Is the "Down Low" Theory Racist?: The dark cloud of HIV continues to hover over the African-American community. African-Americans make up a mere 12.3% of the US population, but account for 50% of the new HIV/AIDS diagnoses in the United States (2000 Census). African-American men primarily contract HIV through contact with other men, while the primary mode of transmissions for African-American women is through heterosexual contact.
Interesante entrada en GayLife de About.com. Afirma que la comunidad afroamericana estadounidense se reduce al 12,3% del total de la población; sin embargo, suponen el 50% de los nuevos casos de SIDA detectados (la estadística es un poco vieja, del 2000). Esta información me ha hecho recordar
un post que publiqué el pasado 29 de enero en relación con el modo en que determinadas iniciativas sociales deben enfocarse (adaptarse) a las minorías para que surtan verdadero efecto. Afirmaba en mi pequeño artículo que, aunque este método de trabajo quizá tu tuviera mucho sentido en la España de hace una década o poco más, la diversificación racial en la piel de toro nos obliga, o debería obligarnos hoy, a reconsiderar nuestra actitud. Respecto a este punto, quizá convenga subrayar que en Estados Unidos parecen estar cometiendo algunos errores de concepto, al someter el sentido común al complejo de culpa, y eso es justamente lo que podría suceder también en España, en particular porque carecemos de práctica en este terreno (el de un mundo en que no todos somos blancos, como sucedía hasta antes de ayer). Convertir a los Latin Kings en asociaciones culturales es una buena demostración de esa impericia.
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Ánimo, bestezuela, ¡tú puedes! Ya sea en pie o de rodillas --probablemente de rodillas, con la boca llena--, ya sea boca arriba o boca abajo --probablemente boca abajo, mordiendo almohada--, ¡tú puedes, en tu mano está, dale duro! Pues si en la vida real eres incapaz de comportarte como Dios manda, haciendo frente, corriendo riesgos, Internet es tu perfecto campo de batalla. ¡Tú puedes, ánimo y adelante! Ningún daño causas, ¿uh? Soy más listo, escribo mejor. Un consejo de buen cristiano: ve con cautela. El mundo es feroz y siempre muerde. Un accidente, cáncer, ruina, enfermedad, muerte. ¡Ánimo, tú puedes! Sólo precisas de tu muñeca y tus dedos, como los simios con los que guardas un parecido tan estrecho. Dale duro. Ánimo... ¡tú puedes! Por cierto, cobarde, son sólo 4, espero que sepas disfrutar esa gran pérdida :)
Posdata: y por lo que más quieras, aprende a puntuar.
Etiquetas: editorial

Creo que este chico gay se toma el día libre. Demasiadas pesadillas para una sola noche. // Por la mañana había caído una nevada ligera y el paisaje urbano se veía más sucio que de costumbre. El detective había llegado el primero al bar y permaneció sentado a una deteriorada mesa de formica cuando todos los agentes de policía se hubieron marchado. El ambiente estaba cargado del olor seco del tabaco y de los matices salinos del océano, aunque no había ni rastro de mar en cien kilómetros a la redonda. Percibiendo un vago hedor a marisco viejo, el detective pidió otro café y un emparedado de cangrejo que, como el primero y el segundo, le supo a rancio. Retiró el mondadientes del pan y lo depositó en un cenicero de hojalata que debía datar de tiempos de la Segunda Guerra Mundial.
La clientela era escasa y silenciosa; después de lo sucedido, ni siquiera los tipos duros que deambulaban en busca de alcohol y putas tenían ánimo para más jarana de la precisa.
Su testigo --suyo era: sabía que el buen hombre no hablaría ante ningún otro, ni siquiera frente al Gran Jurado -- era un tipo bajo, de apenas metro cincuenta, de cráneo pelado como una encimera y tal vez demasiado extraño: su piel blanca aparecía lechosa como las escamas de un pez reseco, los ojos negros yacían bajo una pátina de muerte y los desarrollados músculos de su cuerpo anunciaban algún tipo de monstruosidad, como si los hubiese recibido por error. El hombrecito tenía una voz grave y retumbante que hacía temblar la mesa cada vez que pronunciaba alguna palabra.
–Buenas noches, detective –dijo el hombrecillo. La madera reverberó.
El detective engulló los restos de emparedado y asintió a modo de saludo. Un camarero viejo y flaco, ataviado con ropa que fue nueva cuando el detective vestía pañales, puso una cerveza delante del recién llegado y se marchó con un gruñido. Les obsequió con una nubecilla de mal olor.
–¿Qué sabes de esto? –preguntó el detective.
El hombrecillo levantó las manos y frunció los labios. «Algo que es menos que nada». Echó un trago de cerveza.
–Pensaron que era humano –respondió el gnomo–. Obviamente se equivocaban. Aquel tipo era tan humano como una araña. Y una araña era más humana que aquel tipo. Así que, si entiendes lo que quiero decir, detective.
–¿Estuviste aquí cuando vino?
–En efecto. Me tomaba un whisky mientras hacía tratos.
–¿Fue la primera vez que lo viste?
El hombrecillo negó con la cabeza.
–Qué va. Me lo encontré el sábado pasado. Yo salía del club…
–¿Qué club?
–Uno de esos que tienen un neón rojo en la fachada. Está al final de la manzana, al salir a mano derecha. Yo volvía de recoger la recaudación para ponerla a buen seguro. Él caminaba a paso rápido, como si llevara prisa, a solas, más solo que el último planeta en el confín del universo. Se le veía en la cara.
–¿Cómo era la cara?
El hombrecillo apretó las mandíbulas, cuyos músculos se elevaron sobre la desagradable piel cuarteada. Entornó los ojos. «Para saber eso tendrás que arrancarme la lengua y después hacerla bailar.»
–¿Ésa fue la primera vez que lo viste?
–Lo fue.
–¿Pero?
–Había oído hablar de él. Hacía una semana que su descripción circulaba por los alrededores. Por todos los bajos fondos de la ciudad, en realidad. Me sorprende que no estuvieras al tanto.
–Tenía otras cosas en que pensar.
–Lo sé. Oí la noticia de
la muerte de... En fin, lo siento.
–¿Qué se decía de él? –exhortó el detective, haciendo caso omiso de los respetos del hombrecillo.
–Que había nacido en invierno, y que había vivido en invierno toda su vida, ¿qué quieres que te diga? Tú has visto su cadáver. –De súbito el hombrecillo parecía enfurecido–. Estaba maldito y ha recibido una cierta justicia. Asunto zanjado.
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Después de hablar con el hombrecillo, el detective compró una caja de cigarrillos, encendió uno con un mechero de gasolina y salió a la intemperie. Había cesado de nevar, pero el viento era rápido y cortante y las calles estaban blancas y empapadas. El detective contorneó el edificio y en medio minuto alcanzó la que se consideraba, sin mucho sentido, la escena del crimen. Había siete agentes velando alrededor de una mampara improvisada, dentro de la cual se hallaba el cuerpo. El detective se aproximó al plástico sin decir palabra; los polis hicieron como si no existiera.
Retiró una de las velas de plástico, sujeta a un bastidor móvil de los que se usan en los centros médicos para proporcionar intimidad a los pacientes, y observó el cuerpo erguido, de una estatura aproximada de un metro noventa y cinco. Vestía de negro. Sus ojos eran humanos, aunque tal vez un poco grandes y demasiado separados; el resto del rostro correspondía a algún insecto: hocico compuesto por múltiples cartílagos retráctiles, equipado con colmillos laterales; sin orificios nasales; una especie de rejilla membranosa a la altura de las mejillas.
El detective exhaló una nubecilla de humo.
La víctima, observó el detective por enésima vez, se había convertido en una estatua de sal. De momento no se atrevían a moverla: el forense dio instrucciones claras al respecto: «si no os andáis con tiendo, el cuerpo se romperá como un terrón recién extraído de la salina».
La víctima, como en el relato bíblico, estaba vuelta y miraba hacia un punto situado a su espalda. El detective cerró la lona y echó un vistazo al fondo de la calle. No había más que un almacén abandonado, cerrado a cal y canto, con las ventanas ciegas y las paredes pintarrajeadas por adolescentes aficionados al graffiti. La mayor parte de las ilustraciones representaba a personajes de cómic japonés; había algunas palabras dispersas escritas en colores chillones, y diversos mensajes de contenido sexual. Con excepción de uno:
«Tom del Subsuelo Vuelve al Infierno». //
Literatura, relatos, escribir. :)Etiquetas: off-topic, relatos