entre el '92 y 2001. No obstante, no ha dejado de aparecer en programas de televisión a lo largo de todos estos años. Ha ganado tropecientos/ 8 campeonatos mundiales de surfing. También
Billy Warlock, ex de
Erika espectaTetacular Eleniak (y
aquí), suscitó algunos suspiros heterohomosexuales en aquel pasado remoto, aunque el chaval era más bien poca cosa. Últimamente ha permanecido enfrascado en el rodaje de varios episodios de
Los días de nuestra vida, donde interpreta a un tal Frankie Brady. Tiene 46 magníficos años.

Si debo ser honesto, el australiano
Jaason Simon no empezó a molarme sino al cabo de los años. En
Los vigilantes de la playa interpretó al también australiano Logan Fowler entre 1994 y 1997, aunque leo en IMDB que participó en tan sólo 5 episodios. Lo dudo. Como tantas viejas glorias de la televisión, Simon no ha pasado de la segunda fila, pero al menos su carrera se ha mantenido estable, lo cual tiene valor por sí mismo. No obstante, a lo largo de los años ha tomado algunas decisiones que lo dignifican: abandonó Hollywood durante una temporada para tomar clases de teatro, y participó en arriesgadas películas como
Nowhere, de
Greg Haraki.

He dejado lo mejor de
Los vigilantes de la playa para el final: sé que lo estabais esperando. Rubio, ojos azules, padre turco: David Chokachi, la joya de la corona en la sibarita camarilla de
David Hasselhoff. Hace un tiempo lo redescubrí en una anodina teleserie sobre fenómenos paranormales o algo así, otra más, ya sabéis, pero en mi corazón será siempre Cody Madison. ¿No es un nombre adorable? Casado desde 2004, ha rodado últimamente dos películas que no tengo intención de ver,
Bats: human harvest y
The dreamless, y poco más de nuevo hay en su vida.

Por cierto, ¿os suena
Los problemas crecen? La 2 de TVE la repuso recientemente, y descubrí que era bastante más divertida de lo que yo recordaba. El protagonista,
Kirk Cameron, se deja ver de vez en cuando en las mañanas de ese mismo canal protagonizando películas de cuarta fila con mensaje, final feliz y todo eso. Sigue siendo un tipo apuesto a los 37 años. Su último largo como actor data de 2005, pero ha compuesto la banda sonora de
The Magic 7 (2007), y hoy día suscita cierta polémica a causa de sus convicciones religiosas. Y es que el adorable
Kirk ha adoptado el papel de una especie de predicador laico, lo cual es perfecto, claro, promueve valores cristianos entre... bueno, supongo que entre quienes tengan intención de prestarle atención. Incluso vende productos relacionados con el Jefe y ofrece un cuestionario para ponderar si eres un buen tipo. Por cierto, él y su esposa, con la que contrajo matrimonio en el '91, se encuentran entre los fundadores de un campamento para chavales que sufren enfermedades terminales. En fin, suena bien. Mañana, más:
Sensación de vivir (suspiro), y
Melrose Place (doble suspiro). // Puedes leer la 3ª parte
aquí.
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Nostalgia: TV e infancia gay, I

Mi hermano me aconsejó que me olvidara de comprar una carpeta impresa con una fotografía panorámica de los protagonistas de
Sensación de vivir, pues de hacerlo todo el mundo pensaría que era... ya sabéis, un poco mariposón. ¡Pero es que yo lo era, era un mariposón, sin plumas, cierto, pero radical, brutalmente gay, incluso en mi niñez suspiraba por todas aquellas bellezas más o menos viriles que desfilaban por televisión! ¡Los músculos, los torsos, las mandíbulas cuadradas y los grandes ojos arios, los abdominales superpuestos como tabletas de chocolate! ¡Hombres! ¡Yo... amaba... a los hombres! Sin embargo, cedí; de hecho, enarqué las cejas frente a mi hermano y exclamé: «¿en serio pensarán eso? Entonces, paso». Y pasé, para mi decepción y para mi seguridad; me pregunto qué diablos me habrían hecho mis compañeros de aparecer en el colegio con una carpeta en la que aparecía el rostro de, oh, Jason Prestely. Yo opinaba entonces que Jason era lo más guapo y molón que se puede llegar a ser, y me pregunto ahora si debería arrepentirme de eso. Quiero decir que, caray, yo era tan sólo un niño pánfilo y gay, tenía derecho a equivocarme y a considerar a Jason el no va más de la belleza masculina. Luego reparé en que lo verdaderamente viril era Ian Ziering desnudo, espectacularmente desnudo, tal y como Dios lo trajo al mundo y tal y como se nos ofrecía desde una de esas apestosas películas... apestosas películas repletas de insinuantes figuras... que Telecinco se empeñó en emitir cada noche durante una larga época.
A lo largo de mi infancia y mi primera adolescencia estuve enamorado... en plan platónico, claro... de, digamos, todos los hombres guapos que veía en televisión, y he pensado que quizá estaría bien realizar una pequeña investigación para averiguar qué fue de todos esos adorables, dulces, inolvidables bombones que hace años soñé (bueno, todavía lo sueño) con devorar. La verdad es que me siento un poco deprimido, consciente de súbito del auténtico significado de
tempus fugit... joder, la nostalgia ha caído a plomo sobre mi cabeza y me dan ganas de echarme a llorar. Sin embargo, esta sensación posee también un matiz agradable, y siento renacer una vez más mi viejo deseo/ sueño/ proyecto de poner rumbo a Estados Unidos y no regresar jamás.
En fin, no creo que esto os interese demasiado, de modo que entro de lleno en este particular «¿qué pasó con...?» gay; y es que me figuro que no fui el único muchacho enamorado como una colegiala de todos esos huesos tan bien forjados... ¡utch!, ¡qué gay!

Antena 3 emitía a mediodía la teleserie
Salvados por la campana, que retrataba la educación s... (iba a escribir sexual, señor Freud) secundaria de un grupo de jóvenes californianos. ¿Cómo olvidarlos? ¿Y cómo olvidar, especialmente, al rubiazo, Zack, ni a
Slater, el hispano aficionado a las pesas? El segundo,
Mario López, sigue rodado películas de tercera fila y grabando episodios de diversas series de televisión, pero lo que lo convirtió en estrella de Internet, cuando el uso de la Red se extendió a todos los hogares, fue la difusión de una colección de fotografías en las que aparecía desnudo y erecto; si estaban trucadas, tres hurras por el artista; a mí me parecían bastante verosímiles. A día de hoy el tipo no ha cambiado nada, como puede verse en la imagen lateral, y sigue siendo un hombre apuesto al modo hispano. Por cierto,
tiene un perfil MySpace y desde
su sitio web personal responde a
las preguntas de sus fans, y sí, según él, mantiene la amistad con sus antiguos compañeros de reparto. El año pasado anduvo trabajando en
Dancing with the stars, un show de la ABC que debe de ser algo parecido a esa cosa que Anne Igartiburu presenta la noche de los lunes en La Primera. Hay vídeos de Mario López bailando
aquí. Hoy día tiene 33 años (me figuré que sería más viejo).

Al buen amigo de Slater en
Salvados por la campana, Zack/
Mark–Paul Gosselaar, no le ha ido peor: a fin de cuentas, basta echarle un vistazo a
su perfil IMDB para darse cuenta de que no ha dejado de trabajar durante todos estos años. Cuenta unos 32 años en la actualidad, contrajo matrimonio en el '96 con quien hoy es su esposa, la guapísima actriz
Lisa Ann Russell, y encadena participaciones en infinidad de series de televisión y en alguna película destinada a la pequeña pantalla. Poco más hay que decir sobre él: los hombres felizmente casados no dan mucho juego... (bueno, su casa ocupa una superficie de 5000 pies cuadrados).

Una de mis series favoritas fue siempre
Blossom, protagonizada por la realmente encantadora
Mayim Bialik, quien visitó España para participar en un capítulo de
¿Qué apostamos? Hablaba un español perfecto. Sin embargo, no era ella el objeto de los suspiros de este servidor, sino su hermano en la ficción, Joey/
Joseph Lawrence, a quien vi por última vez, hace años, en la horrible película
Leyenda urbana, donde interpretaba al hijo de un productor de cine, si no recuerdo mal. Lawrence tiene hoy unos 31 años --jovencísimo, me parece--, y se ha especializado, como Gosselaar y Lçopez, en teleseries y películas destinadas a la TV. Por cierto, en una de esas series compartía escenario con varios hermanos suyos, entre ellos
Matthew Lawrence, el cuerpazo que se dejaba ver en la adorable
Yo y el mundo, emitida por primera vez los lunes noche en Televisión Española.

A propósito de
Blossom, Joey Lawrence se veía forzado a compartir fans con Vinnie/
David Lascher, que interpretaba a una especie de chico malo bastante blando ennoviado con la protagonista. Últimamente lo he visto en
Sabrina (la bruja adolescente), aunque no puedo decir que le haya seguido el rastro. Está casado desde el '99 y tiene 2 hijos. Pues nada, que estudien medicina. O algo.

Para terminar esta remesa de viejas caras que en algún momento me hicieron temblar quiero mencionar a
Jonathan Brandis, a quien seguí en
Seaquest, la teleserie de ciencia ficción sobre un súper–submarino y un delfín capaz de hablar... Brandis no era ningún bombón, tal y como lo veo ahora, pero creo que en su momento me gustó, y fue una pena leer que el chaval se suicidó en 2003, a la edad, así pues, de 27 años. Se desconocen los motivos que lo impulsaron a tomar esa terrible decisión, pero según parece sufría una depresión. Dios lo acoja. En fin, mañana, la segunda ronda de nostalgia. // Puedes leer la 2ª parte
aquí.
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Gays que deciden por gays...

El pasado domingo publiqué
una entrada en la que abordaba de soslayo un concepto, el del homofascismo, que describe gráficamente el estado mental en el que se encuentra parte de los homosexuales, una pandilla de fanáticos convencidos no sólo de conocer qué camino
único han de recorrer gays y lesbianas en pos de su Torre de Marfil, sino también de que existe plena justificación para cortar las cabezas de todos aquellos librepensadores que residen fuera del redil. Supongo que resulta doblemente necio de su parte, y doblemente irritante de parte de todos, que sean precisamente homosexuales quienes, dominados por la rigidez mental, infligen un daño tan profundo e irreparable al resto de ciudadanos que comparten sus inclinaciones afectivas y sexuales. Pese a la oposición de algunos al concepto de homofascismo, he tratado y trato todavía con tantos partidarios de esa idea, la de la sumisión y el adocenamiento doctrinario, que me pregunto cómo alguien puede seguir negando su existencia a estas alturas.
Este delicado asunto ha asaltado de nuevo mi cabeza mientras leía un artículo de Larry Elder titulado, con intención provocativa y jocosa,
Global warming turns people gay. Bueno, no es la primera vez que oigo una afirmación semejante, pero en esta ocasión se trata de un chiste muy bien traído, mientras que en la otra quienes se volvían homosexuales eran las moscas expuestas a un exceso de calor.
Leyendo la columna de Elder tuve conocimiento de uno de esos pequeños escándalos que se reproducen de vez en cuando como hongos en un humedal. Se trata de que la asociación GLBT americana
Human Rights Campaign exigió la retirada de un anuncio de las barritas de caramelo Snickers emitido, con notable éxito, dicho sea de paso, durante la pasada celebración de la
SuperBowl, ese mastodonte deportivo/ televisivo/ publicitario que colapsa una vez al año todos los Estados Unidos. El argumento del spot consiste en lo siguiente: dos mecánicos comparten un Snicker, y de este modo sus labios entran en contacto. Cuando se dan cuenta de lo que acaba de suceder, víctimas de un súbito miedo cerval, se apartan bruscamente el uno del otro y, a fin de demostrar su virilidad, se arrancan el vello del pecho. Pues bien, algunos opinan que eso encierra un mensaje homófobo, y decidieron que debía ser censurado. ¡Ah, censura, que detestable concepto, y qué útil cuando a nosotros conviene! Si debo ser honesto, a mí el spot me pareció más bien homoerótico, con el fálico bombón devorado a dos bandas, las expresiones de placer ancladas al rostro de los actores y el rudo escenario de película de Cazzo Films (¡esos idólatras del vicio alemán!). De hecho, el argumento de marras ni siquiera es original: las series de televisión lo han reproducido cientos de veces a lo largo de los años. A día de hoy incluso pueda causar un poco de cansancio, de puro previsible. En fin, el anuncio puede verse
aquí. Que cada cual saque sus propias conclusiones. Pero, ¡ay como no coincida con la mía...! –rugió el homofascista.
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Una de teleseries gays

No me gusta
Queer as folk. De hecho, me aburre y la detesto. La encuentro mediocre, contradictoria e incapaz de sostener la intriga ni el interés durante cinco minutos seguidos --sobre todo en las escasas escenas en las que no insertan primeros planos de un trasero masculino, todo sea por avivar las brasas en la entrepierna del espectador--. Ni que decir tiene que estoy al corriente de las pasiones que esta teleserie
emitida en España por el canal Cuatro despierta entre muchos televidentes, y albergo mis sospechas de que mi pequeño desahogo, el de manifestar que
Queer as folk me parece un tostón mal tramado, me deparará el odio eterno de algún que otro lector (si Enfoque Gay tuviese lectores).
Es muy común que los espectadores decepcionados con
QAF justifiquen su desinterés con el argumento de que la serie ofrece una visión sesgada de la vida homosexual. No discuto la solidez de ese motivo, por supuesto, pero a menudo las series de televisión, por motivos tanto comerciales como morales, planteen la realidad desde un número limitado de puntos de vista. A fin de cuentas se trata de ficción, y nada obliga a los guionistas y productores a realizar un retrato sociológico de todas las variantes existentes de la conducta humana. (Esa premisa encierra una pequeña trampa, como se verá más adelante.)
Lo que me disgusta de
Queer as folk es que, sencillamente, no me creo las historias que cuentan; y en las ocasiones en que les concedo el beneficio de la duda, ellos narran la misma historia que se ha tratado ya mil veces, pero sin la sensibilidad y el talento desplegado por otros. En fin, supongo que ahí está el meollo: carecen de la habilidad necesaria para describir con autenticidad la conflictiva vida de un conjunto de personajes, como cuando se esfuerzan en conferir fuerza dramática a Brian, uno de los promiscuos protagonistas, describiendo a su disfuncional familia. La idea sería la siguiente: dado que el muchacho proviene de un hogar mal avenido, con un padre homófobo, alcohólico y chulesco, él se muestra incapaz de forjar una relación estable en su edad adulta. Es, además, un chulazo de tres al cuarto, lo bastante bien descrito para cautivar a adolescentes impresionables --gracias a su efectismo--, pero con insuficiente consistencia moral para soportar un juicio un poco menos complaciente. Mal asunto. Su afición al sexo disoluto se ve de lo más envidiable y conmovedora --a menos que se plantee desde un punto de vista ético, por supuesto--, pero... ¡ay!, estampar un coche nuevo contra la cristalera del concesionario, después de que el vendedor efectuara ciertos comentarios homófobos, resulta tan verosímil como James Bond saltando desde un precipicio para subirse a un avión en pleno vuelo. Tampoco sonaba demasiado convincente aquella teología simplista dispensada con motivo del conflicto religioso experimentado por Emmett cuando, tras prometer a Dios que renunciará a los hombres si los síntomas que padece no son consecuencia del SIDA, acude a una de esas asociaciones constituidas por ex gays con el objeto de liberar el alma de «inclinaciones perversas». A propósito, el apuesto médico le tiró los tejos no bien le informó de la inocuidad de su patología. ¿No suena pornográfico?
No obstante, lo peor de
Queer as folk es la obscena trampa de pretender hacerse pasar por ficción pura, un banal objeto de divertimento, cuando se trata en realidad, y así lo asumen los realizadores, de un instrumento didáctico. Un perfecto ejemplo fue el episodio en el que dos de los protagonistas llegaban a la sorprendente conclusión de que después de todo formar una
pareja abierta no sólo no está tan mal, sino que además tiene sus ventajas. También las referencias políticas, con una aspirante a senadora demócrata tan enrollada que incluso un republicano de Texas la votaría, son un evidente intento de inocular contenidos morales en la mente del espectador. Bueno, admito que se encuentran en su derecho de convertir la serie en un arma de pedagogía masiva, pero que no traten de venderla como puro espectáculo televisivo. Ésa es la hipocresía y ahí radica la falta de honestidad, ése es el peor defecto de una serie que, por lo demás, no pasa de ser el sueño de cualquier homosexual, al menos tal como ellos lo conciben: una deliciosa selección de desnudos dionisíacos, inhibición erótica y chicos guapos. Uhm, ahora que lo pienso... Bromeaba, sólo bromeaba. Mientras tanto, yo sigo esperando a que algún canal de televisión se anime a importar esa otra teleserie gay --afroamericana--:
Noah's Arc...
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