Jo, jo, jo, una risa áspera se abre camino en mi garganta. He visitado varios portales gays en busca de noticias interesantes y quizá de un poco de inspiración para escribir una entrada, pero a decir verdad lo único que he conseguido ha sido ponerme de mal humor. Creo que esto no es para mí. Paso. Si algún día se me ocurre algo que decir, quizá vuelva, pero eso no me parece demasiado probable. ¡Buenos días!
Etiquetas: enfoque gay
Las primeras cosas primero: pido disculpas por haberme desentendido del blog durante tanto tiempo y me siento muy culpable por haber abandonado a mis nobles y escasísimos lectores sin despedirme como es debido. Hola, aquí estoy de nuevo; sin embargo, no quiero precipitarme afirmando que estoy de vuelta, porque me siento un poco cansado --como de costumbre-- y me faltan fuerzas para mantener al día esta bitácora.
Antes frecuentaba unos pocos portales de noticias GLBT a fin de permanecer al corriente de lo que se cocía en el mundo de más allá del arco iris, pero la verdad es que eso dejó exhausto y en bragas mi sentido de la moral: raramente abría en el navegador una página de contenido homosexual sin que las alarmas de mi conciencia perdieran el juicio y se pusieran a girar y brillar como demonios encapsulados en frascos de cristal. Conservador y derechista, además de gaaaaay, constituyo una de esas mutaciones extravagantes que los científicos se chiflan por estudiar. O quizá no tanto. El caso es que resulta agotador leer una noticia tras otra y que todas ellas te suenen maniqueas en el mejor de los casos y ofensivas y fascistas en el peor. Francamente, a veces da la sensación de que lo peor es siempre lo más frecuente.
En fin, debo tomar una decisión con respecto a la continuidad de Enfoque Gay. Por otro lado, me voy a tomar la libertad de construir un par de sitios web sobre asuntos que me divierten; incluso es posible que diseñe una pequeña web sobre homosexuales célebres, aunque ciertamente no adoptará formato de blog.
Bueno, saludos y disculpas sinceras. Me siento muy avergonzado, pero, si debo ser honesto, éste es mi verdadero estilo.
Posdata: dentro de veinte minutos, cuando consulte determinada información en Internet, me daré una ducha, y si bien me siento como un trapo viejo arrojado a un rincón, es posible que asista a una celebración familiar en el campo. Como todo, eso tiene sus pros y sus contras: lo último que me apetece en este momento es reunirme con tíos y primos a quienes, a pesar de apreciar afectuosamente, no veo más que de año en año: o sea que tendré que responder un sinnúmero de preguntas incómodas. Sin embargo, me encanta enfrentarme a un buen pedazo de carne asada y muy jugosa, que es precisamente lo que abundará en la fiesta campestre...
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Editado: acabo de enterarme de que de hecho se trata de una cena, no almuerzo. Quizá se prolongue mañana. En fin, mejor para mí.
Etiquetas: enfoque gay, glbt, personal

Nota introductoria: el verdadero «enfoque gay» se encuentra en este blog, de modo que compórtate como un chico listo y agrégalo a los favoritos/ marcadores de tu navegador web (si no es Firefox, hazte un favor: descárgalo ahora para navegar rápido y seguro. El link está al margen, en forma de bonito banner.]. Recomiéndalo a tus amigos. Comenta las entradas. Escríbeme un correo electrónico a la dirección que aparece en el margen superior derecho de la página: aunque puedes insultarme y ascender por la vía rápida en mi directorio de enemigos, también puedes hablarme sobre ti, sobre lo que opinas de este blog, sobre las aberraciones sexuales a las que eres adicto o sobre cualquier otra cosa (las sórdidas son altamente apreciadas). Por otro lado, existe un 5% de posibilidades, cálculo no científico, de que Enfoque Gay haga de ti una persona un poco más feliz. No renuncies, sé salvaje: ¡Enfoque Gay tiene la solución! //
Un
post publicado por Arturo, del blog de noticias AmbienteG, me ha hecho reflexionar sobre un par de asuntos y me ha impulsado además a escribir esta entrada.
El primero tiene que ver con nuestro foco de atención. ¿A dónde miramos, en previsión de qué y con qué disposición? En su entrada, Arturo se lamenta de que los personajes homosexuales son presentados con frecuencia en las teleseries como «mariconas», tipos envueltos en plumaje que degradan su orientación sexual y deterioran la imagen pública de todo el colectivo gay y lésbico. Sin embargo, habría que considerar primero que un número significativo de homosexuales son amanerados; de hecho, muchos gays que no ostentan pluma en su vida cotidiana, se desmelenan y la exhiben con el orgullo renacido del converso cuando se encuentran en el contexto adecuado: en una fiesta privada de gays o en locales de ambiente, por ejemplo. Eso me recuerda a una vieja profesora de francés, una perfecta esnob por la que jamás sentí la menor simpatía, que se movía por los pasillos del instituto con la gracia salerosa de una bailarina de cabaret; sin embargo, una vez que franqueaba las puertas del edificio y ganaba la calle, la muchacha se volvía tan recatada como la ejecutiva de un gran banco. Contexto, ¡contexto!
Así que cuando nos quejamos de que todos los homosexuales que aparecen en televisión tienen pluma, ¿cuál es el problema? ¿En qué consiste nuestro temor? ¿En que quienes no somos así desearíamos vernos reflejados con fidelidad --lo cual, de hecho, ocurre bastante a menudo, pero de eso hablaré más adelante--, o en que no consideramos digno que alguien poco masculino sirva para proyectar la imagen de todos los homosexuales, es decir, para representarnos? Cuestión que lleva a plantear otra pregunta: ¿tienen las teleseries una responsabilidad social, deberían tener una utilidad didácticas? De hecho, en Estados Unidos ocurre así, las series de televisión no sólo entretienen, sino que además educan (en opinión de algunos, para equilibrar las deficiencias del sistema de enseñanza, aunque me parece una opinión un tanto sesgada), pero en España... bueno, aquí uno ve literalmente cualquier cosa en cualquier programa, así que quizá sea demasiado tarde para seguir engañándonos. Los shows son productos comerciales al servicio de las finanzas de los productores, no de la sociedad; si por un momento se nos ocurriera forzar un cambio radical en el modo en que la televisión se aproxima a la sociedad, entonces lo más práctico sería bombardear las sedes de los canales de televisión y empezar desde las ruinas. Resultaría menos oneroso y más eficaz.
Por otro lado, ¿hasta qué punto es cierto que los homosexuales son dibujados como hombres promiscuos, afeminados y adictos a la prensa del corazón? En primer lugar deberíamos clasificar las teleseries entre verosímiles e hiperbólicas: las que tratan de reflejar la realidad tal y como es, donde los gays son presentados con una diversidad que se corresponde estrechamente con la realidad; y aquellas otras que tratan de forzar y exagerar los rasgos para causar diversión. Yo creo que el primer caso está más o menos superado, y el segundo está fuera de nuestro alcance. Pues si a los derechistas se los presenta como fachas, a los sacerdotes como bobos, a las ancianas como cascarrabias y a los porteros como nulidades, ¿qué sentido tiene exigir que los homosexuales sean exonerados de ese peso y que se les muestre con naturalidad?
Sobre el primer caso, el de las series de televisión serias, remito a mi
post publicado hace pocos días en el que aludía a Greg Berlanti, guionista homosexual de éxito, quien disertaba en una entrevista publicada en Logo Online sobre la evolución de los papeles homosexuales en la televisión
seria.Sobre el segundo caso, el de las series hiperbólicas, podría poner como perfecto ejemplo
Los Simpsons, donde durante muchísimo tiempo hubo únicamente un personaje homosexual, encerrado en el armario pero transparente para todos los espectadores que tuvieran intención de verlo: Weylon Smithers. Ridículo y estirado, con voz de pito, cegato y enamorado de un anciano malévolo, el señor Burns. ¿Tiene sentido quejarse de que Weylon no es un modelo de homosexual? ¡Pero es que el pastor local no es tampoco un modelo de religiosidad, ni Homer de padre de familia, ni nadie es modelo de nada! Se llama hipérbole, exageración.
Sin embargo, es sencillo dejarse llevar y poner los ojos tan solo en las parodias que afectan a los gays sin tener en cuenta todas las demás. El problema reside en que eso resulta poco realista y perpetúa rencores
homosexuales que en nada contribuyen a hacer que las cosas nos vayan a todos un poco mejor.
Me aficioné a
Aquí no hay quien viva durante un mes, hasta que determinada propaganda me hizo alejarme del televisor. Pero ésa es otra historia. A lo que iba es a que en determinado episodio el sacerdote y una monja me parecieron una parodia grotesca de los católicos, y por un segundo lo encontré doblemente ofensivo. Es decir, caí en el mismo error que critico a otros. Sin embargo, pronto reparé en que esos dos personajes eran distorsionados en la misma medida que todos los demás. Así que, ¿por qué preocuparse?
En resumen, si
Queer as folk, esa serie supuestamente rompedora que tan buena acogida recibió de muchísimos homosexuales --y heteros--, no traza un retrato integral de los homosexuales, ¿por qué y cómo pedirle más fidelidad a todas las demás teleseries?
Etiquetas: editorial, enfoque gay, los simpsons, outer space, tv