enfoque gay lo publicó el lunes 23 de abril de 2007 a las 9:59 // Permalink

Bienvenido de vuelta al espacio, Mike

Mes y medio sin escribir una línea, debo de haberme ganado un puesto de honor en el círculo de los injustos, los holgazanes y los decadentes (si me veo forzado a elegir una sola opción, y por ser justos con la verdad, el adjetivo «decadente» se me ha ajustado siempre como un traje confeccionado a la medida).

Mi homosexualidad es un monstruo de estómago flácido que se arrastra con gracia babosa sobre mi piel, en busca de cálidos orificios por los que penetrar en mis entrañas: y es que las vísceras han sido desde el principio de los tiempos un sabroso almuerzo para demonios. No digo que mi orientación sexual sea un demonio, sino más bien que últimamente me resulta tan ajena como las estrellas que colisionan en esos oscuros extremos del Universo que causan pesadillas a los poetas. (A los poetas preternaturales de principios de siglo, por lo menos.)

Los últimos tiempos no me han deparado absolutamente nada, salvo quizá el placer pasional de engullir las páginas de un buen libro (relectura del magistral El fantasma de Harlot). Por lo demás, he dedicado las largas horas a contemplar con una vibrante indolencia el transcurso de las horas, los días, las largas noches cálidas del sur y ese triunvirato fatal de melancolía, desamor y frustración: tres naipes que, en lo concerniente a mi vida, poseen sólo una discreta capacidad de inocularse en mis rojas venas de varón sureño.

No debería publicar esta entrada, pues se trata más bien de una reacción tardía al complejo de culpa que me ha asaltado esta mañana. Besos para Sonia y REM (lean o no, da igual). Para REM, además, una caricia. (Estimulará el sentido territorial de tu X.) Con afecto feroz,

Herr Bones.

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enfoque gay lo publicó el jueves 22 de febrero de 2007 a las 17:59 // Permalink

Nostalgia: TV e infancia gay, 4

¿Entrada final?[1ª parte, aquí; 2ª, aquí; 3ª, aquí.] Con esta entrada y despojado ya de tristeza, las nostalgias tocan a su fin: debería celebrarlo con una copa de licor y una fanfarria.

Recuerdo que Telecinco emitía en mi niñez una teleserie protagonizada por dos chicos y una muchacha, primos entre sí, creo, que se veían obligados a resolver todo tipo de problemas: Los duques de Hazzard, si no me equivoco: en 2005 rodaron una película con Johnny Knoxville (Jackass) y Seann William Scott (este tipo) basada en ella. La serie empezó a rodarse en el ’79, dos años antes de que yo naciera, y fue cancelada en el ’85. O sea que aquí debieron de estrenarla con un cierto retraso. En realidad, eso da igual: lo único que me importa es lo impresionado que me sentía por uno de los protagonistas, un rubiazo increíblemente sexy llamado John Schneider. Si el nombre no os dice nada, tal vez la memoria os de un pequeño vuelco al desvelar que el tipo interpreta al padre de Superman en Smallville. ¿Ahora sí? Nació en el ’54, ha tenido una larguísima carrera tanto en cine como en televisión y parece ser que en su momento incluso realizó una exitosa incursión en el mundo de la música country.

Cambiando de tema, ayer dediqué una larga entrada a rastrear las carreras de los protagonistas masculinos de Sensación de vivir, la mayor parte de los cuales ha llevado una especie de vida sumida en la penumbra del éxito, sin hundirse del todo en el fango, pero sin alcanzar las cotas de fama que lograron en una ocasión vez gracias a esa mítica serie de televisión. La verdad es que resulta muy común: debe de existir un muro realmente alto entre la pequeña pantalla y la grande. Lo cual me recuerda cuánto odio Hollywood, esa meca del cine y de la corrupción moral, si me permitís parafrasear al gran Homer Simpson. En fin, me he ido por las ramas y ahora regreso al tronco. Decía que ayer publiqué un post a mayor gloria de Sensación de vivir, y hoy pongo la vista y el recuerdo en su versión adulta, Melrose Place, teleserie que narraba las viciovicisitudes de un grupito de vecinos bastante promiscuos en un edificio de apartamentos de Los Ángeles, California. De eliminar a las muchachas, habríamos obtenido una magnifica película de porno gay. Si es que a alguien le molan esas cosas. No a mí, por supuesto. Disculpadme un segundo, sí, muy bien, me aclaro la garganta y prosigo. En mi opinión, Melrose superó a Sensación en muchos sentidos: los hombres eran más guapos y viriles y la trama presentaba elementos más morbosos y truculentos. Su creador fue Darren Star, ese tipo cuya estampa me induce a sospechar que la mala imagen que tengo de la industria del espectáculo no es nada comparada con la que me forjaría de conocerla desde dentro. El caso es que Darren anda metido en cantidad de productos de éxito, como por ejemplo Sexo en Nueva York, Melrose Place, claro, y Sensación de vivir.

Vaya, he vuelto a irme por las ramas. Soy como una ardillita. Bueno, a Thomas Calabro, el encantador médico que degeneraba y se transformaba en un cínico insufrible lo vi hace un par de años, por decir una fecha, en una película de serie Z que La Segunda emitió a las tantas de la madrugada para rellenar un hueco en la parrilla. Ahí estaba yo, dispuesto día y noche a engullir shows de calidad ínfima. De todas formas, fue entretenida. Por cierto, él interpretaba a un fantasma, que es más o menos el mismo papel que interpreta en la vida real.

Tampoco Grant Show dio el salto a la gran pantalla, si es lo que pretendía, pero ¿quién lo necesita cuando se tiene ese rostro? De acuerdo, lo sé, él lo necesita, es sólo que prefiero mirar el lado bueno de las cosas. Grant apareció no hace demasiado (¡!) en A dos metros bajo tierra, contrajo matrimonio con Pollyanna (sí, parece ser que ese nombre existe) McIntosh en 2004 y en algún momento de su vida fue compañero de habitación de John Hensley, un gran desconocido (no te molestes en buscar información sobre él).

Grant Show interpretaba a Jake, un pedazo de pan, y llegado el momento heredó el noviazgo con la ex de Billy, quien a su vez andaba retozando bajo las sábanas de Amanda. A Billy le ponía rostro Andrew Shue, hermano de Elisabeth Shue, esposa de David Guggenheim, cerrándose así el círculo maléfico. Andrew Shue desapareció de escena allá por el ’99, aunque ha retornado recientemente con la película Gracie, que co–protagoniza y produce. La dirige su cuñado, Guggenheim, y seguramente sea un pestiño. [Risas.] Ja, ja, ja, lo siento de veras, pero esta entrada es un verdadero coñazo y nunca debí escribirla. Pero, en fin, ya que estoy, daré la estocada. Andrew Shue, el guapo, el mazapán, el bocadoblada, ha andado metido los últimos años en el negocio de las punto–com, que, como todo el mundo sabe, constituye la punta de lanza de la industria textil... Maaaaloooooooo... ja, ja, ja, me estoy partiendo de risa frente al monitor, joder, qué post tan grotesco... bien mirado, no es que le tenga excesiva estima al blog, pero con esto me estoy superando. El caso es que la empresa en cuestión, la que ha mantenido atareado al chico guapo, trata de poner con contacto a las madres de Norteamérica. Shue se casó en el ’94, tiene tres hijos... y hasta hoy.

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enfoque gay lo publicó el miércoles 21 de febrero de 2007 a las 17:04 // Permalink

Nostalgia: TV e infancia gay, 3

I love TV[1ª parte, aquí; 2ª, aquí.] Corey, Corey, Corey. Quién te ha visto y quién te ve. ¿Cómo has podido abandonarte de ese modo, Corey Haim? ¿Cómo has podido hacerte eso? Lo siento, macho, pero a ti te dejaré para el final de la entrada; contemplar lo que te ha ocurrido a lo largo de los años, tu ascenso al firmamento de las estrellas adolescentes y tu posterior caída en desgracia me provoca un dolor intolerable. Me siento dolido, paso del tema. De modo que mis ojos recorren la larga lista de hermosos rostros masculinos que añoro de mi juventud, la época en que uno podía fingir todavía una vida apacible como larga tarde de verano, y rescato a los bombones de Sensación de vivir que entonces me enamoraron... o algo así.

Supongo que la verdadera estrella fue siempre Jason Priestley, quien interpretaba a uno de los hermanos Walsh. ¡Wow!, él sí que era un chico guapo, o esa impresión tuve de niño; debo decir que mi percepción de la belleza masculina ha mejorado sensiblemente a lo largo de los años. En cualquier caso, durante una larga época Jason fue una de las estrellas televisivas más rutilantes del planeta, y aquí en España se convirtió en una especie de tótem al que las chicas besaban el pandero, los varones envidiaban y la raza de los gays deseaba... bueno, darle un discreto besito en el culo. O en la boca, no hay por qué humillarse. No obstante, habría de ser su hermana en la ficción la única que se elevara y prolongase una fama verdadera al cabo de los años, aunque sólo fuera por Embrujadas. Me refiero a Shannen Doherty, claro (me importa un bledo que esta muchachita, de genio afilado y miembro de la Iglesia Baptista del Sur, mantuviese una relación con el mismo tipo que distribuyó un vídeo porno protagonizado por él mismo y por la inefable Paris Hilton). Bien, Jason Priestley nació en el ’69 y ha sostenido una estable carrera de actor televisivo, a pesar de que en lo sucesivo nunca reprodujera el éxito cosechado con Sensación de vivir --joder, se me sacude el pecho cada vez que escribo el título--. Lo curioso de su viejo personaje, poniendo la vista atrás, es que el chaval lograba cualquier cosa que se propusiese, como por ejemplo derribar a un auténtico armario aunque él no alcanza el metro ’70; recuerdo que una de mis hermanas criticó aquella escena en particular por inverosímil. Pero es que ella iba creciendo, y yo... ¡¡¡yo amaba a Jason, los amaba a todos, sentía arder un amor tan fiero en mi corazón que temía que aflorara a mis ojos y mi familia descubriera que yo era homosexual: bwaaaahahahaha!!! En fin, el tipo lleva un par de años casado con una tal Naomi Lowde y en MySpace existe un perfil que pretende ser el suyo. Quién sabe.

El mejor amigo de Brandon en Sensación de vivir --sniff, sniff-- fue siempre Dylan, papel interpretado por el actor Luke Perry. A su vez, Luke Perry fue siempre uno de esos falsos guapos a los que la televisión transforma en bombones, pero que, visto con frialdad, tan sólo podría impresionar a una quinceañera con granos. ¡Y yo... nunca... fui... una... quinceañera... con... granos! ¡Me importan una miekda las fotos, los vídeos, los testimonios y todas las demás pruebas irrefutables que demuestran que miento! Ups, perdón. Se trata de la pasión, he sido siempre un hombre de carácter. Es pensar en Sensación de vivir y ponerme de un nostálgico... Iba diciendo que alguien como Perry, que se las daba de rebelde pero que jamás pasó de pobre niño rico, nunca podría ser guapo de no contar con el respaldo de revistas como Ragazza. Esté en lo cierto o me equivoque, Pocacosa Perry mide 1’77 --chúpame la suela del zapato, enano-- y, aparte de ser el hermano adoptivo o algo así de Krusty el Payaso en Los Simpsons, ha sostenido, al igual que Priestley, una estable carrera televisiva con incursiones en la gran pantalla y los escenarios teatrales. Incluso participó en un episodio de Will & Grace, mi querida teleserie queer (por cierto, ¿alguna cadena la está emitiendo actualmente?). Existe una horrible página web que afirma ser oficial, y un perfil MySpace que pasa por pertenecerle. No lo aseguro. De hecho, también es posible que algún desaprensivo me esté usurpando a mí en este preciso instante. Es el riesgo común que compartimos estrellas de televisión y blogueros. Luke, estoy contigo. A pesar de tu cara.

Ian Ziering, o sea, Brian, el rubio, el que perdió la virginidad --es decir, la flor-- con aquella otra rubia, ¿cómo se llamaba?, ¡Kelly!, vendió su casa de Los Ángeles por una fabulosa cantidad de dinero hace algún tiempo, y así ascendió a la superficie de mi cerebro tras mucho tiempo sepultado, como tantas otras cosas, en el terrible sótano de los viejos recuerdos. La fabulosa cantidad de dinero a la que aludía equivale a 2,5 millones de euros, que es 2,5 millones de euros más de lo que necesito para invitar a Ziering a una copa. No obstante, me vendrían bien esos 2,5 para que él aceptara. En fin, Ziering ha conservado también una mediocre carrera televisiva, o sea que poco interesante se puede decir sobre él, aparte de que Telecinco emitió a las tantas de la noche una película en la que él aparecía desnudo. Espectacular. Tan espectacular como la cantidad de años que han pasado desde entonces. Qué horror. Qué sniff sniff. Ziering se divorció de La Rubia Pechugas en 2002 y asistió a la boda de Jason Priestley con Naomi: dos hechos que describen su catadura moral. Hasta donde sé, no tiene perfil MySpace. Lo que tampoco dice mucho en su favor.

Antes de abandonar Sensación de vivir quiero enlazar a un artículo que he localizado por accidente mientras buscaba la noticia sobre la venta de la mansión de Ziering. Se trata de una página de El Mundo ¡de1995! en la que se informa del regreso de Sensación de vivir a la parrilla de Telecinco. Merece la pena echarle un vistazo, en serio, especialmente si uno se ha dejado dominar por la nostalgia. Como yo mismo, por ejemplo. Comienza así:
MADRID.- «Después de cuatro temporadas de éxito ininterrumpido, los cándidos adolescentes protagonistas de antaño ya se han convertido en unos maduros jovencitos universitarios cuyas vidas han dado desiguales giros». Con esta descripción casi barroca presenta Tele 5 la quinta entrega de Sensación de Vivir, que se inicia hoy a las 15.30 horas con dos nuevos episodios.

Centrada en las vidas relativamente azarosas de un grupo de chicos de Beverly Hills muy guapos y sobre todo muy ricos, Sensación de Vivir ha sido y es la serie para adolescentes de más éxito en toda la historia de la televisión. Su cadena, la Fox, sólo consiguió audiencias superiores con la muy recordada Dinastía. Su productor, ese moderno rey Midas que es Aaron Spelling, sólo lo logró con La casa de la pradera.
Por cierto que, mientras leía el artículo, he recordado a Jaime Jamie Walters. Éste sí que molaba... y sigue molando. No es un guapo espectacular, pero le veo un enorme puntazo entre buen chico y viril. Sin embargo, no ha trabajado en televisión desde 2001. Debe de mantenerse ocupado con su carrera musical. Tres vivas por él. // Joder, me parto de risa. Acabo de enterarme, vía IMDB, que Walters trabaja de bombero en la actualidad. ¡Juas! Por si no fuera suficiente, ahora debemos añadirle el morbo y el candor de... bueno, ¿es que no todo el mundo ama a los valerosos bomberos?
Graduated from the Los Angeles City Fire Department Academy June 2004, completed his year probationary period and is now working as a full time Firefighter with the LAFD.
Y como lo prometido es deuda, he aquí el ídolo de adolescentes Corey Haim con su truculenta historia metida en el bolsillo. En los ’80 lo fue todo en compañía del otro Corey, en este caso Feldman (adoro, y quiero decir ADORO, su película No matarás... al vecino), y... me duele escribir esto, pero el chico empezó a flirtear con las drogas y se hundió en el fango. Literalmente y en lo más profundo. Supongo que hubo de recuperar las formas para encontrar trabajo como dependiente en un videoclub canadiense, su país natal, pero había engordado dos o tres mil kilos, su belleza cándida se había esfumado por completo e interpretó el papel más grotesco de su vida al pretender vender sus dientes... sí, sus dientes... a través de eBay, aunque los responsables del megaportal de subastas abortaron la oferta por contravenir las reglas del juego, que prohíben el comercio de material biológico o algo parecido. Lo de Corey Haim fue una verdadera lástima. Sin embargo, me alegra saber que las cosas parecen haber mejorado últimamente, y desde diciembre de 2006 trabaja con su amigo Feldman en la nueva teleserie The Coreys: Return of the Lost Boys, y este año rueda la película Universal groove. Colega, espero que tengas la lección muy bien aprendida. Mañana, entrega final de esta nostálgica serie de posts sobre viejas glorias: Melrose Place. Un aperitivo: Andrew Shue anda metido en negocios de Internet. // Puedes leer la 4ª parte aquí.

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enfoque gay lo publicó el martes 20 de febrero de 2007 a las 18:21 // Permalink

Nostalgia: TV e infancia gay, 2

I love tv[1ª parte, aquí.] Disculpadme un par de minutos, creo que voy a arrancar a llorar. Me tiembla el mentón y todas las imágenes rescatadas de mi infancia repercuten en mi pecho... así, un suave balanceo... de repente he pensado en todos esos años reducidos a polvo, imágenes de goma depositadas sobre estanterías cerebrales. La tristeza que nace de un pasado en forma de cadáver. Bien, ya estoy mejor, preparado para recordar a Jeremy Jackson, Hobie Buchannon en Los vigilantes de la playa. Tiene mi edad, 26 años, o sea que podría ser mi novio... si yo me dejara. No es mi tipo. La última vez que tuve noticias suyas se había operado la nariz, que algunos comparaban con una patata cocida. Eso es injusto. Parece más bien un rábano. Jackson fue un muchacho delicioso, suave, dulce y encantador, con un papel magnífico: todos queríamos llevárnoslo a la cama. Y, según se rumorea, no pocas lo consiguieron. Pero, amigo mío, hace un tiempo leí que el chico buscaba papeles en el cine adulto. ¡Cielos, se había vuelto actor porno! Pero, claro, me equivocaba; fue solo un error de traducción, y una decepción con bordes afilados como chichillas destripó mi euforia: Jeremy JacksonJackson andaba a la caza de papeles alejados de lo que había hecho hasta el momento, pero la realidad es que no parece haber alcanzado su objetivo, aparte de que Vanity Fair le concediera una entrevista porque Jeremy Jackson, nuestro Hobie, tiene un perfil MySpace. Podéis consultarlo aquí; es más, os animo con fuerza a que le echéis un vistazo. Las fotografías no tienen precio. Conque la ciudad de Los Ángeles es tan extravagante como había oído decir, ¿eh? Bueno, el otrora apacible rostro de Jeremy se ha vuelto tremendamente tosco, pero eso no es asunto mío, sino de todas las chicas a las que a él le gusta cepillarse, como deja bien claro mediante una imagen animada en formato gif... ahm, un larguísimo coito. Jeremy Jackson, como tantos otros actores que conocieron la fama en su juventud, tuvo sus escarceos con las drogas y el alcohol. Incluso acompañaba a Pamela Anderson a sus viciosas fiestecillas, ¿no resulta entrañable?

Los vigilantes de la playa fue una verdadera fuente de placeres visuales para todos los pequeños gays que nos congregábamos frente al televisor y, mientras fingíamos interés por las muchachas de labios turgentes y pechos neumáticos, examinábamos con fijación clínica las maravillosas rectas de...

David CharvettPues de David Charvet, por ejemplo. Recuerdo que su rostro estampado en un póster observaba las feas caras de los alumnos de mi clase durante el final de mi educación primaria. Supongo que la atracción por Charvet constituía el único nexo de unión entre mis compis proto–fulanas y yo durante aquel fin de infancia. En fin, Charvet tiene hoy unos 35 tacos y ha pasado los últimos años concentrado en su carrera musical: quizás os sorprenda descubrir que el muchacho ha vendido más de 2 millones de discos. Yo ni siquiera estaba al corriente de esa faceta. Charvet ha regresado recientemente a Estados Unidos para reanudar su trabajo en la industria cinematográfica, y el pasado enero nació su hija. Felicidades, chico. En 2006 rodó su primera película desde 1999, Prisoners of the sun.

Billy WarlockSin embargo, me parece recordar que Charvet no fue uno de los primeros rostros masculinos en captar mi atención. El surfero Kelly Slater se le anticipó, aunque su carrera como actor ha sido de lo más breve: 3 teleseries entre el '92 y 2001. No obstante, no ha dejado de aparecer en programas de televisión a lo largo de todos estos años. Ha ganado tropecientos/ 8 campeonatos mundiales de surfing. También Billy Warlock, ex de Erika espectaTetacular Eleniak (y aquí), suscitó algunos suspiros heterohomosexuales en aquel pasado remoto, aunque el chaval era más bien poca cosa. Últimamente ha permanecido enfrascado en el rodaje de varios episodios de Los días de nuestra vida, donde interpreta a un tal Frankie Brady. Tiene 46 magníficos años.

Jaason SimonSi debo ser honesto, el australiano Jaason Simon no empezó a molarme sino al cabo de los años. En Los vigilantes de la playa interpretó al también australiano Logan Fowler entre 1994 y 1997, aunque leo en IMDB que participó en tan sólo 5 episodios. Lo dudo. Como tantas viejas glorias de la televisión, Simon no ha pasado de la segunda fila, pero al menos su carrera se ha mantenido estable, lo cual tiene valor por sí mismo. No obstante, a lo largo de los años ha tomado algunas decisiones que lo dignifican: abandonó Hollywood durante una temporada para tomar clases de teatro, y participó en arriesgadas películas como Nowhere, de Greg Haraki.

David ChokachiHe dejado lo mejor de Los vigilantes de la playa para el final: sé que lo estabais esperando. Rubio, ojos azules, padre turco: David Chokachi, la joya de la corona en la sibarita camarilla de David Hasselhoff. Hace un tiempo lo redescubrí en una anodina teleserie sobre fenómenos paranormales o algo así, otra más, ya sabéis, pero en mi corazón será siempre Cody Madison. ¿No es un nombre adorable? Casado desde 2004, ha rodado últimamente dos películas que no tengo intención de ver, Bats: human harvest y The dreamless, y poco más de nuevo hay en su vida.

Kirk CameronPor cierto, ¿os suena Los problemas crecen? La 2 de TVE la repuso recientemente, y descubrí que era bastante más divertida de lo que yo recordaba. El protagonista, Kirk Cameron, se deja ver de vez en cuando en las mañanas de ese mismo canal protagonizando películas de cuarta fila con mensaje, final feliz y todo eso. Sigue siendo un tipo apuesto a los 37 años. Su último largo como actor data de 2005, pero ha compuesto la banda sonora de The Magic 7 (2007), y hoy día suscita cierta polémica a causa de sus convicciones religiosas. Y es que el adorable Kirk ha adoptado el papel de una especie de predicador laico, lo cual es perfecto, claro, promueve valores cristianos entre... bueno, supongo que entre quienes tengan intención de prestarle atención. Incluso vende productos relacionados con el Jefe y ofrece un cuestionario para ponderar si eres un buen tipo. Por cierto, él y su esposa, con la que contrajo matrimonio en el '91, se encuentran entre los fundadores de un campamento para chavales que sufren enfermedades terminales. En fin, suena bien. Mañana, más: Sensación de vivir (suspiro), y Melrose Place (doble suspiro). // Puedes leer la 3ª parte aquí.

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enfoque gay lo publicó el lunes 19 de febrero de 2007 a las 17:36 // Permalink

Nostalgia: TV e infancia gay, I

I love TVMi hermano me aconsejó que me olvidara de comprar una carpeta impresa con una fotografía panorámica de los protagonistas de Sensación de vivir, pues de hacerlo todo el mundo pensaría que era... ya sabéis, un poco mariposón. ¡Pero es que yo lo era, era un mariposón, sin plumas, cierto, pero radical, brutalmente gay, incluso en mi niñez suspiraba por todas aquellas bellezas más o menos viriles que desfilaban por televisión! ¡Los músculos, los torsos, las mandíbulas cuadradas y los grandes ojos arios, los abdominales superpuestos como tabletas de chocolate! ¡Hombres! ¡Yo... amaba... a los hombres! Sin embargo, cedí; de hecho, enarqué las cejas frente a mi hermano y exclamé: «¿en serio pensarán eso? Entonces, paso». Y pasé, para mi decepción y para mi seguridad; me pregunto qué diablos me habrían hecho mis compañeros de aparecer en el colegio con una carpeta en la que aparecía el rostro de, oh, Jason Prestely. Yo opinaba entonces que Jason era lo más guapo y molón que se puede llegar a ser, y me pregunto ahora si debería arrepentirme de eso. Quiero decir que, caray, yo era tan sólo un niño pánfilo y gay, tenía derecho a equivocarme y a considerar a Jason el no va más de la belleza masculina. Luego reparé en que lo verdaderamente viril era Ian Ziering desnudo, espectacularmente desnudo, tal y como Dios lo trajo al mundo y tal y como se nos ofrecía desde una de esas apestosas películas... apestosas películas repletas de insinuantes figuras... que Telecinco se empeñó en emitir cada noche durante una larga época.

A lo largo de mi infancia y mi primera adolescencia estuve enamorado... en plan platónico, claro... de, digamos, todos los hombres guapos que veía en televisión, y he pensado que quizá estaría bien realizar una pequeña investigación para averiguar qué fue de todos esos adorables, dulces, inolvidables bombones que hace años soñé (bueno, todavía lo sueño) con devorar. La verdad es que me siento un poco deprimido, consciente de súbito del auténtico significado de tempus fugit... joder, la nostalgia ha caído a plomo sobre mi cabeza y me dan ganas de echarme a llorar. Sin embargo, esta sensación posee también un matiz agradable, y siento renacer una vez más mi viejo deseo/ sueño/ proyecto de poner rumbo a Estados Unidos y no regresar jamás.

En fin, no creo que esto os interese demasiado, de modo que entro de lleno en este particular «¿qué pasó con...?» gay; y es que me figuro que no fui el único muchacho enamorado como una colegiala de todos esos huesos tan bien forjados... ¡utch!, ¡qué gay!

Mario LópezAntena 3 emitía a mediodía la teleserie Salvados por la campana, que retrataba la educación s... (iba a escribir sexual, señor Freud) secundaria de un grupo de jóvenes californianos. ¿Cómo olvidarlos? ¿Y cómo olvidar, especialmente, al rubiazo, Zack, ni a Slater, el hispano aficionado a las pesas? El segundo, Mario López, sigue rodado películas de tercera fila y grabando episodios de diversas series de televisión, pero lo que lo convirtió en estrella de Internet, cuando el uso de la Red se extendió a todos los hogares, fue la difusión de una colección de fotografías en las que aparecía desnudo y erecto; si estaban trucadas, tres hurras por el artista; a mí me parecían bastante verosímiles. A día de hoy el tipo no ha cambiado nada, como puede verse en la imagen lateral, y sigue siendo un hombre apuesto al modo hispano. Por cierto, tiene un perfil MySpace y desde su sitio web personal responde a las preguntas de sus fans, y sí, según él, mantiene la amistad con sus antiguos compañeros de reparto. El año pasado anduvo trabajando en Dancing with the stars, un show de la ABC que debe de ser algo parecido a esa cosa que Anne Igartiburu presenta la noche de los lunes en La Primera. Hay vídeos de Mario López bailando aquí. Hoy día tiene 33 años (me figuré que sería más viejo).

Mark-Paul GosselaarAl buen amigo de Slater en Salvados por la campana, Zack/ Mark–Paul Gosselaar, no le ha ido peor: a fin de cuentas, basta echarle un vistazo a su perfil IMDB para darse cuenta de que no ha dejado de trabajar durante todos estos años. Cuenta unos 32 años en la actualidad, contrajo matrimonio en el '96 con quien hoy es su esposa, la guapísima actriz Lisa Ann Russell, y encadena participaciones en infinidad de series de televisión y en alguna película destinada a la pequeña pantalla. Poco más hay que decir sobre él: los hombres felizmente casados no dan mucho juego... (bueno, su casa ocupa una superficie de 5000 pies cuadrados).

Hermanos Joey & Matthew LawrenceUna de mis series favoritas fue siempre Blossom, protagonizada por la realmente encantadora Mayim Bialik, quien visitó España para participar en un capítulo de ¿Qué apostamos? Hablaba un español perfecto. Sin embargo, no era ella el objeto de los suspiros de este servidor, sino su hermano en la ficción, Joey/ Joseph Lawrence, a quien vi por última vez, hace años, en la horrible película Leyenda urbana, donde interpretaba al hijo de un productor de cine, si no recuerdo mal. Lawrence tiene hoy unos 31 años --jovencísimo, me parece--, y se ha especializado, como Gosselaar y Lçopez, en teleseries y películas destinadas a la TV. Por cierto, en una de esas series compartía escenario con varios hermanos suyos, entre ellos Matthew Lawrence, el cuerpazo que se dejaba ver en la adorable Yo y el mundo, emitida por primera vez los lunes noche en Televisión Española.

David LascherA propósito de Blossom, Joey Lawrence se veía forzado a compartir fans con Vinnie/ David Lascher, que interpretaba a una especie de chico malo bastante blando ennoviado con la protagonista. Últimamente lo he visto en Sabrina (la bruja adolescente), aunque no puedo decir que le haya seguido el rastro. Está casado desde el '99 y tiene 2 hijos. Pues nada, que estudien medicina. O algo.

Jonathan BrandisPara terminar esta remesa de viejas caras que en algún momento me hicieron temblar quiero mencionar a Jonathan Brandis, a quien seguí en Seaquest, la teleserie de ciencia ficción sobre un súper–submarino y un delfín capaz de hablar... Brandis no era ningún bombón, tal y como lo veo ahora, pero creo que en su momento me gustó, y fue una pena leer que el chaval se suicidó en 2003, a la edad, así pues, de 27 años. Se desconocen los motivos que lo impulsaron a tomar esa terrible decisión, pero según parece sufría una depresión. Dios lo acoja. En fin, mañana, la segunda ronda de nostalgia. // Puedes leer la 2ª parte aquí.

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