Acabo de llegar a casa desde el hospital. He pasado unas 28 horas fuera y me siento muy cansado. Aprovecharé la mañana para escribir una entrada. Ésta es puramente testimonial. Besos.
Acabo de llegar a casa desde el hospital. He pasado unas 28 horas fuera y me siento muy cansado. Aprovecharé la mañana para escribir una entrada. Ésta es puramente testimonial. Besos.
Corre una brisa rápida--un viento frío, más bien-- que me hace pensar en las tardes de viernes de mi adolescencia, algo bastante deprimente, qué puedo decir. Sin embargo, el revestimiento de esa sensación, la nostalgia, me causa una especie de placer finísimo que me gusta disfrutar de vez en cuando. Por otro lado, y sin abandonar la cuestión del clima, debo forzarme a gozar de esta juguetona postrimería de la primavera, que en cuestión de días dejará de retozar como una colegiala en un charco y cederá paso al verano. Y cómo lo odio, gente.
Por cierto que ayer no acudí finalmente al hospital, donde, según estaba previsto, yo debería acompañar a mi madre, a quien han ingresado para realizar unas pruebas exhaustivas en relación con determinados síntomas (lo que se ha hecho hasta ahora no revela nada). Espero que, siendo algo --me figuro que eso es inevitable--, se trate de una «minucia médica». Dios lo quiera. Su ausencia de mi casa me ha suscitado reacciones encontradas, aunque debería pensármelo dos veces, y reflexionar un poco sobre ello, antes de ponerlo por escrito. Me siento bastante confuso, y esta situación, además de mi paranoica expectativa, me han llevado a pensar en mi vida de una forma más amplia, menos autoindulgente. Debo introducir algunos cambios drásticos o voy a terminar por volverme loco. Lo cual, dicho sea de paso, puede haber ocurrido ya. :D
Por otro lado, el ingreso de mi querida madre en el hospital me ha obligado a cambiar mi horario de sueño, y en este preciso instante siento que mis párpados pesan lo mismo que hojas de plomo, tal y como habitúan a describirlo los hipnotizadores, y apenas mantengo el equilibrio. ¡Árbol va!
Me pregunto cómo debe de estarse en Sevilla. Bien, supongo. Tengo viejas cuentas pendientes con esa ciudad, y a menudo me descubro echando la vista atrás y permitiendo a mis ojos recorrer la silueta, las gentes y las calles de aquella vieja dama sureña. [Monteseirín, de mano de IU, vuelve a gobernar el consistorio municipal. El Partido Andalucista se ha precipitado al abismo... de la inexistencia, ¡y el PP ha obtenido mayoría de votos! A propósito, que repulsiva actitud grandilocuente la de IU.]
Hmm, ahora quizá me eche una cabezadita...
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