[Si no estás familiarizado con el caso del asesinato de Bryan Kocis, será buena idea leer primero esta entrada.] La obviedad consiste en que cada uno cree lo que quiere. Literalmente y hasta las últimas consecuencias. Yo acabo de decir, exactamente, lo que tenía intención de decir. Lo he expresado del mejor modo posible, pero de todas formas eso no importa, porque quienes deseen malinterpretarlo... bueno, ellos entenderán cualquier cosa. Algunas personas descubren una mañana que algo no marcha bien en su cuerpo: un bulto en el flanco de un seno, rastros de sangre en la orina, una llaga que no deja de crecer en el piso de la boca. Los tres síntomas podrían deberse a que un tumor maligno, por ejemplo, se abre camino en sus entrañas, pero, en lugar de consultar a un médico, deciden que se trata de algo natural, que desaparecerá por sí solo. Incluso cuando es demasiado tarde, se persuaden de que no es un cáncer, de que el médico, a quien se aproximaron impulsados por un miedo innominado, se halla sumido en un tremendo error. Ellos no tienen cáncer. De hecho, ellos han deseado creer que no sufren esa enfermedad. Así que, ya sabéis, cada uno alberga las convicciones que le vienen en gana, aunque todos los elementos de juicio demuestren que uno está equivocado.
Por eso podemos pensar que nuestro amigo no es un asesino. De haber pruebas, que les den por el culo.
Si debo ser honesto, creo que Harlow Cuadra es cómplice del asesinato de Bryan Kocis. No obstante, sobra decir que eso será clarificado por un tribunal, y la emisión del veredicto depende del Gran Jurado. Pero veréis, las pruebas e indicios con que cuenta la policía son más que notables: Cuadra y su novio compraron un puñal con el que presuntamente cometieron el crimen, desaparecieron de su casa de Virginia Beach durante un par de días coincidiendo con la comisión del asesinato, utilizaron tarjetas de crédito en establecimientos situados en la ruta probable que los unía con Dallas Township, lugar de residencia de Kocis, se autoinculparon en una playa nudista... Algunos blogueros alegan que el negocio --por cierto que ilegal-- de Cuadra le ha jugado una mala pasada, y que la poli ha cargado su ira sobre él cegada por prejuicios morales. Otros, como el controvertido pornógrafo Damon Kruezer, sostiene que Cuadra carecía de motivos sólidos para perpetrar el crimen, y que todo este asunto constituye una especie de complot. Sin embargo, sus argumentos se reducen a lo siguiente: el negocio iba viento en popa y Cuadra es demasiado encantador. Dos argumentos de peso, como podéis ver. Es curioso que Kruezer dibuje un retrato de Cuadra tan favorecedor, y que pase por alto hechos relevantes como por ejemplo su profesión. A fin de cuentas, ¿a quién le sorprende que un chapero juegue sucio? ¡Si incluso su trabajo constituye un delito! No seamos críos: la prostitución y la delincuencia campan en el mismo bando desde el principio de los tiempos. Puede que matar a Kocis para hacerse con su modelo estrella Sean Lockhart/ Brent Corrigan no suene demasiado verosímil, pero debemos situar los hechos en su contexto: Cuadra había amasado una fortuna mediante negocios ilegales. No es un buen tipo que una mañana abre los ojos y descubre con sorpresa que un hechizo lo ha teletransportado desde el salón de su casa hasta el cubil de una selva plagada de monstruos. La cuestión es, ¿se ajusta Cuadra al perfil de un asesino a sangre fría? Tanto Cuadra como su amante llevaban una vida exhibicionista y a todo tren, con una casa valorada en 500.000$, varios cochazos, viajes, comidas exóticas. Si determinaban que Kocis era un obstáculo para su estrategia de negocio, ¿no resulta verosímil que adoptaran una decisión verdaderamente drástica a fin de convertir su empresa en líder del sector? Lockhart/ Corrigan había sido, con diferencia, la estrella más brillante de la constelación forjada por Kocis, y seguía siendo, aun envuelto en severas dificultades legales, una rutilante estrella del porno. Había trabajado recientemente, por ejemplo, en The velvet mafia, exitosa película de la todopoderosa factoría Falcon. Lo que trato de poner de relieve es que Lockhart/ Corrigan era (es) una auténtica perita en dulce para el negocio del porno, a la espera, claro, de que alguien la arrancara del árbol. Si el ex marine Cuadra se había habituado al éxito, y si tenía una visión inmadura del trabajo policial y de la dificultad de cometer un crimen sin dejar una estela a su espalda, entonces, en conjunto, las piezas cobran sentido.
Por cierto que la policía ha congelado los bienes de Cuadra y Kerekes, de modo que carecen de recursos para seguir pagando a sus respectivos abogados, quienes se han desentendido del caso. En opinión de estos, la treta de la policía tiene por objeto forzar a los acusados a recurrir a abogados de oficio, esto es, a unos patanes.
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