La Máquina Bones: Menos que cero, de Bret Easton Ellis
La Máquina Bones: Menos que cero, de Bret Easton Ellis: "Todo significa nada, y aunque esa forma de vivir la vida nos causa una profunda congoja a la mayoría de las personas, la quirúrgica, desapasionada descripción de la misma que Ellis realiza la dota de un interés antropológico y, por qué no decirlo, morboso. Sin embargo, algunas reacciones un tanto moralistas que experimenta el protagonista, como por ejemplo en la escena en que uno de sus amigos se prostituye para saldar sus deudas, estallan como burbujas de estaño en mitad del relato. Cuidado con las esquirlas." Sigue aquí.
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Juicio final, de John Katzenbach
La Máquina Bones: Juicio final, de John Katzenbach: "No es que Causa justa sea mi película favorita, pero cuando compré la novela en la que el film se basa, Juicio final, de John Katzenbach, me sentí tan excitado como una colegiala, y pasé las primeras páginas con intención de leer otro ingenio de uno de mis autores predilectos.
El libro, escrito por Katzenbach con el estilo eficiente y formal que lo hace identificable desde hace un casi tres décadas, narra la investigación que el periodista Matthew Cowart efectúa sobre un crimen por el cual un ciudadano negro de la Florida más profunda ha sido condenado a muerte. El condenado, Robert Earl, envía una carta a Cowart en la que insiste en su inocencia, y determinados detalles del caso conducen al reportero si no a creer a su interlocutor, al menos a tomar en consideración los detalles del caso. Para ello, se traslada al pueblo natal de Earl y conoce a una serie de personajes que tuvieron relevancia en la acusación contra el (presunto) homicida, desde el jefe de policía local, también negro, hasta la familia de la víctima, una niña violada, asesinada y arrojada a los pantanos, pasando por testigos del secuestro de la pequeña y el abogado de Robert Earl." Sigue aquí.
Etiquetas: libros, outer space
Brokeback Mountain, Antonio Gasset
Lo admito, muchachos, una vez más no tengo nada interesante que decir, pero he decidido escribir una entrada aunque sólo sea por mantener la inercia; si abandono por un día, me apuesto el cuello a que al siguiente serán 2, al próximo 3 y al ulterior 4, así hasta 2 meses, y cuando vuelvo, deprimido a causa de mi impenitente holgazanería, he descubierto que mis escasos lectores se han casado, han ligado, se han pirado o, dada la naturaleza de este blog --o más bien la mía propia--, han fallecido. ¡Bienvenido a Necrológicas Gays! Esto va por ti, Sonia: si me conocieras lo suficiente sabrías hasta qué punto me llegan al alma este tipo de alusiones macabro–morbosas. Tengo alma de caballero sureño decadente, y espero a una muchacha (un muchacho) disfuncional y vacilón para cuya gloria echarme al desierto a cazar esos discretos monstruos que se arrastran bajo el complaciente sol de plomo. Debo empezar a vestir de negro, con levita y sombrero de copa, fumar en pipa y beber whisky hasta que mi voz suene como un tubo relleno de arena y piedras.
Cambiando de tercio, me viene a la memoria una noticia, previsiblemente falsa, que leí hace dos o tres semanas en determinado blog. Jake Gyllenhaal tiene novio, un chico al que conoció mientras rodaban juntos ese bodrio apocalíptico titulado El día de mañana (precursor de esa otra película de Disney, Una verdad incómoda). El segundo en discordia es un tal Austin Nichols, que puede ser guapo, feo o todo lo contrario. Corresponde a ese tipo de tíos que me hacen pensar en lo cruel que a menudo se torna la vida: una profunda aflicción se instala en mis entrañas cada vez que me siento incapaz de identificar la belleza masculina. ¡Ése soy yo, necrológico sibarita de los viriles ángulos rectos! (Lo de rectos no era una broma. En serio.) La noticia a la que me refiero debe de ser falsa, no es que me haga ilusiones, ni siquiera que me importe demasiado, pero me siento obligado a incluir en cada post alguna referencia puramente gay para que este blog siga siendo lo que es, una especie de meadero surcado por el arco iris. :)
A propósito, este fin de semana escuché en la radio una entrevista completamente grotesca, si no decididamente inmoral, a un periodista y escritor de cuarta categoría experto en misterios sobrenaturales, o, como suelen definirlo ellos mismos, «estas cuestiones». Cielos, no sabrían utilizar un sinónimo de «fenómenos paranormales» ni aunque un fantasma de tres metros de altura se lo escribiera en la pared y señalara las palabras con un puntero láser. El escritor al que me refiero --he olvidado su nombre y, aunque resultaría sencillo buscarlo en el historial de mi navegador, me niego a mostrarme tan cruel-- tenía problemas de dicción, lo que no supone motivo de burla, no me malinterpretéis, pero tampoco era de lengua fluida, por así decir, parecía enfadado e insistía en que deseaba insuflarnos a los oyentes (él debió de utilizar una palabra menos refinada) lo que denominó «la adrenalina del misterio», es decir, «la adrenalina de estas cuestiones». Llegado cierto punto, apagué la radio para librarme de la vergüenza ajena que comenzaba a espesarme la sangre, y más tarde, intrigado por el grostesco periodista, busqué información referente a él en Internet. Tiene sitio web y todo. Guau. En una de las secciones había colgadas imágenes escaneadas de entrevistas que había realizado a personajes famosos a lo largo de su carrera. Preguntas previsibles y respuestas aburridas, nada que merezca la pena subrayar. Con excepción, quizás, de que Antonio Gasset, ese crítico de cine y presentador de televisión tan deliciosamente sarcástico, es católico. Debo reconocer que me sorprendió. Pues bien, rastreé Google un poco más en busca de información adicional sobre Gasset, y aquí os presento el mejor resultado: una sabrosísima colección de sarcasmos salidos de la fiera boca del crítico madrileño. Os pongo un par y un vínculo, por si os apetece tomar una segunda ración. No tienen desperdicio:
Servidor se confiesa seguidor de Philip K. Dick, quizás por ello me he convertido en un trastornado.
[Un guiño destinado a REM:] Jeunet es el director de ese engendro, película para algunos (estaban equivocados), ladrillo para otro (estábamos en lo cierto) que fue Amelia.
Ahora vamos con "El señor de los anillos", película basada en un famosísimo libro... que yo no me he leído. Sin embargo, les diré como anécdota, que algunos de mis amigos tienen, en una estantería totalmente vacía, junto con su foto de sus vacaciones en Calasparra, un ejemplar de “El señor de los anillos”.
Se estrena estos días la película El último samurai, protagonizada por el ex-marido de Nicole Kidman, único dato destacable de este actor llamado Tom Cruise.
Veamos el reportaje de Mar adentro que ha realizado mi compañero y amigo Alberto Bermejo, el único de todo el equipo al que le ha gustado la película.
Sé que aguantaran a estas altas horas de la noche el momento de publicidad ya que al regreso tenemos un especial del salón del cine erótico de Barcelona…
Y llegamos a la pausa en este programa del que tan orgullosos nos sentimos. No así de algunas compañeras de la 7ª planta de Torrespaña que fuman saltándose la norma que tanto nos beneficia a todos.
Durante la pausa publicitaria, rezaré con la esperanza de que ninguno de sus hijos se haya presentado al casting de Operación Triunfo.
Vamos a una pausa publicitaria, que será tan corta como el sueldo del presentador.
Hasta el próximo programa. No sabemos ni qué día ni a qué hora nos pondrán, de modo que estén atentos.
Ahora pueden ustedes hacer un montón de cosas aprovechando los interminables minutos de publicidad.
Espero que os haya divertido tanto como a mí. Espero también que REM sepa perdonármelo. Más, aquí.
Etiquetas: cine, outer space, personal
El SIDA en Estados Unidos
Is the "Down Low" Theory Racist?: The dark cloud of HIV continues to hover over the African-American community. African-Americans make up a mere 12.3% of the US population, but account for 50% of the new HIV/AIDS diagnoses in the United States (2000 Census). African-American men primarily contract HIV through contact with other men, while the primary mode of transmissions for African-American women is through heterosexual contact.
Interesante entrada en GayLife de About.com. Afirma que la comunidad afroamericana estadounidense se reduce al 12,3% del total de la población; sin embargo, suponen el 50% de los nuevos casos de SIDA detectados (la estadística es un poco vieja, del 2000). Esta información me ha hecho recordar
un post que publiqué el pasado 29 de enero en relación con el modo en que determinadas iniciativas sociales deben enfocarse (adaptarse) a las minorías para que surtan verdadero efecto. Afirmaba en mi pequeño artículo que, aunque este método de trabajo quizá tu tuviera mucho sentido en la España de hace una década o poco más, la diversificación racial en la piel de toro nos obliga, o debería obligarnos hoy, a reconsiderar nuestra actitud. Respecto a este punto, quizá convenga subrayar que en Estados Unidos parecen estar cometiendo algunos errores de concepto, al someter el sentido común al complejo de culpa, y eso es justamente lo que podría suceder también en España, en particular porque carecemos de práctica en este terreno (el de un mundo en que no todos somos blancos, como sucedía hasta antes de ayer). Convertir a los Latin Kings en asociaciones culturales es una buena demostración de esa impericia.
Etiquetas: glbt, outer space, sida
Miami Gay: Fiesta de Invierno 2007, en la playa
Otro rumpy-tumpy gay

Homer Simpson: "El transporte público es para
pringaos y para lesbianas". Interesante.
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Decepcionante:
The rest of us:
Liberals are already comfortably ensconced in their beachfront estates, which they expect to be unaffected by their negative growth prescriptions for the rest of us," - Ann Coulter, Townhall.com.
Coulter has an estate in Palm Beach a block from the beach, with a current market value of $1.7 million. [Escrito por Andrew Sullivan aquí.]
Sullivan denuncia el supuesto populismo de Coulter recurriendo al populismo. Claro que esto en nada se ajusta al tono general de Enfoque Gay, aunque Sullivan sea homosexual y Coulter no-llamara "maricón" a John Edwards.
Etiquetas: mix, outer space, polémicas
El verdadero enfoque de enfoque gay

Nota introductoria: el verdadero «enfoque gay» se encuentra en este blog, de modo que compórtate como un chico listo y agrégalo a los favoritos/ marcadores de tu navegador web (si no es Firefox, hazte un favor: descárgalo ahora para navegar rápido y seguro. El link está al margen, en forma de bonito banner.]. Recomiéndalo a tus amigos. Comenta las entradas. Escríbeme un correo electrónico a la dirección que aparece en el margen superior derecho de la página: aunque puedes insultarme y ascender por la vía rápida en mi directorio de enemigos, también puedes hablarme sobre ti, sobre lo que opinas de este blog, sobre las aberraciones sexuales a las que eres adicto o sobre cualquier otra cosa (las sórdidas son altamente apreciadas). Por otro lado, existe un 5% de posibilidades, cálculo no científico, de que Enfoque Gay haga de ti una persona un poco más feliz. No renuncies, sé salvaje: ¡Enfoque Gay tiene la solución! //
Un
post publicado por Arturo, del blog de noticias AmbienteG, me ha hecho reflexionar sobre un par de asuntos y me ha impulsado además a escribir esta entrada.
El primero tiene que ver con nuestro foco de atención. ¿A dónde miramos, en previsión de qué y con qué disposición? En su entrada, Arturo se lamenta de que los personajes homosexuales son presentados con frecuencia en las teleseries como «mariconas», tipos envueltos en plumaje que degradan su orientación sexual y deterioran la imagen pública de todo el colectivo gay y lésbico. Sin embargo, habría que considerar primero que un número significativo de homosexuales son amanerados; de hecho, muchos gays que no ostentan pluma en su vida cotidiana, se desmelenan y la exhiben con el orgullo renacido del converso cuando se encuentran en el contexto adecuado: en una fiesta privada de gays o en locales de ambiente, por ejemplo. Eso me recuerda a una vieja profesora de francés, una perfecta esnob por la que jamás sentí la menor simpatía, que se movía por los pasillos del instituto con la gracia salerosa de una bailarina de cabaret; sin embargo, una vez que franqueaba las puertas del edificio y ganaba la calle, la muchacha se volvía tan recatada como la ejecutiva de un gran banco. Contexto, ¡contexto!
Así que cuando nos quejamos de que todos los homosexuales que aparecen en televisión tienen pluma, ¿cuál es el problema? ¿En qué consiste nuestro temor? ¿En que quienes no somos así desearíamos vernos reflejados con fidelidad --lo cual, de hecho, ocurre bastante a menudo, pero de eso hablaré más adelante--, o en que no consideramos digno que alguien poco masculino sirva para proyectar la imagen de todos los homosexuales, es decir, para representarnos? Cuestión que lleva a plantear otra pregunta: ¿tienen las teleseries una responsabilidad social, deberían tener una utilidad didácticas? De hecho, en Estados Unidos ocurre así, las series de televisión no sólo entretienen, sino que además educan (en opinión de algunos, para equilibrar las deficiencias del sistema de enseñanza, aunque me parece una opinión un tanto sesgada), pero en España... bueno, aquí uno ve literalmente cualquier cosa en cualquier programa, así que quizá sea demasiado tarde para seguir engañándonos. Los shows son productos comerciales al servicio de las finanzas de los productores, no de la sociedad; si por un momento se nos ocurriera forzar un cambio radical en el modo en que la televisión se aproxima a la sociedad, entonces lo más práctico sería bombardear las sedes de los canales de televisión y empezar desde las ruinas. Resultaría menos oneroso y más eficaz.
Por otro lado, ¿hasta qué punto es cierto que los homosexuales son dibujados como hombres promiscuos, afeminados y adictos a la prensa del corazón? En primer lugar deberíamos clasificar las teleseries entre verosímiles e hiperbólicas: las que tratan de reflejar la realidad tal y como es, donde los gays son presentados con una diversidad que se corresponde estrechamente con la realidad; y aquellas otras que tratan de forzar y exagerar los rasgos para causar diversión. Yo creo que el primer caso está más o menos superado, y el segundo está fuera de nuestro alcance. Pues si a los derechistas se los presenta como fachas, a los sacerdotes como bobos, a las ancianas como cascarrabias y a los porteros como nulidades, ¿qué sentido tiene exigir que los homosexuales sean exonerados de ese peso y que se les muestre con naturalidad?
Sobre el primer caso, el de las series de televisión serias, remito a mi
post publicado hace pocos días en el que aludía a Greg Berlanti, guionista homosexual de éxito, quien disertaba en una entrevista publicada en Logo Online sobre la evolución de los papeles homosexuales en la televisión
seria.Sobre el segundo caso, el de las series hiperbólicas, podría poner como perfecto ejemplo
Los Simpsons, donde durante muchísimo tiempo hubo únicamente un personaje homosexual, encerrado en el armario pero transparente para todos los espectadores que tuvieran intención de verlo: Weylon Smithers. Ridículo y estirado, con voz de pito, cegato y enamorado de un anciano malévolo, el señor Burns. ¿Tiene sentido quejarse de que Weylon no es un modelo de homosexual? ¡Pero es que el pastor local no es tampoco un modelo de religiosidad, ni Homer de padre de familia, ni nadie es modelo de nada! Se llama hipérbole, exageración.
Sin embargo, es sencillo dejarse llevar y poner los ojos tan solo en las parodias que afectan a los gays sin tener en cuenta todas las demás. El problema reside en que eso resulta poco realista y perpetúa rencores
homosexuales que en nada contribuyen a hacer que las cosas nos vayan a todos un poco mejor.
Me aficioné a
Aquí no hay quien viva durante un mes, hasta que determinada propaganda me hizo alejarme del televisor. Pero ésa es otra historia. A lo que iba es a que en determinado episodio el sacerdote y una monja me parecieron una parodia grotesca de los católicos, y por un segundo lo encontré doblemente ofensivo. Es decir, caí en el mismo error que critico a otros. Sin embargo, pronto reparé en que esos dos personajes eran distorsionados en la misma medida que todos los demás. Así que, ¿por qué preocuparse?
En resumen, si
Queer as folk, esa serie supuestamente rompedora que tan buena acogida recibió de muchísimos homosexuales --y heteros--, no traza un retrato integral de los homosexuales, ¿por qué y cómo pedirle más fidelidad a todas las demás teleseries?
Etiquetas: editorial, enfoque gay, los simpsons, outer space, tv
Así es como se coge...

Ya sabéis, estamos expuestos a los efectos de la tormenta, nos excede, toneladas de negros nubarrones que cabalgan hacia nosotros con el propósito consciente de envolvernos, asfixiarnos y aplastarnos... drogas, sexo, diversión... Recuerdo cierto almuerzo que compartí con un buen muchacho y mejor compañero de clase, un heterosexual larguirucho y desenfadado que siempre me pasaba los apuntes. En aquel momento estábamos sentados en uno de los baretos que se despliegan frente a las facultades de la Avenida Reina Mercedes de Sevilla como una fila de trileros con la vista puesta en los potenciales clientes. Los estudiantes desfilaban a centenares por la acera, y mientras engullíamos nuestros platos de patatas, filetes, salsas y rollitos de carne con queso, hice una pausa, señalé a un muchacho joven, de unos diecinueve años, que pasaba junto a nosotros, y exclamé: «Uff, ese debe de estar limpio. ¡Me lo cepillaba a pelo!». Mi compañero soltó una de sus pacíficas carcajadas e, impostando un tono paternalista y reprobatorio, respondió: «Así es como se coge». Ni que decir tiene que hacía alusión al virus del SIDA, y yo no pude más que asentir y darle la razón. Era sólo una fantasía. Por supuesto.
El virus, ah, criatura... Terrible, terrible, una sombra que se arrastra invicta sobre las paredes a la expectativa de que los amantes cometan un error. Y sin duda que los cometemos continuamente. Hace un par de semanas o así leí un artículo escrito por
José María Marco en el que... cielos, no encuentro el enlace... en el que el autor disertaba sobre la responsabilidad de los homosexuales en la propagación del SIDA. A pesar de que no es políticamente correcto afirmarlo, se trata de un hecho fuera de discusión, al menos si uno es capaz de abstraerse durante el tiempo suficiente para enfocar el asunto con perspectiva. Supongo que con el objeto de contemporizar, el señor Marco utilizaba los argumentos de los propios homosexuales, y hacía referencia a determinada asociación estadounidense que había publicado un manifiesto favorable a que los propios gays, todos los gays, tomen cartas en el asunto en lugar de cruzarse de brazos, buscar pornografía en Internet y acudir a los locales de ambiente para cazar al chico más guapo que puedan
pagar. Yo suscribo ese manifiesto, claro, pues recoge varios supuestos completamente sensatos, como por ejemplo: los hombres homosexuales, bisexuales y otros hombres que tienen sexo con hombres deben actuar contra las conductas y actitudes responsables del continuo aumento de estas enfermedades [de transmisión sexual]; cada hombre homosexual, bisexual u otro hombre que tiene sexo con hombres es responsable de la salud y el bienestar de la comunidad; sabiendo que transmitir el VIH se puede evitar, transmitirlo es inaceptable; transmitir el VIH sabiendo que uno lo tiene, es un acto de violencia; tener sexo sin protección es una conducta de alto riesgo inaceptable, excepto cuando se hace entre personas de una pareja monógama, de la misma condición con respecto al VIH. El texto completo en español puede leerse
aquí. Adicionalmente, el sitio web
homohealth.org contiene gran cantidad de información valiosa sobre sexo seguro, enfermedades de transmisión sexual y drogas, como por ejemplo las metamfetaminas de cristal, sustancia de moda en la comunidad gay que garantiza un subidón del 15, sexo sin cuartel y fiestas memorables. También aumenta el riesgo de contraer el virus del SIDA y otras ETS, por no mencionar en otros peligros, como por ejemplo el de que te abran en canal.
Existen varias causas que relacionan las famosas metamfetaminas de cristal con el SIDA y otras ETS, aunque de momento basta con citar un par de ellas o tres de ellas: en la cima de la euforia resulta sencillo llegar a la conclusión de que el condón es prescindible; en la cima de la euforia, es fácil meterse en la cama con cualquiera, y no es ningún secreto que la promiscuidad y el SIDA firmaron un pacto de colaboración hace ya bastante tiempo; en la cima de la euforia, con maratones cuasi pornográficos que se prolongan durante horas, es muy sencillo que los condones sufran daños, o que un arrebato pasional inflija laceraciones a los miembros de la pareja.
Sin embargo, homohealth.org no es el único portal con información relevante sobre el asunto de las metamfetaminas. De hecho, debe de haber centenares como él, pero de momento enlazaré con
tweaker.com, cuyo punto de atención está centrado casi en exclusiva sobre las metamfetaminas, y que sin duda puede levantar una cierta polémica debido al tono y a los consejos que ofrecen a sus visitantes, como por ejemplo la mejor forma de hacer frente al bajón que sigue al estado de euforia inducida. Algunos consumidores explican sus experiencias con el cristal... bastante interesantes, debo decir... y las diferentes secciones del sitio web ofrecen datos sobre cómo la droga afecta al organismo y cosas así.
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Una noche de jueves

Publiqué esta entrada originalmente en
La Máquina Bones. // A eso de las dos de la madrugada, cuando los demás miembros del variopinto grupo GLBT se hicieron fuertes en un local de copas horadado en el subsuelo, Z., X. y yo nos sentamos en el peldaño de entrada de un edificio de viviendas situado en la acera opuesta. Yo estaba de un humor de perros, por mantener la costumbre, sumido en mi fantasioso rencor contra el mundo, mientras que Z., siempre jovial, se esforzaba en animar aquella fiesta de corazones hambrientos. X., apoyado en la jamba, se quejaba amargamente de lo difícil que resultaba entablar una relación sentimental seria. Supongo que los tres audaces formábamos una especie de escuadrón de los traumatizados, con la posible pero improbable salvedad de Z., cuya felicidad aparente quizá encubría las mismas frustraciones que nos hacían temblar de hastío a sus dos compañeros. Z. contaba casi cuarenta años y era atractivo de un modo sofisticado e inofensivo, con un encanto natural que lo hacía presa fácil de solitarios y gays ávidos de sexo (decir que Z. «se iba a la cama con
cualquiera» era de una exactitud literal). X., por el contrario, se ajustaba bastante bien al perfil del oso de ambiente --tipo peludo y fornido, en la jerga homosexual--, aunque siempre que me lo encontraba lo veía envuelto en un estado de hastío inexpugnable. Aunque carecía de pluma, no tenía inconveniente en forzarla si la ocasión lo requería, lo cual ocurría bastante a menudo, trasformándose de este modo en ese tipo de hombre rígidamente femenino que le hace a uno preguntarse si en las noches de lluvia no saldrá por ahí a asesinar prostitutas. Aunque yo no lo encontraba apuesto, debía de tener algo que justificara su éxito con los hombres: puede que fuera esa especie de sexualidad a flor de piel que reviste a algunas personas. En fin, nunca pensé que X. fuera una lumbrera, pero me preguntaba entonces, y me lo pregunto ahora, si la impresión que él me causaba no se debería más bien a que el dolor que lo acribillaba no le impediría plantearse las cosas con una cierta perspectiva. El chico buscaba desesperada e ingenuamente el amor, como todos, pero sólo encontraba relaciones sexuales. Muchas. Demasiadas. Cientos. («Me pasé la tarde comiendo p*llas», dijo aquella noche en tono quejumbroso). Los chicos guapos se le aproximaban en las discotecas y le ofrecían trato carnal, ya sabéis, un poco de
gloria transitoria, un torrente de hormonas y cálidos flujos en los cubículos, en los urinarios, en la cama de un motel --allí, detrás de la furgoneta negra, nadie nos verá--. //
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¿Cristiano y gay? ¡Uff!, I

Supongo que lo más difícil de embarcarse en el gran Navío de la Cristiandad, y me refiero específicamente al Navío de la fe, es la necesidad de combatir en dos frentes simultáneos que, en rigor, son movidos por los mismos impulsos primitivos y ofrecen idéntica resistencia al cambio. Sobra decirlo, estoy hablando de que los cristianos heterosexuales se esfuerzan... se esfuerzan realmente... ponen toda la carne en el asador... para que los homosexuales salten por la borda y se sumerjan en las procelosas aguas del océano. O tal vez piensen que a los gays que aman a Cristo les seduce la idea de fundar --lo que ellos denominan-- «familias exóticas» junto con los irresistibles delfines y los dulces caballitos de mar. Pero, aunque ningún mal deseo albergo para los nobles animales marinos, convivir cotidianamente con ellos no es el sueño dorado de mi vida: a ser posible, desearía residir en la pacífica superficie terrestre, donde el sol brilla con fuerza y uno no precisa agallas para respirar.
Sobra decir también que el otro frente abierto está tomado por un ejército significativo de homosexuales ateos que tratan de aferrar las piernas de sus pares cristianos y, con fuerza, tirando y sacudiendo, pretenden expulsarlos del navío y obligarlos a pensar según las normas LGBTA. Normas ateas. Sin Dios, sin fe, y con fuertes dosis de prejuicios.
Honestamente, no termino de ver el problema, y es que, ¿de qué sirven todas esas conjeturas sobre una supuesta contradicción entre amar a Cristo y ser homosexual, si existen tantos gays que combinan tan saludablemente su forma de amor y sus convicciones? Pero da igual cuántos ejemplos de felicidad y salud mental se proporcionen para demostrar que no hay el menor conflicto en ser cristiano y gay; a quienes se niegan obtusamente a admitir esta posibilidad, siempre les queda el viejo recurso de cuestionar el estado moral del creyente. Los argumentos más frecuentes para degradarlo son: «ha interiorizado la homofobia, de modo que busca desesperadamente en la fe un contrapeso a su falta»; o «en su afán denodado por conseguir la aprobación social, adopta costumbres bien consideradas, como por ejemplo la adscripción a la religión dominante». No hay que ser una lumbrera para darse cuenta de que bajo esos argumentos subyace el sustrato fascista de siempre: cuestionada la capacidad intelectual de los gays cristianos, se da el siguiente paso, que es negarles la libertad de acción. Se confrontan la presión del grupo y la insignificancia social del individuo, a quien se reduce mediante las técnicas empleadas habitualmente para reprobar la desviación social. Así, el mismo individuo se ve expuesto al escarnio no sólo de la mayoría heterosexual, sino de una parte, quizá pequeña pero sin duda activa y beligerante, de la minoría homosexual. Y esos son los dos frentes de combate.
Obviamente se trata de un superficial e inexperto análisis sociológico; sin embargo, he tenido suficientes experiencias en este ámbito, el de los conflictos de intereses y el de las diferencias mayoría/ minoría en la comunidad homosexual, como para sospechar que no me falta algo de razón.
A propósito, he reflexionado de nuevo sobre este asunto mientras leía un post publicado por
ambienteG, y a continuación seguía la interesante conversación que al respecto sostenían los usuarios. Por supuesto, este tema seguirá dando que hablar.
Etiquetas: outer space, religión