Gay asuntos desde el planeta Marte
Está bien, muchachos, tengo una docena de pestañas abiertas en mi navegador. Y esa docena de pestañas corresponde a una docena de páginas web cuyo contenido me propongo comentar en esta entrada. Ninguno de los asuntos referenciados me ha causado una sonrisa, debo admitirlo, y debo admitir también que quizá P., la encantadora compañera de instituto que me dijo que yo necesitaba a alguien con quien enfrentarme todo el tiempo para ser feliz, llevaba razón. Carácter Funcional, esos son mis apellidos.
Un lector de la columna de Andrew Sullivan --ya sabéis, el célebre bloguero católico, conservador, homosexual y oso-- le envía un mensaje sobre el recientemente fallecido predicador Jerry Falwell. Su mensaje comienza así:
[...] I really think that Falwell's legacy is simple... he brought fundamentalist' christianism out from under a rock and injected it into the daily conversation.
Lo cual significa, despojado de prejuicios, que Falwell elevó lo que el lector denomina «cristianismo fundamentalista» a la misma categoría que otras tantas ideologías radicales que protagonizan la vida pública norteamericana, como por ejemplo determinadas corrientes de izquierdas y geelebetés. No está de más que alguien afirme que la mesa es blanca cuando la mayoría mediática clama que la mesa es negra, aunque de hecho la mesa en cuestión es de color rosa flamenco. Resultaría sencillo extrapolar el caso americano a la vieja España.
Cambio de tema. Publica Gay.com una interesante noticia: Bush se une al Papa en el Paseo de la Infamia anual, y de este modo el círculo se cierra: tres protagonistas de la escena internacional congregados en el concurrido bulevar de los malo–malo–malo malvados. El tercero en discordia es el presidente de Irán, Ashmadinejad. El caso es que la lista ha sido confeccionada por Human Rights Watch, lo cual me hace pensar en Human Rights Campaign, la paranoica asociación moralizadora que atrajo mi atención y motivó la entrada «Gays que deciden por gays...» hace un par de meses. En dicho post me hacía eco de la acusación de homofobia que la HRC vertía sobre un fabricante de chocolatinas a causa de un anuncio emitido durante la super-bowl. Los creativos que idearon el spot se limitaron a reproducir una vieja broma que confundía virilidad y miedo a la homosexualidad, y los sicóticos de la HRC pusieron el grito --agudo, muy agudo-- en el cielo.
Supongo sin embargo que lo más interesante ha sido uno de los comentarios de los usuarios del portal. Compara a los homosexuales que apoyan al Papa con, bueno, con presuntos judíos que habrían colaborado con los nazis. Pero mucho me temo que esa analogía es demasiado endeble para tomársela en serio, y en realidad se limita a inocular una idea perversa en el cerebro de otros usuarios igualmente débiles mentales: a saber, que el Papa y Adolf Hitler comparten la misma inmunda magnitud. Nada nuevo, por otra parte, pues a Juan Pablo II se le acusó repetidamente de genocida por su postura en relación con el uso de métodos contraceptivos en África (la verdad ha sido siempre bien distinta). Por cierto que la HRW suscitó cierta polémica hace un par de años, entre otras cosas, por llamar a ETA banda separatista y por cuestionar la legitimidad del Gobierno español para dispersar a los presos terroristas. Y es que la previsión de que los últimos serán los primeros ha cedido paso a esta abyecta revisión: los culpables serán inocentes, que se ajusta mejor al estado de confusión generalizada actual.
De expressgaynews.com tenía intención de mencionar al sacerdote católico gay que desafió al presente Príncipe de los Obispos hace la tira de años, pero prefiero situar el foco sobre un artículo publicado por el editor de dicho sitio web, Phil LaPadula. Traduzco los párrafos primero y último:
El terrible y reciente asesinato de Ryan Skipper tuvo algo en común con casi todos los otros asesinatos de gays que he reportado para el Express: Los sospechosos, William Brown y Joseph Bearden, son ciudadanos caucásico nacidos en Estados Unidos.
[Sarcasmo: lo cual entronca, como es evidente, con la última parte:]
Quizás la próxima administración [de la Nación] admitirá que la verdadera solución a la tragedia de la inmigración ilegal requiera trabajar para transformar el cesto socio–económico que es el planeta Tierra. Quizá tendremos líderes que valoren la dignidad otorgada por Dios más que las fronteras confeccionadas por el hombre.
Lo significativo del editorial es la escasa consistencia con la que LaPadula asocia asuntos tan dispares como la homosexualidad y la inmigración ilegal. Sostiene el autor que los responsables de delitos cometidos contra GLBT’s suelen ser ciudadanos estadounidenses de pura raza, por así decir, pero excluye tramposamente de la ecuación varios factores relevantes: si lo que trata de hacer es dibujar una imagen mental favorable del modo en que los latinos se aproximan a la homosexualidad, quizá debería ubicar el análisis en un país hispanoamericano: le sorprendería comprobar que las ventajas con las que contamos los gays en España, hispana entre hispanas, no son precisamente la norma en el continente de ultramar. Sería asimismo adecuado que incorporara los datos de agresiones a todo tipo de personas, y no sólo los que afectan a GLBT’s. Por otra parte, no todos los homicidios en los que un gay es la víctima constituyen lo que se ha dado en llamar «crímenes de odio». Uno de los ejemplos propuestos engañosamente por PaDula es el asesinato del escritor de libros infantiles Alan Shalleck, ¡pero es que los dos homicidas, ambos varones, eran pareja! // Acabo de releer este párrafo y llego a la conclusión de que mi tesis no ha quedado clara: chicos, no os sintáis forzados a incluir la homosexualidad en todos los asuntos de la mundana existencia. Creedme, hay vida ahí fuera.
A propósito, el cantante Dave Hall publica un artículo escrito en primera persona en la revista Advocate. Hall es árabe y gay, y tras leer su texto uno puede resolver que los occidentales hemos destrozado un hermoso mundo edificado por la civilización árabe. Enrojezco a causa del sentimiento de culpa. Miradme.
Por cierto también que el especial de junio de Advocate dedica la portada a un guapo actor llamado T.R. Knight. Una rápida búsqueda en Google me pone sobre la pista y recuerdo el escándalo levantado por un compañero de Knight en Anatomía de Gray que lo había llamado «maricón». Fue un feo asunto, y más feo el modo en que se infló el globo. De hecho, creo que fuimos verdaderamente afortunados al confirmar que aquella polémica no provocó que el planeta Tierra estallara en mil pedazos. Pues bien, Knight tiene novio, cuyo rostro ilustra la presente entrada. Mono, ¿no? Es martes, feliz día.
Posdata: exacto, Sonia, me refiero a ése Alberto.
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Harlow Cuadra, George Michael y Jerry Falwell, en la sombra
[Parte de esta entrada hace referencia a sucesos y personajes relacionados con el caso Kocis. Puedes encontrar información introductoria aquí.] Un artículo publicado por PilotOnline.com sintetiza los datos más relevantes del documento acusatorio redactado por la policía en el que se sostiene la culpabilidad de Cuadra y Kerekes en el asesinato de Bryan Kocis. Aunque la mayor parte de la información había sido revelada previamente por otros medios de comunicación, así como reproducida en este blog, el texto al que aludo ofrece algunos detalles interesantes.
La cita que congregó a Cuadra y Lockhart/ Corrigan, junto con otros comensales, en la gala de la AVN celebrada el pasado enero en Las Vegas tuvo lugar en el exclusivo restaurante Le Cirque de la capital mundial del juego. En dicha reunión, los comensales llegaron a la conclusión de que el trabajo en equipo podría reportarles hasta un millón de dólares de beneficios. He aquí el perfecto móvil para un asesinato. Fue en esa ocasión cuando Cuadra, según un asistente, preguntó a Lockhart si se avendría a trabajar con él en caso de que Kocis desapareciera del mapa.
Por otro lado, era cierto que la reciente cita de Cuadra y Lockhart en una playa nudista de San Diego fue grabada por la policía. Según ha trascendido, Cuadra ofreció algunos detalles relevantes del crimen, con alusiones a que fue cometido casi como si se tratara de una venganza personal, y a que Kerekes se pasó de la raya (el cadáver de Kocis presentaba 28 puñaladas y heridas en el cuello).
Según el affidávit policial, los 4 participantes en la reunión de Le Cirque estuvieron también en la cita de la playa nudista, es decir, las parejas formadas por Cuadra y Kerekes, y Lockhart y Roy. ¿Es de suponer que el mismo sujeto que reveló los detalles de la conversación mantenida en Le Cirque, asistió a la fiesta nudista? ¿Grant Roy, quizá?
El 22 de enero de 2007, 2 días antes del crimen, Cuadra abrió ex profeso una cuenta Yahoo para ponerse en contacto con Kocis, y poco después empleó su tarjeta de crédito y su carné de conducir para alquilar el vehículo que habría de trasladarlo hasta el escenario del crimen. Cuando Cuadra devolvió el coche a la agencia, el automóvil había incrementado su rodaje en más de mil millas.
A estas alturas resulta difícil confiar en la inocencia de Cuadra.
Cambiando de tema, George Michael se declara al fin adicto a las drogas. Lo cual significa que todos estábamos en lo cierto al sospechar del barbudo cantante aficionado al cruising geriátrico.
Quien no debió de sentir en vida demasiada simpatía por George Michael y Harlow Cuadra fue el predicador norteamericano Jerry Falwell, carismático líder de movimientos cristianos conservadores que responsabilizaba a la homosexualidad, al feminismo y a los izquierdistas de la deriva moral estadounidense. Elmundo.es, diario habituado a publicar bastante basura sobre cualquier asunto vinculado con Estados Unidos, se hace eco de la noticia de la muerte de Falwell y no resiste la tentación de adoptar un tono editorialista. En cualquier caso, el fallecimiento de Falwell ha provocado un profundo alborozo entre numerosos gays, lesbianas, bisexuales y transexuales, o sea, geelebetés, y aunque comprendo el rencor suscitado por una vieja lucha entre dos formas de ver el mundo no necesariamente contrapuestas --aquí, los gays conservadores--, no puedo decir que vaya a tomar un trago para celebrar la noticia. No obstante, sí lo echaré por vosotros. Feliz domingo.
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¡Titanic y Spiderman no tienen nada de gays!
¿O tal vez sí?
Leonardo y Tobey: ¿Novios? El chisme a todo lo que da | terra: Según esto, Leonardo DiCaprio y Tobey Maguire asumirán próximamente su homosexualidad, y reconocerán haber tenido el romance en el pasado, publica en un artículo la revista sensacionalista Globe.

El problema de este tipo de noticias es que suelen revelarse falsas, y por tanto los fans homosexuales, que daban palmas con las orejas confiando en la posibilidad de sacar partido del asunto, se caen de un guindo. Y claro, se echan a llorar como bebés. Tranquilos, muchachos, todos sabemos que la heterosexualidad está proscrita en Hollywood. DiCaprio y Maguire deben de ser la excepción que confirma la regla... (Bueno, ellos y Tom Cruise, ese gran heterosexual.) (Y Keanu Reeves, amor platónico de mi juventud, que no se casó con el poderoso productor David Geffen pese a la información que anunciaba lo contrario. El problema reside en que un terremoto hizo trizas la
casa mansión de Reeves, y el pobre muchacho se vio forzado a cobijarse bajo los altos techos de Geffen...)
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Presentando a Andre Noble
Trastear por IMDB, el megaportal cinematográfico y televisivo propiedad de la pionera Amazon, siempre me proporciona un par de minutos de placer, sobre todo cuando descubro ese tipo de noticias inofensivas y morbosas a las que mi adictiva personalidad me mantiene aferrado. Por ejemplo, de este modo supe que Alexis Arquette era una especie de transexual, travestido o algo por el estilo, y que el abogado diminuto, prematuro y soperdotado que apareció en algunos capítulos de Ally McBeal había muerto a los 20. Unas noticias me hacen reír, y otras me embisten como trombas de agua helada. Mal asunto, cuando pierdes de vista por un momento que la vida es feroz, la realidad te da un zarpazo y empiezas a ver estrellas empapadas en sangre dando vueltas alrededor de tu cabeza. También tuve noticias mediante IMDB de la muerte de Sean Roberge, un feliz muchacho canadiense que trabajó (apareció fugazmente, más bien) en una de mis películas favoritas, En la boca del miedo, de mi amado e híper avejentado John Carpenter, y que compartía protagonismo en una teleserie sobre Tarzán que Telecinco emitió a principios de los ’90. El Tarzán era un alemán rubiales bastante atractivo, memorable y mal actor, Wolf Larson. En fin, el chico, Roberge, sufrió un accidente de tráfico y las secretas corrientes de viento que siembran y arrastran vidas lo hizo volar hacia lejanos parajes.
El caso es que a menudo echo un vistazo en IMDB para ver qué hizo la vida con las viejas glorias; me mueve la nostalgia, extrañamente una poderosa fuerza motriz en mi vida. Bien, de algún modo me crucé con Brendan Fehr, un verdadero guaperas a quien recordaba de una infecta película estilo sobremesa que vi hace años, y consultando su filmografía supe que había participado en Sugar, una película de temática gay rodada tres años atrás. En dicho film, Fehr interpretaba, según entiendo, a un chapero del ghetto gay de Toronto, Canadá, de quien se enamoraba un tal Cliff. Siempre he pensado que Cliff, Clifford, es un bonito nombre americano, tan puramente telenovelesco que mi pobre corazón no puede sino conmoverse cada vez que lo escucho. De modo que indagué un poco más profundamente en busca de información sobre el actor que interpretó a Cliff, Andre Noble, y así supe que había muerto en 2004 a la edad de 25 años. ¿No es una verdadera putada? Al parecer Noble era abiertamente gay, lo que lo emparienta con este blog, por si os lo estabais preguntando, y durante una visita a su hogar tuvo la infeliz idea de probar determinada hierba --era vegetariano--, lo que le provocó la muerte. La flor de marras era la aconita, zorrita vegetal rica en aconitina, un alcaloide venenoso: causa ardores en el tracto digestivo, a continuación en la piel, debilidad motora y respiratoria, finalmente muerte por asfixia: la víctima es consciente de todo el proceso. Entenderéis que cuando supe esto sentí vívidamente el golpe de un puño contra mi estómago. Saludos.
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Series gays: Will & Grace
El tiempo vuela sobre nuestras cabezas, nosotros permanecemos a la deriva. Un día próximo al verano estás sentado en el salón del piso que compartes con dos gays que conociste por Internet, instalado en el sofá frente el televisor, y de repente han pasado cuatro años y no tienes la más remota idea de qué ha sido de ellos. El caso es que dos de los tres inquilinos del piso compartíamos afición por
Will & Grace, la teleserie que se empezó a grabar allá por 1998, hace toda una eternidad, como podéis ver... casi da vértigo pensarlo. W&G resultaba bastante inofensiva, así que uno podía echarle un vistazo sin temor a que un desnudo imprevisto o una repentina relación sexual explícita entre dos hombres te pusiera en evidencia. Además era verdaderamente divertida. Fue una pena que La 2 de TVE dejara de emitirla, y ahora me pregunto qué ha sido de los actores protagonistas.
Las dos últimas referencias, por así decir, que tuve de
Sean Hayes, el actor que ponía rostro a Jack, el vecino vivaz, promiscuo e incapaz de ganarse el sueldo de Will y Grace, fueron las siguientes:
Pérez Hilton, Esa Cosa, trataba de forzarlo a salir del armario desde su infame blog, si es que en efecto Hayes es gay, y si es que en efecto permanece enclaustrado; en 2002 participó en la película
Martin and Lewis, en la que interpretaba a Jerry Lewis. Era una de esos largos abominables e inocuos destinadas a la televisión que los canales compran por lotes para emitirlos cuando nadie mira a la pantalla, o sea, a las mil de la noche. Nativo de Chicago, Sean Hayes puso rumbo a Los Ángeles, ciudad del cine, el crimen y el vicio, allá por el '95, y tiempo después acompañó al cantante country Kenny Rogers en un tour navideño. En 1997 protagonizó algunos anuncios comerciales, y de ahí, a
Will & Grace, hubo un solo paso. En 2001 salvó la vida a un tipo al que habían atracado y disparado en una carretera de Los Ángeles. Bien por él.
Eric McCormack, Will, tiene un bonito nombre con regusto gay y es un tipo bastante atractivo, pero me temo que lleva casado desde el '97 y ha dado a luz a un churumbelito. Canadiense de origen, recibió educación interpretativa formal y hoy día compatibiliza su trabajo de actor con el de productor ejecutivo. Como en el caso de la mayoría de hombres casados, no hay mucho interesante que decir de él. :)
Debra Messing, Grace, neoyorquina de Brooklyn, casada desde el 2000 y con un hijo, ha rodado últimamente un par de películas para la pantalla grande, es alérgica a flores y perfumes, y si algún fan fatal de la chica se siente preocupado por su estabilidad financiera, quizás le guste saber que desde 1986 ha sido propietaria de tres mansiones en Inglaterra. Y por cierto, le encantan los diamantes: supongo que eso también resulta revelador...
Megan Mullally, actriz que da vida a Karen, la superficial millonaria y amiga más o menos íntima de Jack, es vocalista de un grupo musical angelino, y su carrera parece concentrada en el medio televisivo. Nada más. Ni muertos en el armario ni fiestas de 3 días regadas con drogas y whisky caro. Decepcionante.
Por cierto, no daré por terminada esta entrada sin mencionar que comparto la pasión morbosa de Jack por
Cher, lo cual me sirve para subrayar que la actriz ganadora de un Óscar de la Academia, cantante y, en cierta ocasión, directora de cine, se dejó ver un par de veces en
Will & Grace. Maravillosa ella. Los episodios eran
A.I.: Artificial insemination y
Gypsies, tramps and weed. Una aparición de Cher es siempre excepcional, sin duda, pero no fue el único rostro conocido en poner los pies en los platós de W&G; de hecho, la lista es tan larga como sigue:
Jeff Goldblum --ese tipo pseudo–enigmático--,
Edward Burns --el chico guapo--,
Alec Baldwin --si Bush vuelve a ganar las elecciones, me marcho a Canadá--,
John Cleese --los Monty Python lo hicieron más o menos inmortal--,
Woody Harrelson --de
Cheers a los campos de marihuana--,
Sydney Pollack --actor, director, productor, arrampla con todo--,
Jennifer López --pues eso, Lo--,
Parker Posey --su nombre me resultaba familiar--,
Kevin Bacon --las fotografías de tus vergüenzas circulan por Internet, tío, ¡tápate!-,
Gene Wilder --
El jovencito Frankenstein, ¿para qué más?--,
Rosanna Arquette --de la nutrida familia Arquette--,
Tim Curry --
The Rocky horror picture show--,
Josh Keaton --ni idea, pero se le ve mono--,
Steven Weber --
The Weber show era una auténtica
miedra--,
Eric Stoltz --redención de todos los pelirrojos--,
Jason Pierce --un cuerpazo sin rostro por el que pelearse con las gatas del vecindario-- y
Jon Fleming --otro guapo de Dante's Cove--. Fin.
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Notas gays

Cuando comencé a escribir la entrada
«¿A quién ama Michael Lucas» publicada ayer aquí en
Enfoque Gay, mi intención primera era la de dedicar un post a las anécdotas de la industria del porno homosexual, pero me di por vencido antes de meter mano al asunto. Tenía en mente a un tal Bobby, quien además de protagonizar cintas calificadas X acude a programas de televisión para ganar unos dólares: era una vieja noticia y fui incapaz de localizar la fuente. Me sentí bastante frustrado, así que me olvidé del tema sobre el que tenía intención de discurrir y me quedé con Lucas y su afiliación dem

ócrata. Sin embargo, también el actor y chico de compañía Ethan Marc interpretaba un papelito en mi escena mental, pues el fulano ha sido acusado repetidamente de estafa y robo de tarjetas de crédito. Un feo asunto. Muchacho, ¿no tienes suficiente con pasarte el día en la cama acompañado de poderosos varones? Se conoce que no. Por cierto que Marc protagonizó alguna película junto a Jason Adonis, esa otra estrella gay aficionada a resolver los problemas a puñetazos. Sacudiendo el dedo frente al monitor manifiesto: tío, eso está muy feo. Y me has decepcionado.

Ok, ahora sí. Bobby, JJ o como quiera que se llame acudió a
El precio justo en cuanto tuvo la boca desocupada. Eso está bien, del plató de la productora porno al estudio de televisión. ¿Quién sabe?, puede que no hubiera mucha distancia.
Si no conocéis al escritor británico afincado en Estados Unidos Clive Barker, he aquí unos breves datos para poneros en antecedentes: en su momento fue uno de los mejores escritores de cuentos de terror, un autor verdaderamente original a quien Stephen King coronó más o menos como futuro de la literatura de horror. Sin embargo, da la sensación de que King erró en sus cálculos, y a día de hoy Barker parece más interesado en las artes plásticas que en la palabra escrita. Y es que, además de escritor, es pintor. Su obra resulta algo extravagante, y en todo caso «oscura y muy densa», por utilizar ese tópico tan previsible.

Asimismo Barker es gay, está casado con el fotógrafo afroamericano David Armstrong y vive en su mansión de LosÁngeles junto con su pareja y la hija de ésta. Pues bien, cuando preguntan al productor y director de cine porno gay, y transformista en sus ratos libres, Chi Chi LaRue, por su escritor favorito, él/ ella responde que no es aficionado/ aficionada a leer, pero que el último libro que ha caído en sus manos ha sido... hmm, bien, no recuerdo el título (soy yo, Seth, quien no lo recuerda), pero «es de Clive Barker y me lo regaló él mismo». Clive, Clive, no me vayas de moderno, por lo que más quieras. Que tienes una hija.
A propósito, sin novedades en el frente del
caso Kocis, a quien asesinaron el pasado febrero con más de 20 puñaladas. Luego prendieron fuego a la casa, y esto suscitó una especie de polémica grotesca --o caza al asesino-- sobre quiénes serían los posibles responsables del crimen. Me muerdo las uñas a la espera de que salte alguna nueva noticia. No obstante, enfriado el ambiente tanto en Internet como en los medios de comunicación estadounidenses que se hicieron eco de la noticia, puede que la Policía responsable de esclarecer el caso no le dedique sus mejores esfuerzos. La víctima nunca fue un modelo de nada, para qué engañarnos.
Cambiando de tema pero sin abandonar Estados Unidos, esa tierra prometida por la que profeso una pasión tan profunda y romántica, y de la que REM,
el esquimal aragonés, debería ofrecerme detalles de primera mano: en Utah, el Estado matriz de la Iglesia de los Santos de los Últimos Días, el Mormonismo --polémica religión que aprueba la poligamia y sostiene que Nuestro Señor Jesucristo anduvo por tierras americanas--, la sodomía sigue siendo un delito excepto dentro del matrimonio --heterosexual, se entiende--, lo cual se opone a la jurisprudencia del Tribunal Supremo motivada por un caso anterior. Veremos en qué queda este asunto, porque, bueno, supongo que los mormones gays seguirán dándole al tema. O puede que no. De cualquier forma, se trata probablemente de una de esas leyes excéntricas pero inofensivas por la que jamás nadie es juzgado. Es más bien de una cuestión de principios, yo creo, y en este caso ha sido el senador Scott McCoy, único gay «visible» del Senado de Utah, quien propuso llevar adelante la enmienda. Pese a que no fructificó, es obvio que realizó un buen trabajo. Leo la noticia en
365gay.com, vía Gay South Florida.
Desearía decir
algo más antes de terminar: Entras en una tienda de electrodomésticos, preguntas al dependiente, un hindú de 100 kilos y cabeza de búfalo vestido con una impecable camisa blanca, si vende auriculares, él niega con expresión adusta, sacudiendo su poderoso cuello, y abandonas la tienda. Una confusa sensación de desagrado se ha instalado en tu cerebro.
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¿A quién ama Michael Lucas?

Michael Lucas es actor, productor y director de cine porno gay. Michael Lucas tiene un ego del tamaño de uno de esos satélites que orbitan en torno a la tierra, y está situado más o menos a la misma altura. Michael Lucas parece interesado en la vida política estadounidense, además de mantenerse al corriente de lo que se cuece en la escena política internacional.
Quizá recordéis a
Howard Dean, el gobernador demócrata de Vermont que pretendió una vez acceder a la Casa Blanca. Pues bien, Dean contó con el apoyo de Lucas; la fotografía superior corresponde a una de esas reuniones que los políticos norteamericanos celebran para recaudar fondos. A la derecha, Dean. Con boina, Lucas. Detrás, hombres gays más o menos atractivos.
Pero no es sólo Dean quien recibe sonrisas y besitos del bueno de Lucas. Rodríguez Zapatero, presidente del Gobierno español, es también destinatario de cartas de amor; me pregunto si Lucas posa los labios sobre el papel y lo rocía con perfumes caros.
Escribe Lucas:
¡Guau! Aquí, señoras y señores, está un verdadero estadista, no sólo un político. Imaginad a Bush diciendo algo tan elocuente como eso. Hmmm... ¿por qué no puede Bush ser como Zapatero? ¿Por qué ese país tan católico, tan conservador, que tuvo a Franco en el poder hasta 1975 puede hacerlo y nosotros, el país más poderoso y supuestamente ilustrado del mundo, no podemos?
Michael Lucas, sí señores, un analista político en toda regla. Y es una verdadera pena que el sarcasmo escrito pase desapercibido tan a menudo.
Cambiando de tema, ¿os gusta
‘N Sync (caray,
qué feotes y potencialmente gays son todos)? Ya sabéis que uno de los miembros del grupo floridano que catapultó a la fama a Justin Timberlake,
Lance Baas, es homosexual. Sabréis también que el bueno de Baas mantuvo una relación sentimental con el ex militar, modelo, presentador y bla, bla, bla Reichen Lehmkuhl. Siempre me he preguntado si ese tipo, Lehmkuhl, que es a la vez guapo y todo lo contrario, no asistía a fiestas de piscina en la soleada California, y ahora recibo contestación: yo estaba equivocado.
Sí lo hace. Con el torso al aire y acompañado de hombres barrigudos vestidos con camisas a cuadros. [Lo siento, sencillamente no sabía qué escribir ni tenía muchas ganas de hacerlo. Y es que, en contra de lo que la gente piensa en el mismo momento de conocerme, no soy infalible. Mañana será mejor.]
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Christian Chávez, gay
No me interesa
Rebelde, teleserie mejicana en la que actúa, ni RBD, grupo en el que canta, y tampoco me quitan el sueño los escandalosos colores de su pelo. De hecho, que
Christian Chávez sea gay me la trae al pairo. Punto. Pero el chico se casó con su novio, hoy marido, en Canadá, ese país tan curioso encaramado encima de Estados Unidos, y las fotos han sido publicadas, contra su voluntad, hace un par de días. O sea, le han hecho
outing, escopetado fuera del armario. Una pena. Pese a sus mejores intenciones, me temo que sus días como estrella multidisciplinar están contados, a menos que la sociedad mejicana esté falta de un mono con platillos y fez para entretenerse. Lamento ser tan crudo, pero las cosas funcionan así. Si no tiene talento, y si todo su poder reside en seducir a las adolescentes, entonces el cartucho está quemado. Si me equivoco, mejor para él. Por cierto, el muchacho, nacido en el '83, ha publicado en la web del grupo una carta llena de tópicos y buenas intenciones, por un lado, y de los miedos que frustran a
tantísimos homosexuales, por otro.
Recomiendo leerla, al menos el comienzo. // Ahora, los créditos: me enteré vía
ambiente.us y me empapé de detalles y opiniones en
Latin Gossip: atención a los previsibles mensajes de las fans histéricas:
Christian no es gay. Pues sí, tía, ¿qué pasa? // Las fotos del bodorrio, bastante cutre, dicho sea de paso,
aquí. No obstante, una boda es una boda, y le deseo lo mejor a los contrayentes: matrimonio para toda la vida y sin "parejas abiertas" ni "tú a Ft. Lauderdale y yo a San Francisco" durante las vacaciones de verano... :P // Posdata: ¿¿¿
el guapo impagable de Eduardo Xol es gay??? >> Uff, James Ellroy no lo habría hecho mejor.
Interesante post en Latin Gossip.
Etiquetas: celebridades, outing
Estrella del porno gay, muere

Vaya, informa
AmbienteG que el actor de cine adulto Brett Mycles murió a causa de un ataque cardíaco mientras dormía. Tenía 29 años y en su momento fue uno de los buques insignia de la productora Jet Set, que ya debe de estar habituada a este tipo de pérdidas. Otro de sus rostros más significativos, Dante, murió a los 24 debido a un aneurisma cerebral, aunque esto sucedió allá por el 2002. Más recientemente, el actor gay
Rocky falleció a causa de un cáncer relacionado con el SIDA, como publicó Enfoque Gay en su momento. Igualmente dramática fue la muerte del influyente director y productor de cine para adultos Bryan Kocis,
cuyo asesinato suscitó hace pocas semanas un encendido debate sobre las causas del homicidio, así como sobre los posibles sospechosos. // Más noticias sobre la industria del porno gay,
aquí; más información sobre el
«caso Kocis», relacionado con diversas personalidades del negocio del sexo,
aquí.
Etiquetas: celebridades, cine adulto, noticias
Gay Simpsons

El pasado 24 de febrero publiqué una entrada sobre
personajes gays en Los Simpsons, y en los dos episodios emitidos esta noche hemos asistido a otro par de curiosas revelaciones. Por lo visto, Waylon Smithers alberga más de un secreto relacionado con su sexualidad: que es gay y anda enamorado del señor Burns lo sabíamos todos, la novedad reside en que parece interesado en recibir algún tratamiento hormonal para desarrollar su faceta femenina, por así decir. Mientras tanto, descubrimos también que el actor de acción en horas bajas
Rainier Wolfcastle, más o menos inspirado en el actual Gobernador de California,
Arnold Schwarzenegger, rodó películas pornográficas homosexuales en su juventud. Qué cosas...
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Gay marine

Recuerdo un divertido episodio de
Los Simpsons en el que Homer decidía alistarse en la marina estadounidense a la vez que Bart se ponía un pendiente en la oreja siguiendo una súbita moda escolar. Durante la entrevista de reclutamiento, el encargado entregaba a Homer un pliego de preguntas, una de las cuales había sido tachada. Sin embargo, Homer hizo el esfuerzo, cosa rara en él, de ver lo que había debajo, y descubrió que la cuestión emborronada hacía referencia a la orientación sexual del candidato: «¿Es usted gay?», decía el vergonzoso apartado.
He recordado ese capítulo mientras leía una noticia sobre el primer soldado norteamericano herido en la Guerra de Irak. Se llama Eric Alva, perdió una pierna,
que hoy sustituye una prótesis, y acaba de salir del armario. La imagen que acompaña a esta entrada corresponde al rostro de Alva, que estaba destinado en misiones de logística del cuerpo de marines cuando sufrió la explosión de una mina, si no lo he entendido mal.
Alva está luchando por la abolición de política «
Dont’s ask, don’t tell» (No preguntes, no lo digas) que rige hoy la relación de gays y lesbianas con la Armada de Estados Unidos. Instaurada por Bill Clinton durante su primer mandato, consiste básicamente en que los miembros del ejército mantendrán la boca cerrada sobre su orientación sexual, mientras que el ejército no realizará ninguna averiguación al respecto. Es obvio que por este motivo comencé el presente post con aquella alusión a la pregunta tachada de
Los Simpsons. El
convincente argumento de Alva sobre este asunto es, por un lado, que él se alistó en la Marina para luchar por la libertad de todos, no solo los GLBT, y por otro, que la actual Guerra de Irak necesita de hombres y mujeres capacitados, y que no tiene sentido discriminar a ningún ciudadano en posición de defender a su país. Como se ve, los motivos son dos, uno de naturaleza moral, y otra de naturaleza práctica.
Por cierto, no había pensado hasta ahora en qué duchas deberían asearse los gays: los hombres podrían sentirse incómodos, las mujeres podrían sentirse excitadas, y entre los propios gays podrían... bueno, podrían organizar una orgía militarista a la que vosotros, lectores con inclinaciones poco nobles, pagaríais por asistir... En lo que a mí concierne, cuando, en mi época de educación secundaria, compartía aseos con otros chavales, aquello era cualquier cosa menos excitante.
También desde Estados Unidos llegan noticias --en realidad no llegan, acudo y las recojo-- sobre la alusión de Ann Coulter, la polémica escritora conservadora a quien mencionaba hace un par de días, a John Edwards, el segundo de abordo en el equipo del derrotado John Kerry, como «faggot», «maricón». Andrew Sullivan, conservador, católico y gay, escribe
un interesante post respecto a este asunto. No obstante, me temo que yo no lo tengo tan claro como él; de hecho, y pese a lo que uno podría pensar en un primer momento, no lo tengo claro en absoluto. Pensaré en ello.
Cambiando de tema, y aunque sé que la siguiente noticia es más vieja que el odio, esa estimulante emoción, me parece una curiosidad que merece ser reproducida a lo largo del espacio y del tiempo, como los grandes poetas y los hombres guapos: eternos. ¡Juas! Sobre John Travolta, antes marcado con el sello de
Fiebre del sábado noche y hoy con el de la Iglesia de la Cienciología, ha recaído siempre la alargada sombra de la homobisexualidad. Ciertamente, la imagen que acompaña a estas líneas no hace mucho por resolver el misterio. Feliz fin de semana,
babies....
Posdatas: está siendo un invierno curioso, con mucha niebla y casi cálido. De hecho, en este momento hace calor: verano, verano. Anoche terminé de leer
Los Borgia, de Mario Puzo, y, como me ocurre cada vez que finaliza mi camino, un viaje romántico, épico, lo que fuere, sentí la presión de las lágrimas en el fondo de los ojos. Quizá sea un romántico, después de todo...
Etiquetas: celebridades, gay america, glbt
Gay rumpy-tumpy
Lo último que desearía sería frustrar vuestros sueños, pero una vez más me ha tocado llevar a cabo el trabajo sucio y me propongo hacerlo con la mayor dignidad. Una incisión profunda y limpia, así, muy bien, y asunto concluido. ¿Soñabas con ser un guionista ítaloamericano y gay en Hollywood? Pues ¡despierta! Ese papel ya está pillado por
Greg Berlanti, el tipo de la foto. No está mal, ¿verdad? Tan cierto como que la envidia os corroe. La meca del cine está repleta de hermosos rostros a los que nadie con el sentido de la belleza lo bastante desarrollado renunciaría a acariciar, y escribir guiones es un medio tan bueno como cualquier otro de rozarse inopinadamente con ellos. Un movimiento suave, eso es, ¿quién sabe?, puede que ésta sea tu noche de suerte, muchacho. Greg Berlanti cuenta unos 35 años, ha escrito el guión de algunos episodios de
Everwood y ahora está enfrascado en una nueva serie,
Brothers & Sisters, en la que hay cabida para, al menos, un homosexual interpretado por un tal
Matthew Rhys. Lo saco a colación porque
primero AfterEllen.com, y
a continuación Logo Online publican la misma entrevista a Berlanti; es muy interesante y trata una amplia variedad de asuntos, desde cuestiones personales, como por ejemplo la manera en la que el guionista/ productor/ director se abrió camino en la devoradora industria del espectáculo, hasta la inclusión de personajes gays en series de televisión. Me ha parecido especialmente revelador lo que Berlanti manifiesta en relación con el tratamiento de la homosexualidad en la era post
A dos metros bajo tierra: ahora constituye un compromiso con la dignidad exhibir a gays y lesbianas en el mismo nivel de verosimilitud que a cualquier hetero.
Conque guionistas gays, ¿eh? De pronto me vienen a la cabeza Darren Starr, de
Sexo en Nueva York y
Melrose Place, y Alan Ball (oh, tío,
cómo te odio), de
A dos metros bajo tierra y
American Beauty. Hollywood, mundo del espectáculo, estrellas de cine, egos inflamados y fiestas que se prolongan durante 3 días. Monstruos, habéis destrozado nuestras vidas...
Qué tiempos aquellos en los que
Melrose Place daba cancha a un personaje homosexual, un rubito pálido, blandengue y romanticón que en nada se parecía a la imagen mental que uno se había creado del gay angelino. El actor que lo interpretaba, Doug Savant, anda metido a día de hoy en
Mujeres desesperadas. Bastante menos atractivo era Stanford, de
Sexo en Nueva York, aunque tenía gracia y picardía. El mejor amigo de Carrie Bradshaw sufrió, como todos, un par de disgustos amorosos y ciertas frustraciones, ¡pero es que miraba sólo a los más guapos! Pensándolo bien, me recuerda al hermano de una chavala a la que conocía; el muchacho no era precisamente una belleza, y se empeñaba en que le presentáramos a los bombones más dulces de la discoteca. Si la memoria no me es infiel, ninguno picó. No obstante,
Stanford Blatch/ Willie Garson se agenciaba a un quesito, un tal
Marcus/
Sean Palmer, bailarín de profesión en la vida real, que había trabajado de chapero. Qué–fuerte, tía.
Ciertamente, como afirma Berlanti en la entrevista a la que aludía al principio de la presente entrada,
A dos metros bajo tierra constituyó un verdadero aldabonzazo y obligó a todos los productores... o, al menos, a aquellos con ganas de hacerse respetar... a proyectar a los personajes homosexuales de un modo más maduro. La verdad es que no seguí la serie de principio a fin --la inestabilidad de los horarios tanto de A dos metros como los míos propios frustraron nuestra feliz relación--, de modo que no conozco el viraje moral completo del personaje gay,
David Fisher, pero conservo una parte en la memoria. De hecho, fue David el cebo que me mantuvo sujeto a la serie durante los primeros capítulos, y es que ver reflejado en la pantalla a un gay conservador me llenó de gozo. Mi gozo en un pozo, sin embargo, cuando su vida se convirtió en una película porno, con felaciones improvisadas con un fontanero incluidas. Quién te ha visto y quién te ve, colega. Ese concepto de «pareja abierta» tampoco tiene buena fama en mi cabeza, de modo que supuso otra pequeña decepción. David pasó de rogar fervorosamente a Dios para que le ayudara a aceptarse tal y como era, a convertir la sexualidad en un juego de mesa. No obstante, al mismo tiempo la superdotada novia de
Nate,
Brenda, se despojó de su traje de virago y se volvió un poco más conservadora, por así decir, aunque «contenida» sería una palabra más
ajustada.
Qué curioso cómo han ido cambiando los papeles gays a lo largo de los años. Otro ejemplo saludable es
Will & Grace, que no solo era auténticamente desternillante, con mi inolvidable
Karen Walker a la cabeza, sino con un protagonista, Will, que no sólo era gay, sino también perfectamente funcional. Y no es que su vecino y sin embargo amigo no fuera un hombre capaz, pues comparto su pasión por Cher y eso lo respeto por encima de todo, nunca podría criticar a un colega... pero, bueno, dejémoslo en que quizá Jack debería sentar cabeza. En todos los sentidos.
Aquí en España, mientras tanto, tenemos a ese muchacho de
Motivos Personales.
Jan Cornet. Muy mono, sí señor. Muy mono.
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Gala de los Oscars con G de Gay
Este año, como el año pasado y, de hecho, como los 26 últimos años, no he seguido la gala de entrega de los Oscars. Peor aún, ni siquiera sé muy bien quiénes han ganado qué estatuillas, todo lo cual me sitúa en la mejor posición para afirmar que ha sido ésta la celebración más gay de toda la historia. Incluso más que aquella en la que Ian McKellen, el tipo de
El señor de los anillos, acudió en compañía de su novio, Nick Cuthel, varias vidas desperdiciadas más joven que él. El chico ofrecía ese aspecto apuesto y un poco peludo por el que siento un respeto tan profundo, y se rumoreaba que si el mozo pasaba el brazo por la cintura de McKellen era para disfrutar de las mieles de Hollywood, pero no soy quién para cuestionar el amor de una pareja. Y si dudo, aunque solo sea por un segundo, de los motivos del modelo para satisfacer las necesidades afectivas de McKellen, que me haga rico como por ensalmo en este mismo momento.
Leo en AmbienteG que Melissa Etheridge gana un Oscar por la canción de la película de fantasía
Una verdad incómoda, y que le endilga un beso a su novia, Tammy Lee Michaels. Bueno, eso es bastante gay, sí. Un punto. La anfitriona de la gala fue Ellen DeGeneres, una reconocida lesbiana que piensa que Penélope Cruz es mejicana, lo cual suma otro punto; sin embargo, el error en cuestión resulta muy poco gay, ya que la Cruz, la ex de Cruise, de Damon, de McConaughey y de todos los demás, procede del país de Ibiza, las Canarias y Sitges. No obstante, todos sabemos que Penélope Cruz es una especie de musa gay, lo cual suma punto. Por otro lado, la mitad de los guionistas de Hollywood son gays, lo que equivale a otro puntito, al que debemos sumar inmediatamente el punto referido a Jack Nicholson, un hombre de edad avanzada con gafas de sol y expresión lascivo–perversa: si lo embozamos en una camisa hawaiana y lo abandonamos a su suerte en las festivas playas de Miami, resultaría bastante gay.
Sin embargo, la galardonada con el Oscar a la mejor actriz de reparto, Jennifer Hudson, hizo juegos malabares para compatibilizar su fe cristiana con el respeto a los homosexuales, y eso resta punto. Punto que se recupera gracias a que Dios es grande, como sin duda la chica atestiguaría, así que ni fu ni fa.
El premio a la mejor película fue a parar a las manos del productor de
Infiltrados, que está protagonizada por Leo Dicaprio, leyenda gay, lo que suma 1 punto. Al Gore subió al estrado y recibió una ovación de un público mayoritariamente demócrata. Fue un aplauso decididamente gay, así que... punto arriba. Gore es familiar del escritor Gore Vidal, gay, lo que añade 1 punto, y dado que Vidal escribió la novela de temática gay
La ciudad y el pilar de sal, eso supone un punto adicional. Puesto que
realicé algunos comentarios sobre dicha novela en este blog, que está relacionado con temas gays y
tiene una opinión muy poco benéfica sobre los cuartos oscuros, eso supone punto. Dado que yo mismo soy gay, pienso que agregar 1 punto estaría plenamente justificado. Por cierto que el ex vicepresidente Al Gore subió al estrado no solo para poner de manifiesto que Hollywood tiene fuertes inclinaciones políticas, sino también a causa de esa película suya,
Una verdad inconveniente, que está dirigida por David Guggenheim, esposo de Elizabeth Shue, hermana de Andrew Shue, que trabajó en la teleserie
Melrose Place, en la que había cabida para un homosexual bastante blandengue, lo que vale por, digamos, un punto.
En fin, podría seguir con mi lista de puntos hasta el infinito y más allá para demostrar que la gala de este año ha sido la más gay de todas las celebradas jamás, pero pienso que ya he aportado pruebas suficientes que apoyan mi teoría. Gracias por su atención y hasta el próximo año. Punto.
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Gays en Los Simpson

Mira, tío, ni me gusta ni me disgusta, pero alguien tenía que poner el dedo en la llaga, y estoy dispuesto hacerlo yo mismo si eso es lo que se tercia, así que ahí va: algunos ciudadanos de Springfield son homosexuales. Y no me pongas esa cara, maldita sea, después de esto no me apetece ver tus ojos rodando sobre la mesa. Así está mejor: las cosas no van a cambiar porque enseñes hasta el último diminuto capilar de tu esclerótica. En fin, como te lo digo, a una pequeña fracción de esos bichos amarillos les gusta... ya sabes, el vicio francés, por así decir, son unos sátiros, en plan blando o en plan duro, a pelo o a plástico, casta o salvajemente, el caso es que les mola retozar con personas de su mismo sexo. ¿Que te de algún ejemplo? Macho, estás empezando a mosquearme. No llevo bien que duden de mi palabra. Pero si tan importante es para ti, aquí tienes tus jodidos ejemplos.
¿Recuerdas a Waylon Smither? Ajá, pues el tío lleva enamorado de su jefe, el señor Burns, desde que las uvas crecían de los naranjos. Caray, si incluso tiene una foto del viejo como fondo de escritorio de su ordenador, y en cierta ocasión, creyendo que se avecinaba el fin del mundo, le encasquetó un beso en los morros. Creo que Montgomery Burns prefirió pasar del asunto, pero por viejo que esté y por mucho que le patinen las neuronas, debe de conservar astucia suficiente para percibir este tipo de...
sutilezas. Por cierto que Smither tuvo un rollo, o eso se dio a entender
en cierto capítulo, con un personaje inspirado en
John Waters, ese director de cine tan
kitsch, al menos esa impresión me llevé yo. El personaje del que te hablo apareció únicamente en un episodio en el que Homer temía que Bart fuera gay, y al final el tipo, el del bigote, el
kitsch, terminó salvándole la vida. A Homer, me refiero, y de este modo tu ídolo color plastilina empezó a reconocer que, bueno, que quizás los gays no sean tan nenazas. Sin embargo, está bastante claro que la fijación de Smither con el viejo cascarrabias se debe a que éste lo acogió cuando el padre de aquél, de Smither, murió a causa de la radiación en una cabina de la central nuclear.
Venga, tío, no me toques las narices. Sé muy bien que un ejemplo no es suficiente, pero necesito un poco de tiempo para aclararme las ideas. Verás, Patty Bouvier, una de las hermanas de Marge, es lesbiana, a pesar de esa furiosa obsesión que la ata a McGuiver. El caso es que llegó a proponerse contraer matrimonio con otra mujer en
el episodio en que Homer oficiaba matrimonios entre homosexuales. Con bastante éxito, dicho sea de paso. No obstante, resultó que la otra mujer era un hombre disfrazado... lo sé, resulta tan bizarro que me da vueltas la cabeza... pero la unión se canceló antes de que los contrayentes pronunciaran el «sí, quiero» de rigor. ¿Lo ves? Ya van dos, pero alguno queda por ahí, si no me equivoco. Déjame pensar...
Oh, claro. Los siguientes springfildianos podrían ser gays, aunque, como tantas otras cosas en
Los Simpsons, las cosas no están del todo claras. Por ejemplo,
Milhouse Van Houten fue calificado por un psicólogo escolar como homosexual latente, si bien es cierto que padece un severo caso de enamoramiento de Lisa Simpson, que es demasiado guapa e inteligente para caer en las redes de ese niño completamente grotesco y horrible. Así que dudo que jamás llegue a existir un verdadero contacto... contacto íntimo, ya me entiendes... entre esas dos cándidas criaturas. Tampoco está muy claro que Lenny y Carl sufran una atracción afectiva–sexual latente, aunque bien podría ser el caso; es lo que yo he sospechado siempre, pero, hasta que les vea unir las bocas en un beso apasionado y liberador, no estaré seguro de nada. ¿Y qué decir que Rod y Todd, los hijos de Ned Flanders? Sé muy bien que todavía son demasiado jóvenes, pero, ¿qué hay del futuro, cuando les crezca vello y aparte de las lecciones bíblicas, se les despierten otro tipo de intereses? Exacto, «intereses sexuales», eres mi alumno aventajado. Bueno, al menos no he tenido que dibujarte un esquema... ¡Ja, ja!, tranki, macho, que era broma...
En fin, en uno de esos capítulos en los que se proyecta el futuro, precisamente en
el episodio en el que se muestra a Lisa Simpson como presidenta de los Estados Unidos de América, Bart hace una visita a Ned Flanders, quien se ha quedado ciego, para pedirle un préstamo. El caso es que Ned agradece a Bart que no sacara a sus hijos del armario, y en ese momento vemos a los chicos, ya creciditos, limpiando el coche. Y menudas trazas que tienen, qué risa. No hay que ser un lince para identificar a un par de homosexuales de cuarto oscuro en esos tipos vestidos con pantalones recortados...
¿Que qué es un cuarto oscuro? Hmm, pues... a ver... la verdad es que tengo un poco de prisa, ¿qué tal si quedamos otro día?
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Nostalgia: TV e infancia gay, 4

[1ª parte,
aquí; 2ª,
aquí; 3ª,
aquí.] Con esta entrada y despojado ya de tristeza, las nostalgias tocan a su fin: debería celebrarlo con una copa de licor y una fanfarria.
Recuerdo que Telecinco emitía en mi niñez una teleserie protagonizada por dos chicos y una muchacha, primos entre sí, creo, que se veían obligados a resolver todo tipo de problemas:
Los duques de Hazzard, si no me equivoco: en 2005
rodaron una película con Johnny Knoxville (
Jackass) y Seann William Scott (
este tipo) basada en ella. La serie empezó a rodarse en el ’79, dos años antes de que yo naciera, y fue cancelada en el ’85. O sea que aquí debieron de estrenarla con un cierto retraso. En realidad, eso da igual: lo único que me importa es lo impresionado que me sentía por uno de los protagonistas, un rubiazo increíblemente sexy llamado John Schneider. Si el nombre no os dice nada, tal vez la memoria os de un pequeño vuelco al desvelar que el tipo interpreta al padre de Superman en
Smallville. ¿Ahora sí? Nació en el ’54, ha tenido una larguísima carrera tanto en cine como en televisión y parece ser que en su momento incluso realizó una exitosa incursión en e