Alí Babá y los 40 maricones, de Nazario
Alí Babá y los 40 maricones, de Nazario: "Una muestra del cómic de Nazario en el cómic recomendado por el Ministerio de Educación como material didáctico para 'Educar en Valores' a los alumnos de la ESO."
El enlace contiene material ofensivo.
En fin, al margen de las objeciones morales que podrían realizarse, creo que la iniciativa educativa del ME constituye un magnífico modo de fomentar una imagen estereotipada de los homosexuales. La homofobia derivada de este reflejo deformado de la vida gay vendrá a continuación.
Actualizado el 24/05/07:
El Ayuntamiento de Guadalajara retira un relato pornográfico de las escuelas primarias aunque considera que "no es para tanto" // "No es para tanto". Así opina el concejal de Cultura y primer teniente alcalde del Ayuntamiento socialista de Guadalajara, Jorge Badel, de un relato destinado a los niños de enseñanza primaria que incluye pasajes como éste: "Ella al menos podía ponerse remedio allí mismo sin acabar pringada del semen pastoso que, precisamente, la excitaba tanto (...) Todo era un duro pene en su mente ".
La palabra es bazofia, aunque no estoy seguro de estar pensando en el cómic.
Etiquetas: editorial, polémicas, prejuicios
Zerolo y otras cosas
Como tantos otros homosexuales, siempre he tenido la peor opinión --es decir, una opinión FEROZ-- de Pedro Zerolo, perfecto ejemplo del tipo de gay que no refleja los intereses ni el sentido común de este servidor. Me bastó echarle un vistazo un par de veces en entrevistas de televisión para forjarme una imagen mental de este pollo canario, y leer algún artículo publicado por Nación Gay, en el que se lo acusaba de convertir la celebración del Orgullo Gay en un lucrativo negocio personal, no hizo sino asentar la desagradable sensación que Zerolo me causaba. No está de más consultar Google para hacerse una idea de la variedad de reacciones que el abogado semi–venezolano suscita, lo cual demuestra que su presunto poder quizá no sea más que un juego de luces y sonido, un espejismo y una mentira, que carece de fuerza en la vida real. Zerolo no es EL gay, sino UN gay, una sombra entre la diversidad a la que únicamente el vacío moral, y la falta de buen juicio de no pocos gays y heteros, ha conferido una dignidad especial.
Saco a colación este asunto porque Zerolo ha enviado la última portada de la revista Zero, ocupada por la efigie de un favorecido Ruiz Gallardón, a unos pocos conservadores: Benigno Blanco, presidente del Foro Español de la Familia, la Conferencia Episcopal, órgano de decisión del catolicismo español, y a Federico Jiménez Losantos, líder intelectual/ moral de buena parte de la derecha liberal–conservadora española y polémico comunicador de radio. El motivo que aduce Zerolo es el de hacerles ver con quién se hacen la foto, lo cual demuestra la extensa y honda vacuidad del reivindicador GLBT reconvertido, no precisamente por arte de magia, en servil político del PSOE.
Pasa desapercibido a ojos del Manipulador Zerolo que es precisamente Losantos uno de los enemigos declarados más feroces de Gallardón. Sin ningún género de dudas: basta poner la radio o bajarse los mp3’s de la Red para darse cuenta de que Losantos y Gallardón engrasan sus armas desde extremos opuestos del espectro derechista (centrista, en el caso del alcalde). Y ha sido precisamente Gallardón quien ha demandado, bastante hipócritamente, dicho sea de paso, a Losantos bajo no sé qué acusación. No obstante, resulta magnífico que Zerolo haya comprado varios ejemplares de Zero para distribuirlos entre los jerarcas sociales (Foro), religiosos (Conferencia) y mediático–intelectuales (Losantos), pues, mientras él soltaba guita y estampaba los sellos en los sobres, varios pelmas de COGAM cancelaban sus suscripciones a la revista Zero con el pretexto, infame y perverso, de que el magazín le hace el juego al PP. ¡Cielo santo, no sé qué apesta más, si la miserable agresión a la libertad de expresión, o la fantasía de que Zero se ha aliado con los populares! Quizá sería ése un rasgo de sentido común que me induciría a cambiar mi propia actitud respecto a la revista...
Por cierto que, según he leído, la entrevista fue ofrecida en primer lugar a Miguel Sebastián, candidato del PSOE a la alcaldía de Madrid, además de diablo conspirador económico de las altas esferas político–financieras españolas. Ayer por la mañana le eché un vistazo a su jeta en televisión, y pensé que tenía un puntazo gay: no me costó imaginármelo entrando subrepticiamente en un macro cuarto oscuro o cosa parecida (la última vez que aludí desfavorablemente a los cuartos oscuros se levantó una gran polvareda, y mucho me temo que me mostré excesivamente cortés en mis respuestas: mi opinión sigue siendo igual de fiera). No sé si Sebastián es gay o no, y aun de saberlo a ciencia cierta no lo desvelaría, pues el outing es, a mi entender, un acto de fanatismo, pero, de serlo, y esto es más o menos público y notorio, no habría de sentirse demasiado solo tras los muros del armario: en este sentido, el PSOE es de lo más prolijo. Me pregunto si no deberían realizar una fiesta, invitar a unos pocos famosos y, con gran pompa y circunstancia y acompañamiento de grupos demodé de la Movida Madrileña, celebrar una sesión de puertas abiertas: ministros, vicetales, Gremlins, secretarios, todos esos gays, ¡espectacularmente expulsados de los humillantes muros del armario!
Una última cosa. Mientras buscaba determinada información para escribir esta entrada, he encontrado un magnífico artículo publicado por Horacio Vázquez–Rial en relación con los movimientos políticos y sociales gays, por expresarlo de algún modo, y aunque me ha parecido de lo más revelador, contiene una frase completamente absurda; dice así:
Zerolo no representa a los homosexuales, gente en general culta y avispada, nada fácil de engañar y menos aún de dirigir.
Pues bien, el hecho incuestionable es que existe todo tipo de homosexuales, y si me apurara, debería añadir que únicamente una minoría de ellos --o sea, de nos-- es tan culta, avispada y difícil de engañar y dirigir como sostiene el artículo. Por enésima vez: los gays, fuera de la cama, no somos diferentes.
Etiquetas: editorial, glbt, noticias, outing, polémicas
¡Ánimo!

Ánimo, bestezuela, ¡tú puedes! Ya sea en pie o de rodillas --probablemente de rodillas, con la boca llena--, ya sea boca arriba o boca abajo --probablemente boca abajo, mordiendo almohada--, ¡tú puedes, en tu mano está, dale duro! Pues si en la vida real eres incapaz de comportarte como Dios manda, haciendo frente, corriendo riesgos, Internet es tu perfecto campo de batalla. ¡Tú puedes, ánimo y adelante! Ningún daño causas, ¿uh? Soy más listo, escribo mejor. Un consejo de buen cristiano: ve con cautela. El mundo es feroz y siempre muerde. Un accidente, cáncer, ruina, enfermedad, muerte. ¡Ánimo, tú puedes! Sólo precisas de tu muñeca y tus dedos, como los simios con los que guardas un parecido tan estrecho. Dale duro. Ánimo... ¡tú puedes! Por cierto, cobarde, son sólo 4, espero que sepas disfrutar esa gran pérdida :)
Posdata: y por lo que más quieras, aprende a puntuar.
Etiquetas: editorial
El verdadero enfoque de enfoque gay

Nota introductoria: el verdadero «enfoque gay» se encuentra en este blog, de modo que compórtate como un chico listo y agrégalo a los favoritos/ marcadores de tu navegador web (si no es Firefox, hazte un favor: descárgalo ahora para navegar rápido y seguro. El link está al margen, en forma de bonito banner.]. Recomiéndalo a tus amigos. Comenta las entradas. Escríbeme un correo electrónico a la dirección que aparece en el margen superior derecho de la página: aunque puedes insultarme y ascender por la vía rápida en mi directorio de enemigos, también puedes hablarme sobre ti, sobre lo que opinas de este blog, sobre las aberraciones sexuales a las que eres adicto o sobre cualquier otra cosa (las sórdidas son altamente apreciadas). Por otro lado, existe un 5% de posibilidades, cálculo no científico, de que Enfoque Gay haga de ti una persona un poco más feliz. No renuncies, sé salvaje: ¡Enfoque Gay tiene la solución! //
Un
post publicado por Arturo, del blog de noticias AmbienteG, me ha hecho reflexionar sobre un par de asuntos y me ha impulsado además a escribir esta entrada.
El primero tiene que ver con nuestro foco de atención. ¿A dónde miramos, en previsión de qué y con qué disposición? En su entrada, Arturo se lamenta de que los personajes homosexuales son presentados con frecuencia en las teleseries como «mariconas», tipos envueltos en plumaje que degradan su orientación sexual y deterioran la imagen pública de todo el colectivo gay y lésbico. Sin embargo, habría que considerar primero que un número significativo de homosexuales son amanerados; de hecho, muchos gays que no ostentan pluma en su vida cotidiana, se desmelenan y la exhiben con el orgullo renacido del converso cuando se encuentran en el contexto adecuado: en una fiesta privada de gays o en locales de ambiente, por ejemplo. Eso me recuerda a una vieja profesora de francés, una perfecta esnob por la que jamás sentí la menor simpatía, que se movía por los pasillos del instituto con la gracia salerosa de una bailarina de cabaret; sin embargo, una vez que franqueaba las puertas del edificio y ganaba la calle, la muchacha se volvía tan recatada como la ejecutiva de un gran banco. Contexto, ¡contexto!
Así que cuando nos quejamos de que todos los homosexuales que aparecen en televisión tienen pluma, ¿cuál es el problema? ¿En qué consiste nuestro temor? ¿En que quienes no somos así desearíamos vernos reflejados con fidelidad --lo cual, de hecho, ocurre bastante a menudo, pero de eso hablaré más adelante--, o en que no consideramos digno que alguien poco masculino sirva para proyectar la imagen de todos los homosexuales, es decir, para representarnos? Cuestión que lleva a plantear otra pregunta: ¿tienen las teleseries una responsabilidad social, deberían tener una utilidad didácticas? De hecho, en Estados Unidos ocurre así, las series de televisión no sólo entretienen, sino que además educan (en opinión de algunos, para equilibrar las deficiencias del sistema de enseñanza, aunque me parece una opinión un tanto sesgada), pero en España... bueno, aquí uno ve literalmente cualquier cosa en cualquier programa, así que quizá sea demasiado tarde para seguir engañándonos. Los shows son productos comerciales al servicio de las finanzas de los productores, no de la sociedad; si por un momento se nos ocurriera forzar un cambio radical en el modo en que la televisión se aproxima a la sociedad, entonces lo más práctico sería bombardear las sedes de los canales de televisión y empezar desde las ruinas. Resultaría menos oneroso y más eficaz.
Por otro lado, ¿hasta qué punto es cierto que los homosexuales son dibujados como hombres promiscuos, afeminados y adictos a la prensa del corazón? En primer lugar deberíamos clasificar las teleseries entre verosímiles e hiperbólicas: las que tratan de reflejar la realidad tal y como es, donde los gays son presentados con una diversidad que se corresponde estrechamente con la realidad; y aquellas otras que tratan de forzar y exagerar los rasgos para causar diversión. Yo creo que el primer caso está más o menos superado, y el segundo está fuera de nuestro alcance. Pues si a los derechistas se los presenta como fachas, a los sacerdotes como bobos, a las ancianas como cascarrabias y a los porteros como nulidades, ¿qué sentido tiene exigir que los homosexuales sean exonerados de ese peso y que se les muestre con naturalidad?
Sobre el primer caso, el de las series de televisión serias, remito a mi
post publicado hace pocos días en el que aludía a Greg Berlanti, guionista homosexual de éxito, quien disertaba en una entrevista publicada en Logo Online sobre la evolución de los papeles homosexuales en la televisión
seria.Sobre el segundo caso, el de las series hiperbólicas, podría poner como perfecto ejemplo
Los Simpsons, donde durante muchísimo tiempo hubo únicamente un personaje homosexual, encerrado en el armario pero transparente para todos los espectadores que tuvieran intención de verlo: Weylon Smithers. Ridículo y estirado, con voz de pito, cegato y enamorado de un anciano malévolo, el señor Burns. ¿Tiene sentido quejarse de que Weylon no es un modelo de homosexual? ¡Pero es que el pastor local no es tampoco un modelo de religiosidad, ni Homer de padre de familia, ni nadie es modelo de nada! Se llama hipérbole, exageración.
Sin embargo, es sencillo dejarse llevar y poner los ojos tan solo en las parodias que afectan a los gays sin tener en cuenta todas las demás. El problema reside en que eso resulta poco realista y perpetúa rencores
homosexuales que en nada contribuyen a hacer que las cosas nos vayan a todos un poco mejor.
Me aficioné a
Aquí no hay quien viva durante un mes, hasta que determinada propaganda me hizo alejarme del televisor. Pero ésa es otra historia. A lo que iba es a que en determinado episodio el sacerdote y una monja me parecieron una parodia grotesca de los católicos, y por un segundo lo encontré doblemente ofensivo. Es decir, caí en el mismo error que critico a otros. Sin embargo, pronto reparé en que esos dos personajes eran distorsionados en la misma medida que todos los demás. Así que, ¿por qué preocuparse?
En resumen, si
Queer as folk, esa serie supuestamente rompedora que tan buena acogida recibió de muchísimos homosexuales --y heteros--, no traza un retrato integral de los homosexuales, ¿por qué y cómo pedirle más fidelidad a todas las demás teleseries?
Etiquetas: editorial, enfoque gay, los simpsons, outer space, tv
Gay escribe un par de comentarios
Acabo de leer un artículo publicado por
Matt Sánchez en el magazín digital de enfoque izquierdista
Salon.com. Un texto interesante, desde luego, aunque admito que no he encontrado una sola frase que no hubiera previsto; además, lamento que Sánchez no haya profundizado más en la descripción de sus convicciones políticas, que él envuelve con el genérico lazo del «conservadurismo». Me temo que esa etiqueta puede significar literalmente cualquier cosa. Ya dije en mi post de ayer que no tiene sentido conferir relevancia política a este asunto, aunque no soy el único que lo piensa: la mayoría de los blogueros situados a la izquierda en el espectro político, así como los blogueros homosexuales, y muy especialmente los blogueros homosexuales situados a la izquierda en el espectro político, han optado por utilizar esta golosa anécdota, artillería propagandística en toda regla, para, por un lado, hacer un par de bromas tontas, y por otro, verter acusaciones de hipocresía sobre los conservadores. Otra vez. Y ya van... ¿cuántas estrellas flotan en el cosmos? Se trata de un cliché bastante antiguo cuya potencia de fuego se redujo hace tiempo a un sencillo espectáculo de fuegos de artificio, pero que, al igual que estos, resultan efectistas y luminosos, captan la atención y proporcionan momentos de relax a las mentes infantiles: es decir, son «argumentos» útiles para reafirmar la fe de quien ya está convencido.
Siendo lo que soy, un homosexual de inclinaciones conservadores, así como un hombre envalentonado por mis propias contradicciones, me siento proclive a mostrar una simpatía natural por Sánchez. Él menciona, por cierto, a un personaje paralelo, una especie de anécdota plantada en mitad del vacío, un tipo llamado
Jeff Gannon. Fue Gannon corresponsal de Talon News en la Casa Blanca, donde al parecer se mostró bastante amistoso e indulgente con el presidente Bush. Como en el caso de Sánchez, se destapó finalmente su oscuro pasado: y es que Gannon había trabajado de chico de compañía. Finalmente declaró su homosexualidad. Y todo esto me induce a preguntarse si en Estados Unidos queda alguien cuyo pasado no albergue algún sórdido secreto. Por poner otro ejemplo, ahora sí, menos controvertido: el guapo actor
Simon Rex, ex rostro de la MTV y protagonista compartido de la teleserie
Jack y Jill, rodó algunas escenas de masturbación durante su adolescencia. (Si os estáis preguntando por qué me las arreglo siempre para introducir alguna anécdota de este tipo, he aquí la sencilla respuesta: «motores de búsqueda»).
En fin, Matt Sánchez, quien por otro lado ha negado mediante subterfugios --es decir, puede no haberlo negado-- ser homosexual, escribe y no–escribe en su artículo un par de cosas importantes: por un lado, refiere que lo que lo convirtió en cabeza de lanza de los republicanos (no necesariamente conservadores) fue su defensa contra toda esperanza del reclutamiento militar en la Universidad de Columbia en Nueva York, donde fue increpado por estudiantes a los que él califica de «anti–militaristas radicales»; por otro lado, Sánchez no describe
qué tipo de conservador es, aunque ofrece algunas pistas, como cuando alude repetidamente a la defensa de las libertades individuales. No existe, pues, ninguna contradicción formal entre considerarse conservador y tener un pasado en la industria del porno. Mejor aún, sostiene que fue su paso por ese negocio el que lo hizo abandonar el izquierdismo liberal (lo que lleva a suponer que se engloba en la categoría de conservadores sociales, pero esto es pura especulación).
Un par de notas finales. Una: las pretendidas mentes abiertas de la izquierda homosexual cuestionan la sexualidad de Sánchez, actitud farisea que dejó de sorprenderme hace mucho tiempo. Dos: gracias al artículo de la ex estrella del porno gay conozco a otro militar homosexual, un tal Rich Merritt, quien según parece suscitó una cierta controversia en medios estadounidenses cuando se desveló que además de interpretar el papel de gay en el cuerpo de marines, había rodado algunas películas clasificadas para adultos. Hoy trata de hacerse un hueco entre los liberales, pero mucho me temo que
sus reflexiones políticas resultan demasiado previsibles para otorgarles algún valor. Su historia,
aquí.
Etiquetas: cine adulto, editorial, gay america, glbt, polémicas
Gay, trans, homogeneidad

Steve Rothaus, del
Miami Herald,
publica un blog que se describe del siguiente modo en la cabecera de la página: «Steve Rothaus' blog for and about gay, lesbian, bisexual and transgender people throughout Miami and Fort Lauderdale». Sin embargo, la bitácora tiene un nombre más restrictivo : «Gay South Florida». Menciono estas sutilezas siguiendo
el rastro dejado por una tal Rachel en una de las entradas de Rothaus, en la que la mujer se queja de que incluir noticias sobre transexuales en lo que ella considera un blog gay fomenta los estereotipos. Inmediatamente la misma mujer publica un segundo comentario en el que se apercibe de la descripción (GLBT) a la que aludía antes, a pesar del nombre del diario online de Rothaus. Es una vieja historia no desprovista de interés: yo mismo
escribí una entrada sobre el asunto de la lucha conjunta de gays, lesbianas, bisexuales (orientación sexual) y transexuales (identidad de género). La diferencias de naturaleza son fundamentales y bastante evidentes, y por tanto no resulta extraño que algunos recelen de esta especie de esta comunidad de conveniencia.
No se me habría ocurrido insistir en este asunto de no ser porque durante los últimos días he recibido dos estímulos además del mencionado: en GayLife de About.com se preguntan si los homosexuales son liberales por naturaleza (mito 1), y en AmbienteG se hacen eco de que un político polaco aboga por prohibir la homosexualidad y el aborto mediante leyes centralizadas que tengan efecto a lo largo de toda Europa. Lo que me inquieta, y no digo que sea el caso, es que algunos piensen que la lucha por el aborto tiene alguna equivalencia con la lucha en favor de los derechos de gays, lesbianas, bisexuales... y transexuales. Si aceptamos que todos los homosexuales constituyen en conjunto una masa homogénea de conducta y de opinión, estamos negando su naturaleza (diversa), y por tanto su derecho a exigir que se les considere, por así decir, una parte consustancial de la Creación. Y sí, ésta es una reflexión típicamente conservadora. Y sí, mi intención es verter en mi blog la respuesta a la pregunta de GayLife: no todos los gays somos liberales. // Posdata: ni que decir tiene que la visión homogénea de la homosexualidad es el germen de lo que yo denomino
«homofascismo».
Etiquetas: editorial, glbt
Gay etiquetas, ¿más o menos perniciosas?

[Escrito el sábado tarde/ noche.] Ha sido un día cálido, nostálgico, muy evocador, y una brisa fresca empieza a soplar ahora junto con la noche que se abre camino. Cualquiera diría que en cuestión de doce horas hemos dado un salto mortal desde principios de marzo hasta mediados de mayo. En días como hoy echo de menos las vidas que no vivo, qué extraño. Albergo algunos sueños y, en fin, espero realizarlos algún día. Me gustaría poner rumbo a Estados Unidos, por ejemplo.
Bueno, al margen de eso estaba pensando, a la vez que leía los posts de Andrew Sullivan respecto a lo que él considera el conservadurismo genuino, en todas las etiquetas que existen y nos envuelven, en cómo nos facilitan la vida y, al mismo tiempo, en la mala fama de la que adolecen y en lo perniciosas que pueden llegar a resultar.
Recuerdo cierta cita con la asociación activista gay que he mencionado en alguna ocasión; estábamos discutiendo, algo bastante habitual, la relación de los homosexuales con la Iglesia católica. Se había mencionado a José Mantero, ese sacerdote tan vivaz, y algunos habían fantaseado con que el Vaticano tenía entrenados a algunos sacerdotes–sicario encargados de liquidar a los enemigos de la Fe. Yo respondí que esa película ya la había visto, aunque naturalmente no era más que un sarcasmo, a pesar de la buena relación que yo mantenía con el excéntrico treintañero que había proferido esa barbaridad. El caso es que llegado cierto momento, el tipo realizó un pequeño interludio para aclarar lo que todos teníamos ya bastante claro: qué son los activos, y qué los pasivos. Ni hablar de los versátiles o «demócratas», esa mayoría silenciosa. En ese momento, uno de los mandamases de la asociación, y moderador de las reuniones, lo interrumpió para explicar que las etiquetas no son buenas consejeras. Aquello me sorprendió, pues esas etiquetas son tan comunes en la vida cotidiana de los homosexuales, que de renunciar a ellas nos veríamos en la obligación de encontrar alguna sustituta. Quizá no sea muy romántico, pero no son pocos los que conciertan sus citas bajo la premisa de que «eres activo, eres pasivo o eres versátil», para no llevarse sorpresas de última hora. Así que, ¿por qué rechazar una herramienta tan útil? Más aún, algunos incluso preguntan desinhibidamente qué es lo que le mola a uno aun sin conocerlo. Estoy pensando en una noche en que quedé solo con un colega, aunque finalmente nos reunimos una pareja, él --no se conocían-- y yo en la barra de un local de ambiente. De pronto, y en medio de una conversación, mi colega les preguntó a los otros cómo «se organizaban». Creedme, no venía a cuento de ninguna forma. Se trató de un cambio de tercio en toda regla. Yo casi me atraganté con mi bebida, aunque los otros respondieron con aparente calma que eran «demócratas». No parecieron molestarse por la intromisión, de modo que me despreocupé, pero, cielos, ¡ni siquiera yo estaba al corriente de aquello, nunca se me había ocurrido inmiscuirme en la vida íntima de mis amistades, a menos que ellos tomaran la iniciativa!
Muchísima gente desprecia las etiquetas y opina que sólo sirven para parcelar la realidad. Sin embargo, es un hecho que los humanos necesitamos fraccionar las cosas para comprenderlas y evitar volvernos chiflados. No creo que las etiquetas sean nocivas de por sí, aunque ciertamente la incapacidad de muchas personas de combinarlas, organizarlas y observarlas con una perspectiva de conjunto puede hacerlas aparecer a nuestros ojos como auténticos proyectiles. Personalmente me siento cómodo con ellas y las utilizo a menudo para expresarme y para acaparar el mundo que me rodea. No me preocupa adscribir una novela al género de terror, ni denominar un rol sexual como activo o a un compositor como minimalista. Es más, me encanta contar con las palabras adecuadas para darme a entender, y, si una no es suficiente... bueno, para eso se inventaron los circunloquios. Así pues, puede que llamar a un homosexual obeso y peludo «oso» suene ofensivo a algunas personas, o que describir a otro como pasivo excluya gran parte de la naturaleza de ese tipo, pero es que, diablos, yo no pretendía describir toda la naturaleza de ese tipo: me limitaba a afirmar qué tipo de cosas le molan en la cama, él mismo me lo dijo. Y, ¿quién sabe?, puede que él mismo me lo demuestre. Oh, etiquetas, hermosas y útiles etiquetas...
Etiquetas: editorial
Gays y 3ª edad

Hasta donde sé, X y yo éramos los dos únicos varones homosexuales de la clase, y a menudo intercambiábamos comentarios sobre asuntos gays, por así decir, como por ejemplo discotecas del ambiente sevillano, roles sexuales (!) y estilos de vestuario. No es que aquel chaval y yo tuviésemos muchos en común, pero eso poco importaba. En fin, el caso es que en cierta ocasión, mientras hablábamos de Ítaca, la áspera discoteca hispalense sobre la que ayer publicaba una
entrada, X me preguntó si cuando me dejaba caer por allí los «viejos» no se dedicaban a molestarme, a rozarse conmigo y a dirigirme ese tipo de gestos repulsivos que algunos utilizan para manifestar interés sexual. Yo respondí que, honestamente, ningún anciano me había tirado los tejos en esa discoteca, y que, de hecho, se dejaban ver poco en la pista de baile, que es la zona que yo visitaba; los ancianos debían de recluirse en la sección exclusiva para hombres, situada tras una doble puerta de madera, y donde la oscuridad floreaba sobre decenas de tipos dispuestos a practicar sexo con un prefecto desconocido.
Otro chaval me confesó una vez, mientras tomábamos un café en
El Bosque Animado, que, al alcanzar cierta edad, se apartaría con elegancia del ambiente para no convertirse en el blanco de las burlas y los comadreos de los más jóvenes.
Si debo dividir en dos grupos a los ancianos asiduos al ambiente, trazaré una pequeña frontera entre las «viejas brujas», tipos corrompidos por una inclinación al vicio que ya nunca podrán satisfacer, y a quienes es fácil encontrar viendo películas porno en las puertas de los cuartos oscuros, a la espera de que algún joven aficionado a la geriatría caiga en sus vetustas manos, y aquel otro grupo, el de los viejos que llevan su edad con una cierta dignidad. Recuerdo que vi a una pequeña tropa de estos tomando café en un local frecuentado por adolescentes y veinteañeros, de modo que el contraste era especialmente obvio. Vestían decentemente, con una frescura decorosa y comedida que evitaba que resultaran ostentosos y grotescos.
Es fácil dejarse llevar por el impulso semi atávico, y en cualquier caso instintivo, de reírse de esos hombres que mendigan sexo a pesar de que eso los convierte, con bastante frecuencia, en objeto de un feroz desprecio. Además, resultan doblemente patéticos cuando se empeñan en importunar a los jóvenes a la espera de que, en un caso excepcional, alguno ceda a mantener una charla o incluso una relación sexual con ellos. Desde luego que es fácil sucumbir a la risa. Todos nos carcajeamos de todos, se trata de una pequeña guerra sin cuartel a la que incitan la soledad, la frustración y el eco de un dolor que, a menudo, nunca desaparece: el miedo a la desaprobación, el temor a la diversidad y el pavor ante la apremiante perspectiva de una soledad que, cuando comienza, ya no conoce final.
Sin embargo, convendría que anduviésemos con pies de plomo cuando contemplamos a tipos de más de sesenta años revoloteando por el ambiente, como aquella sorprendente réplica de Tony Curtis que solía dejarse caer por el
Isbiliya, otro mito de la escena gay sevillana. Y esa cautela no debería ser consecuencia sólo de que nosotros mismos llegaremos algún día, con un poco de suerte, a la vejez, sino también consecuencia de saber que esos tipos proceden de otra época...
Resulta doloroso pensar en la existencia que debieron llevar todo esos homosexuales que hoy son ancianos en tiempos de la dictadura y de una era en la que la diversidad social era poco más que un espejismo. Hombres y mujeres a quien se les prohibía amar, salir de fiesta con la desenvoltura con la que lo hacemos hoy y profesarse muestras de afecto en público. Pues bien, todos esos que sufrieron entonces son los que parecen buscar en la actualidad lo que se les escatimó en su momento. Y aunque no es pretexto para la falta de dignidad, sí se trata de una circunstancia merecedora de comprensión. // Nota: por lo que más quieras, corrige
esto antes de publicarlo.
Etiquetas: editorial, glbt, polémicas
No demasiado gay

[Escrito el jueves... o el viernes.] Uff, no he tenido el mejor de los días. Problemas con el acceso a Internet, dificultad para escribir, un feo asunto que afecta a las cañerías de mi casa. Alguien debe de
quererme mal. Además, si he de ser honesto, no estoy muy seguro de qué tema deseo tratar en este post, de modo que me limitaré a rellenar un par de párrafos, por cumplir con las formas, y dar la jornada por terminada. Presento mis disculpas desde ya, pero...
uff, no he tenido el mejor de los días.
Recuerdo que hace tres o cuatro años, cuando compartía un piso de estudiantes en Sevilla con un par de chavales gays, pregunté a mis compañeros en alguna ocasión si en su opinión existía un patrón al que debían ajustarse todos aquellos homosexuales que se dejaran ver por el ambiente. Uno de ellos, con quien había entablado una relación más o menos benéfica, por así decir, negó con la cabeza, adoptando una especie de expresión indescifrable que podía significar cualquier cosa y a la que terminé por habituarme. El otro respondió que había ciertas características que parecían reproducirse en el carácter de los gays siguiendo una especie de pauta, pero que de todas formas era algo que carecía de importancia. Les formulé esta pregunta porque siempre tuve la sensación de que el ambiente --o más bien determinadas zonas de éste-- era tan permeable a las particularidades individuales como unas botas de agua. No es que yo necesitara pruebas de que las supuestas permisividad y apertura de mente de los homosexuales no eran más que un mito, pero aquella época me sirvió para comprender un poco mejor el modo en que se comportan y relacionan determinado tipo de homosexuales.
En lo concerniente a mí, nunca he sido un tipo demasiado sociable, me muevo con suma cautela con independencia del
contexto, impulsado siempre por una desconfianza aprehendida a lo largo de la infancia y la adolescencia, y he utilizado esta especie de renuencia como la herramienta perfecta para observar con distanciamiento, y también con desapego y frialdad, al resto de las personas. Por otro lado, mi propio recelo, e incluso mi incapacidad de experimentar un buen número de sensaciones y emociones muy comunes, han hecho de mí una especie de sombra que se desliza por los márgenes: y es que, aunque siempre me introduzco en algún grupo, tarde o temprano, aliviado por el desapego del que hablaba, pongo pies en polvorosa, una vez he visto lo que había que ver (y comprendido que tampoco ese lugar está hecho para mí). Saco a colación este asunto no sólo para glorificar mi ego... sino también porque encuentro irritante, y desde luego de una hondísima necedad, esa inclinación que comparten algunos homosexuales para demarcar el comportamiento que ellos consideran digno, censurando --cuando no mostrándose activamente hostiles-- los casos en que un tipo de su misma cuerda sexual decide que pasa de seguirles el rollo. Suelo llamarlos homofascistas (supongo que, desde un punto de vista etimológico, esta palabra carece de sentido). De cualquier modo, los homofascistas son, junto con los homófobos, el principal peligro y la mayor rémora que afecta a toda la comunidad gay y lésbica. Impulsados por la agresiva convicción de que han de forjar un mundo a imagen y semejanza de sus rígidas fantasías, están equipados día y noche con un verdadero arsenal de armas propagandísticas. Y la propaganda es, como todos sabemos, una de las habilidades más notables de todo régimen fascista.
En fin, empecé a escribir este post con el propósito de rellenar una página, y ya lo he conseguido. Pero, dado que siento un profundo interés por este asunto, el del homofascismo y el de la nociva costumbre de muchos gays de moralizar tal y como han hecho a lo largo de la historia quienes ellos consideran, absurdamente, sus enemigos, rescataré el tema en un futuro para discurrir un poco sobre él y sobre las severas contradicciones que afligen a mis queridos fascistas de la homosexualidad.
Etiquetas: editorial
Acerca de // Los noes de Enfoque Gay

Muy bien, sientes curiosidad por la política editorial de
enfoquegay.com, así que aquí va. Un pequeño post pensando en ti :)
EG no es un blog dedicado al porno gay. Por algún motivo, buena parte de las bitácoras escritas por, y dirigidas al público homosexual, parecen ser galerías de vínculos a fotografías de hombres desnudos. Me temo que aquí el estilo es otro, incluso cuando publique entradas relacionadas con la industria X. La diferencia es que EG se centrará en las anécdotas y en no en el tamaño de los genitales de los actores. De esos blogs hay bastantes más de los que un único navegante podría visitar, incluso aunque abandonara el trabajo y su vida familiar y se dedicara por entero a salivar frente al monitor de su computadora.
EG no da por sentado que eres promiscuo, que pasas la noche de los sábados en un cuarto oscuro, que detestas la religión o que votas a según qué partidos políticos, guiado por tus preferencias afectivas y sexuales.
En EG los homosexuales no componen un grupo cerrado ni homogéneo, no colige que sus lectores invierten en ropa la mitad de su sueldo, y no asume como verdad de fe que a estos les mola
Queer as folk. Tampoco que sean fanáticos de
Operación triunfo.
En EG no hay prejuicios religiosos. Demasiados homosexuales viven una saludable relación con Dios, y con sus convicciones espirituales en general, como para admitir la leyenda urbana del ateísmo gay, lésbico y transexual.
Penúltimo: en EG molan el decoro, la dignidad y el buen estilo.
Último: a EG le encantas tú. :) Bienvenido.
Etiquetas: editorial