Ayer a mediodía vi en el canal Cuatro una breve entrevista a Alberto Ruiz Gallardón, alcalde de Madrid, realizada por Concha García Campoy, y por cierto que me sorprendió muchísimo el aspecto avejentado que presentaba el político popular. Me pregunto si las luchas intestinas de su partido y los fieros ataques lanzados por Federico Jiménez Losantos no le habrán desquiciado los nervios. Incluso me pareció percibir cierta inquietud reflejada en el extraño rostro del alcalde. Además luce canas, muchísimas canas, y tenía la piel tan enrojecida que me hizo preguntarme si el señor Gallardón no habrá enfermado. Sin embargo, he de suponer que todo se debe a la época electoral en la que nos encontramos, y en todo caso, el alcalde se ve en buena forma retórica. Podría regresar a La Mañana de COPE para practicar otro careo con su archienemigo Losantos; si se revela tan intenso como el último, que terminó con los puñales cortando el aire, habrá merecido la pena. Aquello sí que fue un auténtico espectáculo.
El caso es que la Campoy formuló a Gallardón una pregunta relacionada con los homosexuales. Sobra decirlo, pero sacaba el tema a colación porque el madrileño ha protagonizado la portada de la revista Zero este último mes, si no lo he entendido mal. La verdad es que esa revista me la trae al pairo: ojeé un ejemplar en casa de un chaval, hará tres o cuatro años, ¡y ya no más! Bueno, Gallardón es el patrón del Centro en el Partido Popular, por expresarlo de algún modo, y era de rigor que ofreciera su mejor rostro, incluso tan desmejorado, al dar su opinión respecto a «la cuestión GLBT». En resumidas cuentas, respondía Gallardón que no es partidario de discriminar a nadie por causa de su orientación sexual, sino todo lo contrario. Lo cual suena a frase confeccionada a la medida de un político, pero está bien. Si diseccionamos y nos introducimos más profundamente en especulaciones de tipo semántico o nominal, tal vez terminemos con la misma jeta descompuesta del niño Alberto. Dejémoslo ahí.
ZP ocupó, hace ya tiempo, otra portada de Zero, con sus cejas angulares rasgando su cráneo en forma de pera --menudos dos, uno no se atreve a asegurar que no provienen del planeta Cabeza Rara Alfa Centauri--, y lo mismo puede decirse de Llamazares, el comunista doctor asturiano, que se mostraba rodeado, si no recuerdo mal, de una corte de apuestos varones. ¡Ah, si en eso consistiera el verdadero comunismo, tal vez sus mítines serían más concurridos! En cuanto a Rajoy, y al menos hasta donde yo sé, sólo pusieron su efigie en una portada del magazín gay muy próximo a un titular que preguntaba si es lícito sacar del armario a un político. Sobra decir que me pareció un juego tramposo y absolutamente repulsivo. Pero, ¡ey!, conservo mi consuelo: nunca he invertido un céntimo en esa revista destinada a cierta parte del público gay. Por si alguien se lo estaba preguntando, hay vida intelectual fuera de las páginas de Zero. Y eso es algo que me hace muy feliz.
Posdata: a propósito, esta mañana, en La mirada crítica de Telecinco, el dulce --dulcísimo-- Vicente Vallés ha entrevistado a un tal Martín, candidato a no sé qué puesto en la provincia de Gerona. Va por el Partido Popular y me pareció un verdadero bombón, aunque quizá le faltara soltura. Tiene 19 años, nada más y nada menos. Mucho me temo que ande falto de carácter para enfrentarse a lo que en el futuro, de porfiar en política, se le vendrá encima. Sin embargo, tranquilo, chico: más de uno te apoyará con verdadero fervor.
