enfoque gay lo publicó el lunes 23 de abril de 2007 a las 9:59 // Permalink

Bienvenido de vuelta al espacio, Mike

Mes y medio sin escribir una línea, debo de haberme ganado un puesto de honor en el círculo de los injustos, los holgazanes y los decadentes (si me veo forzado a elegir una sola opción, y por ser justos con la verdad, el adjetivo «decadente» se me ha ajustado siempre como un traje confeccionado a la medida).

Mi homosexualidad es un monstruo de estómago flácido que se arrastra con gracia babosa sobre mi piel, en busca de cálidos orificios por los que penetrar en mis entrañas: y es que las vísceras han sido desde el principio de los tiempos un sabroso almuerzo para demonios. No digo que mi orientación sexual sea un demonio, sino más bien que últimamente me resulta tan ajena como las estrellas que colisionan en esos oscuros extremos del Universo que causan pesadillas a los poetas. (A los poetas preternaturales de principios de siglo, por lo menos.)

Los últimos tiempos no me han deparado absolutamente nada, salvo quizá el placer pasional de engullir las páginas de un buen libro (relectura del magistral El fantasma de Harlot). Por lo demás, he dedicado las largas horas a contemplar con una vibrante indolencia el transcurso de las horas, los días, las largas noches cálidas del sur y ese triunvirato fatal de melancolía, desamor y frustración: tres naipes que, en lo concerniente a mi vida, poseen sólo una discreta capacidad de inocularse en mis rojas venas de varón sureño.

No debería publicar esta entrada, pues se trata más bien de una reacción tardía al complejo de culpa que me ha asaltado esta mañana. Besos para Sonia y REM (lean o no, da igual). Para REM, además, una caricia. (Estimulará el sentido territorial de tu X.) Con afecto feroz,

Herr Bones.

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