enfoque gay lo publicó el jueves 17 de mayo de 2007 a las 08:22

A vueltas con Norman Mailer

Norman Mailer Acabo de recordar un sueño que tuve ayer. Cielos, fue absolutamente ridículo y lo había olvidado por completo. Necesito realizar un par de aspiraciones/ espiraciones profundas para armarme de valor antes de revelar que recibí la visita de Jesús de Polanco, el todopoderoso propietario del Grupo PRISA. El tipo estaba en las últimas y yo interpretaba el papel de enfermero o chico de confianza, algo parecido. El discurrir de los años causa efectos diferentes en cada persona, a unos sienta mejor que a otros, ya sabéis, y en determinados casos esos «efectos» son, de hecho, «estragos». Creedme, fue un sueño bastante sombrío y desagradable. Se trate de Polanco o de un alienígena enano procedente de las lunas de Saturno, la expectativa de la muerte nunca se manifiesta con dulzura, incluso cuando el fin de la vida es la única forma de saldar los sufrimientos humanos.

Pero no es a Polanco a quien tenía intención de dedicar un par de líneas, sino a Norman Mailer, más que notable novelista y biógrafo yanqui del que ya coloqué algunas referencias en el blog hace una buena temporada. Ocurrió a principios de febrero --cielos, el tiempo pasa tan rápido que me da vueltas la cabeza--, y yo sacaba a Mailer a colación tras releer una vieja entrevista publicada por el diario El Mundo. En dicha entrevista, Mailer, hasta ese momento auténtico baluarte de la virilidad estadounidense, soltaba cuerda y se mostraba un poco más flexible en relación con la homosexualidad. Yo citaba entonces las dos novelas de Mailer que habían pasado por mis manos, Los tipos duros no bailan y El fantasma de Harlot, ambas fantásticas, ambas procazmente sexuales y ambas con su punto de homosexualidad latente o practicada, por así decir. Mailer suele tratar el asunto como una especie de equilibrio de fuerzas primarias, un verdadero espectáculo de la naturaleza manifestado mediante la explosiva masculinidad de los personajes. Me refiero a que no existían alusiones emotivas, y que la homosexualidad poseía una dimensión específica y exclusivamente fálica y fisiológico.

Me he reafirmado últimamente en esta impresión, forjada en primer lugar hace ya muchos años, mientras releía el mamotreto de 1200 páginas El fantasma de Harlot. Una verdadera gozada. Las referencias homoeróticas no son pocas, como por ejemplo el impulso del propio Harlot, quien experimenta la necesidad --no realizada-- de sodomizar a todos los muchachos guapos que se le ponen a tiro, o la relación entre el protagonista, Harry Hubbard, con otro personaje relevante, quien en determinada escena lo conduce a su apartamento en la Alemania ocupada por los aliados, se sitúa a gatas, levanta el trasero y se ofrece para ser penetrado. Hubbard toma una decisión que cobra una enorme importancia, aunque no me parece conveniente revelar si el acto es finalmente satisfecho, o si las energías se derraman en otra dirección.

Aunque el planteamiento que realiza Mailer de la homosexualidad es demasiado parcial --en absoluto simplista--, me encanta, y, esto es solo una preferencia muy personal, el modo en que la relación entre dos hombres de desarrolla como un intercambio de fuerzas y chorros de testosterona, y no como un juego tramposo de debilidades y sumisión, me parece un auténtico acierto dramático.

1 Comentarios:

Por Anonymous sonia, el 17 de mayo de 2007 15:06  

Vamos que de amor nada de nada.

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