enfoque gay lo publicó el sábado 24 de febrero de 2007 a las 19:13 // Permalink

Gays en Los Simpson

gays en Los SimpsonMira, tío, ni me gusta ni me disgusta, pero alguien tenía que poner el dedo en la llaga, y estoy dispuesto hacerlo yo mismo si eso es lo que se tercia, así que ahí va: algunos ciudadanos de Springfield son homosexuales. Y no me pongas esa cara, maldita sea, después de esto no me apetece ver tus ojos rodando sobre la mesa. Así está mejor: las cosas no van a cambiar porque enseñes hasta el último diminuto capilar de tu esclerótica. En fin, como te lo digo, a una pequeña fracción de esos bichos amarillos les gusta... ya sabes, el vicio francés, por así decir, son unos sátiros, en plan blando o en plan duro, a pelo o a plástico, casta o salvajemente, el caso es que les mola retozar con personas de su mismo sexo. ¿Que te de algún ejemplo? Macho, estás empezando a mosquearme. No llevo bien que duden de mi palabra. Pero si tan importante es para ti, aquí tienes tus jodidos ejemplos.

¿Recuerdas a Waylon Smither? Ajá, pues el tío lleva enamorado de su jefe, el señor Burns, desde que las uvas crecían de los naranjos. Caray, si incluso tiene una foto del viejo como fondo de escritorio de su ordenador, y en cierta ocasión, creyendo que se avecinaba el fin del mundo, le encasquetó un beso en los morros. Creo que Montgomery Burns prefirió pasar del asunto, pero por viejo que esté y por mucho que le patinen las neuronas, debe de conservar astucia suficiente para percibir este tipo de... sutilezas. Por cierto que Smither tuvo un rollo, o eso se dio a entender en cierto capítulo, con un personaje inspirado en John Waters, ese director de cine tan kitsch, al menos esa impresión me llevé yo. El personaje del que te hablo apareció únicamente en un episodio en el que Homer temía que Bart fuera gay, y al final el tipo, el del bigote, el kitsch, terminó salvándole la vida. A Homer, me refiero, y de este modo tu ídolo color plastilina empezó a reconocer que, bueno, que quizás los gays no sean tan nenazas. Sin embargo, está bastante claro que la fijación de Smither con el viejo cascarrabias se debe a que éste lo acogió cuando el padre de aquél, de Smither, murió a causa de la radiación en una cabina de la central nuclear.

Venga, tío, no me toques las narices. Sé muy bien que un ejemplo no es suficiente, pero necesito un poco de tiempo para aclararme las ideas. Verás, Patty Bouvier, una de las hermanas de Marge, es lesbiana, a pesar de esa furiosa obsesión que la ata a McGuiver. El caso es que llegó a proponerse contraer matrimonio con otra mujer en el episodio en que Homer oficiaba matrimonios entre homosexuales. Con bastante éxito, dicho sea de paso. No obstante, resultó que la otra mujer era un hombre disfrazado... lo sé, resulta tan bizarro que me da vueltas la cabeza... pero la unión se canceló antes de que los contrayentes pronunciaran el «sí, quiero» de rigor. ¿Lo ves? Ya van dos, pero alguno queda por ahí, si no me equivoco. Déjame pensar...

Oh, claro. Los siguientes springfildianos podrían ser gays, aunque, como tantas otras cosas en Los Simpsons, las cosas no están del todo claras. Por ejemplo, Milhouse Van Houten fue calificado por un psicólogo escolar como homosexual latente, si bien es cierto que padece un severo caso de enamoramiento de Lisa Simpson, que es demasiado guapa e inteligente para caer en las redes de ese niño completamente grotesco y horrible. Así que dudo que jamás llegue a existir un verdadero contacto... contacto íntimo, ya me entiendes... entre esas dos cándidas criaturas. Tampoco está muy claro que Lenny y Carl sufran una atracción afectiva–sexual latente, aunque bien podría ser el caso; es lo que yo he sospechado siempre, pero, hasta que les vea unir las bocas en un beso apasionado y liberador, no estaré seguro de nada. ¿Y qué decir que Rod y Todd, los hijos de Ned Flanders? Sé muy bien que todavía son demasiado jóvenes, pero, ¿qué hay del futuro, cuando les crezca vello y aparte de las lecciones bíblicas, se les despierten otro tipo de intereses? Exacto, «intereses sexuales», eres mi alumno aventajado. Bueno, al menos no he tenido que dibujarte un esquema... ¡Ja, ja!, tranki, macho, que era broma...

En fin, en uno de esos capítulos en los que se proyecta el futuro, precisamente en el episodio en el que se muestra a Lisa Simpson como presidenta de los Estados Unidos de América, Bart hace una visita a Ned Flanders, quien se ha quedado ciego, para pedirle un préstamo. El caso es que Ned agradece a Bart que no sacara a sus hijos del armario, y en ese momento vemos a los chicos, ya creciditos, limpiando el coche. Y menudas trazas que tienen, qué risa. No hay que ser un lince para identificar a un par de homosexuales de cuarto oscuro en esos tipos vestidos con pantalones recortados...

¿Que qué es un cuarto oscuro? Hmm, pues... a ver... la verdad es que tengo un poco de prisa, ¿qué tal si quedamos otro día?

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enfoque gay lo publicó el viernes 23 de febrero de 2007 a las 13:34 // Permalink

Gay saliendo del armario, 1, 2, 3...

Por aquella época éramos todavía unos niños, pero algunos ya teníamos las cosas bastante claras. Como por ejemplo R., quien en la azotea de mi casa me confesó que le gustaba C. Incluso por aquel entonces sabíamos muy bien que hay cosas sobre las que conviene guardar secreto, de modo que me pidió que no se lo dijera a nadie. Cumpliera mi promesa o no, recuerdo la reacción que experimenté en aquel instante. O, para ser precisos, las dos reacciones. La primera fue de súbita satisfacción, pues acababa de descubrir que a fin de cuentas yo no era el único, si bien tuve la precaución de no manifestarlo en voz alta. La segunda consistió en adoptar la pose de señor mayor y muy pedante y explicarle que lo que le ocurría es que era homosexual. Qué curiosa palabra: cuánta sonoridad, cuántos problemas.

C. es hoy día médico con consulta propia, y de R. poco sé, aparte de que guarda un ligero parecido con Freddie Mercury, conserva todas las plumas de la infancia y ofrece ese aspecto típico de los gays más propensos a la promiscuidad y el vicio. Mientras tanto yo, el tercero en discordia, aquí sigo...

Me figuro que ésa fue la primera ocasión en que supe de la homosexualidad de alguien a quien conocía, aunque ciertamente albergaba mis sospechas respecto a varias personas. Por curioso e incluso sorprendente que suene, el tema de la orientación sexual posee una enorme relevancia en las relaciones entre los niños; y no sólo porque hayamos acuñado el desafío «mariquita el último», casi tan absurdo como «guapo el último» (a ciertas edades, «guapo» y «mariquita» son sinónimos), sino también, y esto no es más que una sospecha, porque en la época del desarrollo y el descubrimiento sexual todos nos formulamos muchísimas preguntas sobre nuestra identidad. Y aparte del placer morboso que proporciona despojar a otro de su intimidad, nunca viene mal ponerle los ojos encima a alguien con quien compartimos un pequeño y a menudo terrible secreto.

Como muy tarde, yo estaba en 8º de EGB cuando le confié a mi mejor amigo de la infancia que era gay. No estoy seguro de la expresión que utilicé... tal vez recurrí a alguna evasiva, afirmé que me gustaba un tío en particular, no el género masculino en conjunto... pero permanece fresca en mi memoria la imagen de nosotros dos sentados en uno de los muretes de la azotea de casa. Puede verse que ese espacio con losas de color rojizo ha sido testigo de horribles revelaciones, ¿eh? En fin, había empezado a anochecer y hacía fresco: supongo que la creciente oscuridad fue una ventaja a mi favor. La intimidad funciona mejor cuando las partes se hallan sumidas en la penumbra, como bien lo demuestra el uso de velas en las cenas románticas...

Aunque no es fácil abordar este asunto... al menos, no fue un plato de fácil digestión para mí... debo reconocer que todo fue a las mil maravillas, y que en lo sucesivo pude mostrarme bastante franco con este chaval, que jamás, ni siquiera años después, cuando las cosas se pusieron feas y nos distanciamos, hizo uso de esta «información sensible» para causarme problemas. Yo le contaba qué tíos me molaban, y él me explicaba qué chicas lo volvían loco. Bien pensado, él siempre se mostró más solícito a las confesiones que yo, así que me relató algunas cosas que yo habría podido vivir sin conocer. El muy mamón incluso llegó a masturbarse conmigo delante, aunque yo tuve la consideración de darle las espalda y seguir con mi charla. Si bien es cierto que, durante esa larga época de cósmicas explosiones hormonales los tíos somos capaces de llevar a cabo cualquier cosa, cegados como estamos por el irresistible empuje del deseo sexual, yo fui siempre bastante... conservador, por así decir. Quizá sea algo que deba lamentar, o puede que no. El caso es que, mientras mis compañeros se masturbaban en mitad de la clase, con subrepticios movimientos de muñeca bajo el pupitre, o en los amplios armarios vacíos, yo me limitaba a considerar el espectáculo con distanciamiento y una cierta reprobación. Ay, si hubiera aprovechado aquello.

A lo largo de los años he elegido con prudencia al tipo de gente a la que hacía depositaria de mis secretos, y me complace que por lo general obtuviera buenos resultados: casi ninguno de mis confidentes aprovechó la ocasión para jugármela. Sin embargo, quizá exista una pequeña y sorprendente excepción. A fin de cuentas, él era un verdadero liberal: o esa imagen se esforzaba en proyectar. A mí, como a tantos otros, me embaucó.

Era un muchacho más bien apuesto, no espectacular, desde luego, pero poseía ese tono de sexualidad a flor de piel que he mencionado en alguna ocasión. Había algo muy libidinoso en sus movimientos, en su confianza aparentemente ilimitada en el mundo, en el brillo delicioso de sus ojos y en su afición a la poesía, que escribía con dulce sensibilidad. Era tan fresco, todo vida, desinhibición, humor y sensualidad. También era bastante moderno, ya sabéis, un presunto liberal, y manteníamos una estupenda relación. Así que, ¿por qué no decírselo? Me apetecía seguir ampliando mis horizontes, el número de personas con las que podía expresarme sin temor a cometer errores de género. Y es que los homosexuales, enclaustrados en nuestros muros, padecemos nuestros propios conflictos gramaticales: él, ella, ello, la persona, la chica...

Un día lo invité a que me acompañara a las puertas del instituto. El sol doraba los parterres arbolados y la fachada de ladrillo visto del instituto, las voces de las decenas de estudiantes se elevaban graciosamente sobre el aire; disfrutábamos pues de una de esas magníficas mañanas sureñas. Guié al chaval hasta una puerta clausurada y, tras dar algunos rodeos, le expliqué que me gustaba un chico. Todo fue perfecto: él me formuló algunas preguntas y yo le corregí cuando incurrió en errores de concepto bastante habituales. Supongo que, por ser él, los consideré particularmente inofensivos y encantadores. Diré en su favor que a partir de entonces se esforzó en mostrarse natural cuando trataba conmigo, pero el temblor de su voz, el modo en que rehuía mi mirada y la forma en que limitaba el trato conmigo delataban que, después de todo, la homosexualidad era algo más de lo que se sentía con fuerzas para tolerar. Yo, fiel a mis costumbres, me dije que eso poco importaba.

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Ataque contra ¿homosexual? de 72 años

gay newsLOGOonline.com : News : Homophobic Attack Leaves 72-Year Old Paralyzed: "(Detroit, Michigan) Detroit police are appealing for help in finding the man who beat a 72-year old man senseless leaving him paralyzed and barely able to speak." Corresponde a una noticia que se repite. A un tipo de 72 años lo dejan paralizado de cuello para abajo, y con habla limitada, de un golpe en la cabeza mientras regresaba a su casa en la ciudad de Detroit. Según parece, se trata de un ataque movido por los prejuicios, pues previamente el presunto agresor habría preguntado a la víctima si era gay mientras viajaban en transporte público.

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enfoque gay lo publicó el jueves 22 de febrero de 2007 a las 17:59 // Permalink

Nostalgia: TV e infancia gay, 4

¿Entrada final?[1ª parte, aquí; 2ª, aquí; 3ª, aquí.] Con esta entrada y despojado ya de tristeza, las nostalgias tocan a su fin: debería celebrarlo con una copa de licor y una fanfarria.

Recuerdo que Telecinco emitía en mi niñez una teleserie protagonizada por dos chicos y una muchacha, primos entre sí, creo, que se veían obligados a resolver todo tipo de problemas: Los duques de Hazzard, si no me equivoco: en 2005 rodaron una película con Johnny Knoxville (Jackass) y Seann William Scott (este tipo) basada en ella. La serie empezó a rodarse en el ’79, dos años antes de que yo naciera, y fue cancelada en el ’85. O sea que aquí debieron de estrenarla con un cierto retraso. En realidad, eso da igual: lo único que me importa es lo impresionado que me sentía por uno de los protagonistas, un rubiazo increíblemente sexy llamado John Schneider. Si el nombre no os dice nada, tal vez la memoria os de un pequeño vuelco al desvelar que el tipo interpreta al padre de Superman en Smallville. ¿Ahora sí? Nació en el ’54, ha tenido una larguísima carrera tanto en cine como en televisión y parece ser que en su momento incluso realizó una exitosa incursión en el mundo de la música country.

Cambiando de tema, ayer dediqué una larga entrada a rastrear las carreras de los protagonistas masculinos de Sensación de vivir, la mayor parte de los cuales ha llevado una especie de vida sumida en la penumbra del éxito, sin hundirse del todo en el fango, pero sin alcanzar las cotas de fama que lograron en una ocasión vez gracias a esa mítica serie de televisión. La verdad es que resulta muy común: debe de existir un muro realmente alto entre la pequeña pantalla y la grande. Lo cual me recuerda cuánto odio Hollywood, esa meca del cine y de la corrupción moral, si me permitís parafrasear al gran Homer Simpson. En fin, me he ido por las ramas y ahora regreso al tronco. Decía que ayer publiqué un post a mayor gloria de Sensación de vivir, y hoy pongo la vista y el recuerdo en su versión adulta, Melrose Place, teleserie que narraba las viciovicisitudes de un grupito de vecinos bastante promiscuos en un edificio de apartamentos de Los Ángeles, California. De eliminar a las muchachas, habríamos obtenido una magnifica película de porno gay. Si es que a alguien le molan esas cosas. No a mí, por supuesto. Disculpadme un segundo, sí, muy bien, me aclaro la garganta y prosigo. En mi opinión, Melrose superó a Sensación en muchos sentidos: los hombres eran más guapos y viriles y la trama presentaba elementos más morbosos y truculentos. Su creador fue Darren Star, ese tipo cuya estampa me induce a sospechar que la mala imagen que tengo de la industria del espectáculo no es nada comparada con la que me forjaría de conocerla desde dentro. El caso es que Darren anda metido en cantidad de productos de éxito, como por ejemplo Sexo en Nueva York, Melrose Place, claro, y Sensación de vivir.

Vaya, he vuelto a irme por las ramas. Soy como una ardillita. Bueno, a Thomas Calabro, el encantador médico que degeneraba y se transformaba en un cínico insufrible lo vi hace un par de años, por decir una fecha, en una película de serie Z que La Segunda emitió a las tantas de la madrugada para rellenar un hueco en la parrilla. Ahí estaba yo, dispuesto día y noche a engullir shows de calidad ínfima. De todas formas, fue entretenida. Por cierto, él interpretaba a un fantasma, que es más o menos el mismo papel que interpreta en la vida real.

Tampoco Grant Show dio el salto a la gran pantalla, si es lo que pretendía, pero ¿quién lo necesita cuando se tiene ese rostro? De acuerdo, lo sé, él lo necesita, es sólo que prefiero mirar el lado bueno de las cosas. Grant apareció no hace demasiado (¡!) en A dos metros bajo tierra, contrajo matrimonio con Pollyanna (sí, parece ser que ese nombre existe) McIntosh en 2004 y en algún momento de su vida fue compañero de habitación de John Hensley, un gran desconocido (no te molestes en buscar información sobre él).

Grant Show interpretaba a Jake, un pedazo de pan, y llegado el momento heredó el noviazgo con la ex de Billy, quien a su vez andaba retozando bajo las sábanas de Amanda. A Billy le ponía rostro Andrew Shue, hermano de Elisabeth Shue, esposa de David Guggenheim, cerrándose así el círculo maléfico. Andrew Shue desapareció de escena allá por el ’99, aunque ha retornado recientemente con la película Gracie, que co–protagoniza y produce. La dirige su cuñado, Guggenheim, y seguramente sea un pestiño. [Risas.] Ja, ja, ja, lo siento de veras, pero esta entrada es un verdadero coñazo y nunca debí escribirla. Pero, en fin, ya que estoy, daré la estocada. Andrew Shue, el guapo, el mazapán, el bocadoblada, ha andado metido los últimos años en el negocio de las punto–com, que, como todo el mundo sabe, constituye la punta de lanza de la industria textil... Maaaaloooooooo... ja, ja, ja, me estoy partiendo de risa frente al monitor, joder, qué post tan grotesco... bien mirado, no es que le tenga excesiva estima al blog, pero con esto me estoy superando. El caso es que la empresa en cuestión, la que ha mantenido atareado al chico guapo, trata de poner con contacto a las madres de Norteamérica. Shue se casó en el ’94, tiene tres hijos... y hasta hoy.

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enfoque gay lo publicó el miércoles 21 de febrero de 2007 a las 17:04 // Permalink

Nostalgia: TV e infancia gay, 3

I love TV[1ª parte, aquí; 2ª, aquí.] Corey, Corey, Corey. Quién te ha visto y quién te ve. ¿Cómo has podido abandonarte de ese modo, Corey Haim? ¿Cómo has podido hacerte eso? Lo siento, macho, pero a ti te dejaré para el final de la entrada; contemplar lo que te ha ocurrido a lo largo de los años, tu ascenso al firmamento de las estrellas adolescentes y tu posterior caída en desgracia me provoca un dolor intolerable. Me siento dolido, paso del tema. De modo que mis ojos recorren la larga lista de hermosos rostros masculinos que añoro de mi juventud, la época en que uno podía fingir todavía una vida apacible como larga tarde de verano, y rescato a los bombones de Sensación de vivir que entonces me enamoraron... o algo así.

Supongo que la verdadera estrella fue siempre Jason Priestley, quien interpretaba a uno de los hermanos Walsh. ¡Wow!, él sí que era un chico guapo, o esa impresión tuve de niño; debo decir que mi percepción de la belleza masculina ha mejorado sensiblemente a lo largo de los años. En cualquier caso, durante una larga época Jason fue una de las estrellas televisivas más rutilantes del planeta, y aquí en España se convirtió en una especie de tótem al que las chicas besaban el pandero, los varones envidiaban y la raza de los gays deseaba... bueno, darle un discreto besito en el culo. O en la boca, no hay por qué humillarse. No obstante, habría de ser su hermana en la ficción la única que se elevara y prolongase una fama verdadera al cabo de los años, aunque sólo fuera por Embrujadas. Me refiero a Shannen Doherty, claro (me importa un bledo que esta muchachita, de genio afilado y miembro de la Iglesia Baptista del Sur, mantuviese una relación con el mismo tipo que distribuyó un vídeo porno protagonizado por él mismo y por la inefable Paris Hilton). Bien, Jason Priestley nació en el ’69 y ha sostenido una estable carrera de actor televisivo, a pesar de que en lo sucesivo nunca reprodujera el éxito cosechado con Sensación de vivir --joder, se me sacude el pecho cada vez que escribo el título--. Lo curioso de su viejo personaje, poniendo la vista atrás, es que el chaval lograba cualquier cosa que se propusiese, como por ejemplo derribar a un auténtico armario aunque él no alcanza el metro ’70; recuerdo que una de mis hermanas criticó aquella escena en particular por inverosímil. Pero es que ella iba creciendo, y yo... ¡¡¡yo amaba a Jason, los amaba a todos, sentía arder un amor tan fiero en mi corazón que temía que aflorara a mis ojos y mi familia descubriera que yo era homosexual: bwaaaahahahaha!!! En fin, el tipo lleva un par de años casado con una tal Naomi Lowde y en MySpace existe un perfil que pretende ser el suyo. Quién sabe.

El mejor amigo de Brandon en Sensación de vivir --sniff, sniff-- fue siempre Dylan, papel interpretado por el actor Luke Perry. A su vez, Luke Perry fue siempre uno de esos falsos guapos a los que la televisión transforma en bombones, pero que, visto con frialdad, tan sólo podría impresionar a una quinceañera con granos. ¡Y yo... nunca... fui... una... quinceañera... con... granos! ¡Me importan una miekda las fotos, los vídeos, los testimonios y todas las demás pruebas irrefutables que demuestran que miento! Ups, perdón. Se trata de la pasión, he sido siempre un hombre de carácter. Es pensar en Sensación de vivir y ponerme de un nostálgico... Iba diciendo que alguien como Perry, que se las daba de rebelde pero que jamás pasó de pobre niño rico, nunca podría ser guapo de no contar con el respaldo de revistas como Ragazza. Esté en lo cierto o me equivoque, Pocacosa Perry mide 1’77 --chúpame la suela del zapato, enano-- y, aparte de ser el hermano adoptivo o algo así de Krusty el Payaso en Los Simpsons, ha sostenido, al igual que Priestley, una estable carrera televisiva con incursiones en la gran pantalla y los escenarios teatrales. Incluso participó en un episodio de Will & Grace, mi querida teleserie queer (por cierto, ¿alguna cadena la está emitiendo actualmente?). Existe una horrible página web que afirma ser oficial, y un perfil MySpace que pasa por pertenecerle. No lo aseguro. De hecho, también es posible que algún desaprensivo me esté usurpando a mí en este preciso instante. Es el riesgo común que compartimos estrellas de televisión y blogueros. Luke, estoy contigo. A pesar de tu cara.

Ian Ziering, o sea, Brian, el rubio, el que perdió la virginidad --es decir, la flor-- con aquella otra rubia, ¿cómo se llamaba?, ¡Kelly!, vendió su casa de Los Ángeles por una fabulosa cantidad de dinero hace algún tiempo, y así ascendió a la superficie de mi cerebro tras mucho tiempo sepultado, como tantas otras cosas, en el terrible sótano de los viejos recuerdos. La fabulosa cantidad de dinero a la que aludía equivale a 2,5 millones de euros, que es 2,5 millones de euros más de lo que necesito para invitar a Ziering a una copa. No obstante, me vendrían bien esos 2,5 para que él aceptara. En fin, Ziering ha conservado también una mediocre carrera televisiva, o sea que poco interesante se puede decir sobre él, aparte de que Telecinco emitió a las tantas de la noche una película en la que él aparecía desnudo. Espectacular. Tan espectacular como la cantidad de años que han pasado desde entonces. Qué horror. Qué sniff sniff. Ziering se divorció de La Rubia Pechugas en 2002 y asistió a la boda de Jason Priestley con Naomi: dos hechos que describen su catadura moral. Hasta donde sé, no tiene perfil MySpace. Lo que tampoco dice mucho en su favor.

Antes de abandonar Sensación de vivir quiero enlazar a un artículo que he localizado por accidente mientras buscaba la noticia sobre la venta de la mansión de Ziering. Se trata de una página de El Mundo ¡de1995! en la que se informa del regreso de Sensación de vivir a la parrilla de Telecinco. Merece la pena echarle un vistazo, en serio, especialmente si uno se ha dejado dominar por la nostalgia. Como yo mismo, por ejemplo. Comienza así:
MADRID.- «Después de cuatro temporadas de éxito ininterrumpido, los cándidos adolescentes protagonistas de antaño ya se han convertido en unos maduros jovencitos universitarios cuyas vidas han dado desiguales giros». Con esta descripción casi barroca presenta Tele 5 la quinta entrega de Sensación de Vivir, que se inicia hoy a las 15.30 horas con dos nuevos episodios.

Centrada en las vidas relativamente azarosas de un grupo de chicos de Beverly Hills muy guapos y sobre todo muy ricos, Sensación de Vivir ha sido y es la serie para adolescentes de más éxito en toda la historia de la televisión. Su cadena, la Fox, sólo consiguió audiencias superiores con la muy recordada Dinastía. Su productor, ese moderno rey Midas que es Aaron Spelling, sólo lo logró con La casa de la pradera.
Por cierto que, mientras leía el artículo, he recordado a Jaime Jamie Walters. Éste sí que molaba... y sigue molando. No es un guapo espectacular, pero le veo un enorme puntazo entre buen chico y viril. Sin embargo, no ha trabajado en televisión desde 2001. Debe de mantenerse ocupado con su carrera musical. Tres vivas por él. // Joder, me parto de risa. Acabo de enterarme, vía IMDB, que Walters trabaja de bombero en la actualidad. ¡Juas! Por si no fuera suficiente, ahora debemos añadirle el morbo y el candor de... bueno, ¿es que no todo el mundo ama a los valerosos bomberos?
Graduated from the Los Angeles City Fire Department Academy June 2004, completed his year probationary period and is now working as a full time Firefighter with the LAFD.
Y como lo prometido es deuda, he aquí el ídolo de adolescentes Corey Haim con su truculenta historia metida en el bolsillo. En los ’80 lo fue todo en compañía del otro Corey, en este caso Feldman (adoro, y quiero decir ADORO, su película No matarás... al vecino), y... me duele escribir esto, pero el chico empezó a flirtear con las drogas y se hundió en el fango. Literalmente y en lo más profundo. Supongo que hubo de recuperar las formas para encontrar trabajo como dependiente en un videoclub canadiense, su país natal, pero había engordado dos o tres mil kilos, su belleza cándida se había esfumado por completo e interpretó el papel más grotesco de su vida al pretender vender sus dientes... sí, sus dientes... a través de eBay, aunque los responsables del megaportal de subastas abortaron la oferta por contravenir las reglas del juego, que prohíben el comercio de material biológico o algo parecido. Lo de Corey Haim fue una verdadera lástima. Sin embargo, me alegra saber que las cosas parecen haber mejorado últimamente, y desde diciembre de 2006 trabaja con su amigo Feldman en la nueva teleserie The Coreys: Return of the Lost Boys, y este año rueda la película Universal groove. Colega, espero que tengas la lección muy bien aprendida. Mañana, entrega final de esta nostálgica serie de posts sobre viejas glorias: Melrose Place. Un aperitivo: Andrew Shue anda metido en negocios de Internet. // Puedes leer la 4ª parte aquí.

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El hermano gay de Drácula

Historia gayHace dos o tres años leí una biografía de Drácula y su estirpe, Los «Drácula», Vlad Tepes, el Empalador, y sus antepasados, que retrataba la existencia, el linaje y el oscuro contexto histórico del voivoda valaco al que la literatura, y en particular la famosa novela de Bram Stoker, transformaron en leyenda. Cielos, qué cantidad de alianzas, camarillas y conspiraciones. Supongo que lo más interesante del libro fue descubrir el ilimitado apetito de sangre y sadismo de Vlad Draculea. No pasaba día sin que el príncipe mandara empalar a, o perforar el cráneo de algún pobre diablo, cuando no lo hacía a decenas, a centenares o a miles (a continuación tomaba el almuerzo en mitad de ese terrible paisaje de cadáveres ensartados como insectos).

A medida que pasaba las páginas del libro, me sorprendí con una sonrisa en los labios al leer un par de anécdotas homosexuales. Ambas resultan bastante absurdas, y dudo mucho que puedan considerarse ejemplos de activismo gay practicado en el siglo XV, pero no están mal para pasar el rato. En lugar de relatarlas, me limitaré a transcribir el texto en dos breves párrafos. Espero que os parezcan tan delirantes como a mí, ya me diréis.
En lo que a él se refiere [en alusión a Radu, hermano de Vlad Tepes Drácula], puede contarse un episodio notable: Radu, debilucho y libidinoso, famoso por su belleza, que contrastaba con la fealdad de su hermano, había permanecido durante años como rehén en la corte del sultán, gozando allí de la deferencia de Mehmed II. Conquistó su favor especial, y Calcolondilo relata con todo lujo de detalles una anécdota que tuvo lugar entre Radu y el sultán. Cuando Mehmed, siguiendo una reprobable inclinación, quiso abusar del joven Radu, fue sorprendido por éste con un golpe de espada. Por temor a la venganza del sultán, Radu trepó de inmediato a un árbol cercano para librarse de la persecución y captura. Finalmente, volvió a recibir favores, especialmente porque en lo sucesivo se mostró menos renuente a las aproximaciones del sultán.
La segunda resulta un tanto sangrienta. Aquí va:
En un festín tras la conquista de Constantinopla, llegó a sus oídos [de Mehmed II] el comentario de que el hijo de Lukas Notaras, de catorce años, era célebre por su belleza. El sultán, que estaba ya muy ebrio, ordenó a un eunuco que lo trajese a su presencia. Notaras se negó.

«"Mi hijo", dijo el eunuco enviado, "jamás servirá a los vergonzosos placeres de tu amo. ¡Prefiero morir con los míos, antes de que mi familia soporte semejante afrenta!"»

Mehmed los hizo decapitar a los dos.
Sin embargo, el propio Drácula no le iba a la zaga. Cuando una cortesana aseguró que esperaba un hijo suyo, y después de que una comadrona descartara el embarazo, el voivoda abrió en canal a la chica a la vez que gritaba alborozado que le mostraría al mundo el fruto de su vientre.

A propósito, recordé estas anécdotas hace un rato mientras leía la novela histórica Los Borgia, de Mario Puzo. En determinada escena se sugiere que el hijo del sultán otomano y Juan, uno de los vástagos del Papa Alejandro VI, compartían algo más que una sana amistad...

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enfoque gay lo publicó el martes 20 de febrero de 2007 a las 18:21 // Permalink

Nostalgia: TV e infancia gay, 2

I love tv[1ª parte, aquí.] Disculpadme un par de minutos, creo que voy a arrancar a llorar. Me tiembla el mentón y todas las imágenes rescatadas de mi infancia repercuten en mi pecho... así, un suave balanceo... de repente he pensado en todos esos años reducidos a polvo, imágenes de goma depositadas sobre estanterías cerebrales. La tristeza que nace de un pasado en forma de cadáver. Bien, ya estoy mejor, preparado para recordar a Jeremy Jackson, Hobie Buchannon en Los vigilantes de la playa. Tiene mi edad, 26 años, o sea que podría ser mi novio... si yo me dejara. No es mi tipo. La última vez que tuve noticias suyas se había operado la nariz, que algunos comparaban con una patata cocida. Eso es injusto. Parece más bien un rábano. Jackson fue un muchacho delicioso, suave, dulce y encantador, con un papel magnífico: todos queríamos llevárnoslo a la cama. Y, según se rumorea, no pocas lo consiguieron. Pero, amigo mío, hace un tiempo leí que el chico buscaba papeles en el cine adulto. ¡Cielos, se había vuelto actor porno! Pero, claro, me equivocaba; fue solo un error de traducción, y una decepción con bordes afilados como chichillas destripó mi euforia: Jeremy JacksonJackson andaba a la caza de papeles alejados de lo que había hecho hasta el momento, pero la realidad es que no parece haber alcanzado su objetivo, aparte de que Vanity Fair le concediera una entrevista porque Jeremy Jackson, nuestro Hobie, tiene un perfil MySpace. Podéis consultarlo aquí; es más, os animo con fuerza a que le echéis un vistazo. Las fotografías no tienen precio. Conque la ciudad de Los Ángeles es tan extravagante como había oído decir, ¿eh? Bueno, el otrora apacible rostro de Jeremy se ha vuelto tremendamente tosco, pero eso no es asunto mío, sino de todas las chicas a las que a él le gusta cepillarse, como deja bien claro mediante una imagen animada en formato gif... ahm, un larguísimo coito. Jeremy Jackson, como tantos otros actores que conocieron la fama en su juventud, tuvo sus escarceos con las drogas y el alcohol. Incluso acompañaba a Pamela Anderson a sus viciosas fiestecillas, ¿no resulta entrañable?

Los vigilantes de la playa fue una verdadera fuente de placeres visuales para todos los pequeños gays que nos congregábamos frente al televisor y, mientras fingíamos interés por las muchachas de labios turgentes y pechos neumáticos, examinábamos con fijación clínica las maravillosas rectas de...

David CharvettPues de David Charvet, por ejemplo. Recuerdo que su rostro estampado en un póster observaba las feas caras de los alumnos de mi clase durante el final de mi educación primaria. Supongo que la atracción por Charvet constituía el único nexo de unión entre mis compis proto–fulanas y yo durante aquel fin de infancia. En fin, Charvet tiene hoy unos 35 tacos y ha pasado los últimos años concentrado en su carrera musical: quizás os sorprenda descubrir que el muchacho ha vendido más de 2 millones de discos. Yo ni siquiera estaba al corriente de esa faceta. Charvet ha regresado recientemente a Estados Unidos para reanudar su trabajo en la industria cinematográfica, y el pasado enero nació su hija. Felicidades, chico. En 2006 rodó su primera película desde 1999, Prisoners of the sun.

Billy WarlockSin embargo, me parece recordar que Charvet no fue uno de los primeros rostros masculinos en captar mi atención. El surfero Kelly Slater se le anticipó, aunque su carrera como actor ha sido de lo más breve: 3 teleseries entre el '92 y 2001. No obstante, no ha dejado de aparecer en programas de televisión a lo largo de todos estos años. Ha ganado tropecientos/ 8 campeonatos mundiales de surfing. También Billy Warlock, ex de Erika espectaTetacular Eleniak (y aquí), suscitó algunos suspiros heterohomosexuales en aquel pasado remoto, aunque el chaval era más bien poca cosa. Últimamente ha permanecido enfrascado en el rodaje de varios episodios de Los días de nuestra vida, donde interpreta a un tal Frankie Brady. Tiene 46 magníficos años.

Jaason SimonSi debo ser honesto, el australiano Jaason Simon no empezó a molarme sino al cabo de los años. En Los vigilantes de la playa interpretó al también australiano Logan Fowler entre 1994 y 1997, aunque leo en IMDB que participó en tan sólo 5 episodios. Lo dudo. Como tantas viejas glorias de la televisión, Simon no ha pasado de la segunda fila, pero al menos su carrera se ha mantenido estable, lo cual tiene valor por sí mismo. No obstante, a lo largo de los años ha tomado algunas decisiones que lo dignifican: abandonó Hollywood durante una temporada para tomar clases de teatro, y participó en arriesgadas películas como Nowhere, de Greg Haraki.

David ChokachiHe dejado lo mejor de Los vigilantes de la playa para el final: sé que lo estabais esperando. Rubio, ojos azules, padre turco: David Chokachi, la joya de la corona en la sibarita camarilla de David Hasselhoff. Hace un tiempo lo redescubrí en una anodina teleserie sobre fenómenos paranormales o algo así, otra más, ya sabéis, pero en mi corazón será siempre Cody Madison. ¿No es un nombre adorable? Casado desde 2004, ha rodado últimamente dos películas que no tengo intención de ver, Bats: human harvest y The dreamless, y poco más de nuevo hay en su vida.

Kirk CameronPor cierto, ¿os suena Los problemas crecen? La 2 de TVE la repuso recientemente, y descubrí que era bastante más divertida de lo que yo recordaba. El protagonista, Kirk Cameron, se deja ver de vez en cuando en las mañanas de ese mismo canal protagonizando películas de cuarta fila con mensaje, final feliz y todo eso. Sigue siendo un tipo apuesto a los 37 años. Su último largo como actor data de 2005, pero ha compuesto la banda sonora de The Magic 7 (2007), y hoy día suscita cierta polémica a causa de sus convicciones religiosas. Y es que el adorable Kirk ha adoptado el papel de una especie de predicador laico, lo cual es perfecto, claro, promueve valores cristianos entre... bueno, supongo que entre quienes tengan intención de prestarle atención. Incluso vende productos relacionados con el Jefe y ofrece un cuestionario para ponderar si eres un buen tipo. Por cierto, él y su esposa, con la que contrajo matrimonio en el '91, se encuentran entre los fundadores de un campamento para chavales que sufren enfermedades terminales. En fin, suena bien. Mañana, más: Sensación de vivir (suspiro), y Melrose Place (doble suspiro). // Puedes leer la 3ª parte aquí.

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enfoque gay lo publicó el lunes 19 de febrero de 2007 a las 17:36 // Permalink

Nostalgia: TV e infancia gay, I

I love TVMi hermano me aconsejó que me olvidara de comprar una carpeta impresa con una fotografía panorámica de los protagonistas de Sensación de vivir, pues de hacerlo todo el mundo pensaría que era... ya sabéis, un poco mariposón. ¡Pero es que yo lo era, era un mariposón, sin plumas, cierto, pero radical, brutalmente gay, incluso en mi niñez suspiraba por todas aquellas bellezas más o menos viriles que desfilaban por televisión! ¡Los músculos, los torsos, las mandíbulas cuadradas y los grandes ojos arios, los abdominales superpuestos como tabletas de chocolate! ¡Hombres! ¡Yo... amaba... a los hombres! Sin embargo, cedí; de hecho, enarqué las cejas frente a mi hermano y exclamé: «¿en serio pensarán eso? Entonces, paso». Y pasé, para mi decepción y para mi seguridad; me pregunto qué diablos me habrían hecho mis compañeros de aparecer en el colegio con una carpeta en la que aparecía el rostro de, oh, Jason Prestely. Yo opinaba entonces que Jason era lo más guapo y molón que se puede llegar a ser, y me pregunto ahora si debería arrepentirme de eso. Quiero decir que, caray, yo era tan sólo un niño pánfilo y gay, tenía derecho a equivocarme y a considerar a Jason el no va más de la belleza masculina. Luego reparé en que lo verdaderamente viril era Ian Ziering desnudo, espectacularmente desnudo, tal y como Dios lo trajo al mundo y tal y como se nos ofrecía desde una de esas apestosas películas... apestosas películas repletas de insinuantes figuras... que Telecinco se empeñó en emitir cada noche durante una larga época.

A lo largo de mi infancia y mi primera adolescencia estuve enamorado... en plan platónico, claro... de, digamos, todos los hombres guapos que veía en televisión, y he pensado que quizá estaría bien realizar una pequeña investigación para averiguar qué fue de todos esos adorables, dulces, inolvidables bombones que hace años soñé (bueno, todavía lo sueño) con devorar. La verdad es que me siento un poco deprimido, consciente de súbito del auténtico significado de tempus fugit... joder, la nostalgia ha caído a plomo sobre mi cabeza y me dan ganas de echarme a llorar. Sin embargo, esta sensación posee también un matiz agradable, y siento renacer una vez más mi viejo deseo/ sueño/ proyecto de poner rumbo a Estados Unidos y no regresar jamás.

En fin, no creo que esto os interese demasiado, de modo que entro de lleno en este particular «¿qué pasó con...?» gay; y es que me figuro que no fui el único muchacho enamorado como una colegiala de todos esos huesos tan bien forjados... ¡utch!, ¡qué gay!

Mario LópezAntena 3 emitía a mediodía la teleserie Salvados por la campana, que retrataba la educación s... (iba a escribir sexual, señor Freud) secundaria de un grupo de jóvenes californianos. ¿Cómo olvidarlos? ¿Y cómo olvidar, especialmente, al rubiazo, Zack, ni a Slater, el hispano aficionado a las pesas? El segundo, Mario López, sigue rodado películas de tercera fila y grabando episodios de diversas series de televisión, pero lo que lo convirtió en estrella de Internet, cuando el uso de la Red se extendió a todos los hogares, fue la difusión de una colección de fotografías en las que aparecía desnudo y erecto; si estaban trucadas, tres hurras por el artista; a mí me parecían bastante verosímiles. A día de hoy el tipo no ha cambiado nada, como puede verse en la imagen lateral, y sigue siendo un hombre apuesto al modo hispano. Por cierto, tiene un perfil MySpace y desde su sitio web personal responde a las preguntas de sus fans, y sí, según él, mantiene la amistad con sus antiguos compañeros de reparto. El año pasado anduvo trabajando en Dancing with the stars, un show de la ABC que debe de ser algo parecido a esa cosa que Anne Igartiburu presenta la noche de los lunes en La Primera. Hay vídeos de Mario López bailando aquí. Hoy día tiene 33 años (me figuré que sería más viejo).

Mark-Paul GosselaarAl buen amigo de Slater en Salvados por la campana, Zack/ Mark–Paul Gosselaar, no le ha ido peor: a fin de cuentas, basta echarle un vistazo a su perfil IMDB para darse cuenta de que no ha dejado de trabajar durante todos estos años. Cuenta unos 32 años en la actualidad, contrajo matrimonio en el '96 con quien hoy es su esposa, la guapísima actriz Lisa Ann Russell, y encadena participaciones en infinidad de series de televisión y en alguna película destinada a la pequeña pantalla. Poco más hay que decir sobre él: los hombres felizmente casados no dan mucho juego... (bueno, su casa ocupa una superficie de 5000 pies cuadrados).

Hermanos Joey & Matthew LawrenceUna de mis series favoritas fue siempre Blossom, protagonizada por la realmente encantadora Mayim Bialik, quien visitó España para participar en un capítulo de ¿Qué apostamos? Hablaba un español perfecto. Sin embargo, no era ella el objeto de los suspiros de este servidor, sino su hermano en la ficción, Joey/ Joseph Lawrence, a quien vi por última vez, hace años, en la horrible película Leyenda urbana, donde interpretaba al hijo de un productor de cine, si no recuerdo mal. Lawrence tiene hoy unos 31 años --jovencísimo, me parece--, y se ha especializado, como Gosselaar y Lçopez, en teleseries y películas destinadas a la TV. Por cierto, en una de esas series compartía escenario con varios hermanos suyos, entre ellos Matthew Lawrence, el cuerpazo que se dejaba ver en la adorable Yo y el mundo, emitida por primera vez los lunes noche en Televisión Española.

David LascherA propósito de Blossom, Joey Lawrence se veía forzado a compartir fans con Vinnie/ David Lascher, que interpretaba a una especie de chico malo bastante blando ennoviado con la protagonista. Últimamente lo he visto en Sabrina (la bruja adolescente), aunque no puedo decir que le haya seguido el rastro. Está casado desde el '99 y tiene 2 hijos. Pues nada, que estudien medicina. O algo.

Jonathan BrandisPara terminar esta remesa de viejas caras que en algún momento me hicieron temblar quiero mencionar a Jonathan Brandis, a quien seguí en Seaquest, la teleserie de ciencia ficción sobre un súper–submarino y un delfín capaz de hablar... Brandis no era ningún bombón, tal y como lo veo ahora, pero creo que en su momento me gustó, y fue una pena leer que el chaval se suicidó en 2003, a la edad, así pues, de 27 años. Se desconocen los motivos que lo impulsaron a tomar esa terrible decisión, pero según parece sufría una depresión. Dios lo acoja. En fin, mañana, la segunda ronda de nostalgia. // Puedes leer la 2ª parte aquí.

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enfoque gay lo publicó el domingo 18 de febrero de 2007 a las 21:51 // Permalink

Gays y 3ª edad

gays y 3ª edadHasta donde sé, X y yo éramos los dos únicos varones homosexuales de la clase, y a menudo intercambiábamos comentarios sobre asuntos gays, por así decir, como por ejemplo discotecas del ambiente sevillano, roles sexuales (!) y estilos de vestuario. No es que aquel chaval y yo tuviésemos muchos en común, pero eso poco importaba. En fin, el caso es que en cierta ocasión, mientras hablábamos de Ítaca, la áspera discoteca hispalense sobre la que ayer publicaba una entrada, X me preguntó si cuando me dejaba caer por allí los «viejos» no se dedicaban a molestarme, a rozarse conmigo y a dirigirme ese tipo de gestos repulsivos que algunos utilizan para manifestar interés sexual. Yo respondí que, honestamente, ningún anciano me había tirado los tejos en esa discoteca, y que, de hecho, se dejaban ver poco en la pista de baile, que es la zona que yo visitaba; los ancianos debían de recluirse en la sección exclusiva para hombres, situada tras una doble puerta de madera, y donde la oscuridad floreaba sobre decenas de tipos dispuestos a practicar sexo con un prefecto desconocido.

Otro chaval me confesó una vez, mientras tomábamos un café en El Bosque Animado, que, al alcanzar cierta edad, se apartaría con elegancia del ambiente para no convertirse en el blanco de las burlas y los comadreos de los más jóvenes.

Si debo dividir en dos grupos a los ancianos asiduos al ambiente, trazaré una pequeña frontera entre las «viejas brujas», tipos corrompidos por una inclinación al vicio que ya nunca podrán satisfacer, y a quienes es fácil encontrar viendo películas porno en las puertas de los cuartos oscuros, a la espera de que algún joven aficionado a la geriatría caiga en sus vetustas manos, y aquel otro grupo, el de los viejos que llevan su edad con una cierta dignidad. Recuerdo que vi a una pequeña tropa de estos tomando café en un local frecuentado por adolescentes y veinteañeros, de modo que el contraste era especialmente obvio. Vestían decentemente, con una frescura decorosa y comedida que evitaba que resultaran ostentosos y grotescos.

Es fácil dejarse llevar por el impulso semi atávico, y en cualquier caso instintivo, de reírse de esos hombres que mendigan sexo a pesar de que eso los convierte, con bastante frecuencia, en objeto de un feroz desprecio. Además, resultan doblemente patéticos cuando se empeñan en importunar a los jóvenes a la espera de que, en un caso excepcional, alguno ceda a mantener una charla o incluso una relación sexual con ellos. Desde luego que es fácil sucumbir a la risa. Todos nos carcajeamos de todos, se trata de una pequeña guerra sin cuartel a la que incitan la soledad, la frustración y el eco de un dolor que, a menudo, nunca desaparece: el miedo a la desaprobación, el temor a la diversidad y el pavor ante la apremiante perspectiva de una soledad que, cuando comienza, ya no conoce final.

Sin embargo, convendría que anduviésemos con pies de plomo cuando contemplamos a tipos de más de sesenta años revoloteando por el ambiente, como aquella sorprendente réplica de Tony Curtis que solía dejarse caer por el Isbiliya, otro mito de la escena gay sevillana. Y esa cautela no debería ser consecuencia sólo de que nosotros mismos llegaremos algún día, con un poco de suerte, a la vejez, sino también consecuencia de saber que esos tipos proceden de otra época...

Resulta doloroso pensar en la existencia que debieron llevar todo esos homosexuales que hoy son ancianos en tiempos de la dictadura y de una era en la que la diversidad social era poco más que un espejismo. Hombres y mujeres a quien se les prohibía amar, salir de fiesta con la desenvoltura con la que lo hacemos hoy y profesarse muestras de afecto en público. Pues bien, todos esos que sufrieron entonces son los que parecen buscar en la actualidad lo que se les escatimó en su momento. Y aunque no es pretexto para la falta de dignidad, sí se trata de una circunstancia merecedora de comprensión. // Nota: por lo que más quieras, corrige esto antes de publicarlo.

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enfoque gay lo publicó a las 21:49 // Permalink

Sevilla Gay: Isbiliya, ligar a ritmo de house

Isbiliya - Sevilla GayEl nombre de esta discoteca para gays aficionados a las camisas ajustadas es motivo de confusión y acaloradas discusiones entre las camarillas homosexuales sevillanas, supongo que porque nadie le presta atención en su debido momento, o sea, el sábado noche, que es cuando uno acude a sus salas y anfiteatros para bailar el house resonante que ha hecho famosa a Isbiliya. Aunque se trata de una cafetería diurna, a la caída de la noche se emboza el traje de discoteca y recoge las dulces expectativas de cientos de clientes. Dispone, como decía, de un anfiteatro, pasillos instalados en las alturas para contemplar, sumidos en una oscuridad incandescente, el digno paisaje inferior. Local de éxito permanente, lleno de muchachos guapos y ancianos recauchutados, o esa impresión he experimentado yo en alguna ocasión, conviene visitarlo vestido de modo que salte a la vista que te va el rollo tío/tío. Los jóvenes homosexuales de toda Andalucía occidental acuden allí en busca de... bueno, ¿a qué otra cosa podrían dedicar su tiempo la noche del sábado? Camareros de todo tipo, y como muestra, dos botones: un pollo extremadamente guapo, rubio, perfecto, más soso que una piedra; el otro, un pollo extremadamente lerdo, feo e imperfecto, para el que no albergaría un buen deseo ni aunque me fuese la eternidad en ello. Además, Isbiliya agasaja a su parroquia con una selección de transformistas y folclore español. ¡Casi nada! Se trata, en resumen, de la discoteca perfecta para los gays con ganas de ligar.

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