Está bien, muchachos, tengo una docena de pestañas abiertas en mi navegador. Y esa docena de pestañas corresponde a una docena de páginas web cuyo contenido me propongo comentar en esta entrada. Ninguno de los asuntos referenciados me ha causado una sonrisa, debo admitirlo, y debo admitir también que quizá P., la encantadora compañera de instituto que me dijo que yo necesitaba a alguien con quien enfrentarme todo el tiempo para ser feliz, llevaba razón. Carácter Funcional, esos son mis apellidos.
Un lector de la columna de Andrew Sullivan --ya sabéis, el célebre bloguero católico, conservador, homosexual y oso-- le envía un mensaje sobre el recientemente fallecido predicador Jerry Falwell. Su mensaje comienza así:
[...] I really think that Falwell's legacy is simple... he brought fundamentalist' christianism out from under a rock and injected it into the daily conversation.
Lo cual significa, despojado de prejuicios, que Falwell elevó lo que el lector denomina «cristianismo fundamentalista» a la misma categoría que otras tantas ideologías radicales que protagonizan la vida pública norteamericana, como por ejemplo determinadas corrientes de izquierdas y geelebetés. No está de más que alguien afirme que la mesa es blanca cuando la mayoría mediática clama que la mesa es negra, aunque de hecho la mesa en cuestión es de color rosa flamenco. Resultaría sencillo extrapolar el caso americano a la vieja España.
Cambio de tema. Publica Gay.com una interesante noticia: Bush se une al Papa en el Paseo de la Infamia anual, y de este modo el círculo se cierra: tres protagonistas de la escena internacional congregados en el concurrido bulevar de los malo–malo–malo malvados. El tercero en discordia es el presidente de Irán, Ashmadinejad. El caso es que la lista ha sido confeccionada por Human Rights Watch, lo cual me hace pensar en Human Rights Campaign, la paranoica asociación moralizadora que atrajo mi atención y motivó la entrada «Gays que deciden por gays...» hace un par de meses. En dicho post me hacía eco de la acusación de homofobia que la HRC vertía sobre un fabricante de chocolatinas a causa de un anuncio emitido durante la super-bowl. Los creativos que idearon el spot se limitaron a reproducir una vieja broma que confundía virilidad y miedo a la homosexualidad, y los sicóticos de la HRC pusieron el grito --agudo, muy agudo-- en el cielo.
Supongo sin embargo que lo más interesante ha sido uno de los comentarios de los usuarios del portal. Compara a los homosexuales que apoyan al Papa con, bueno, con presuntos judíos que habrían colaborado con los nazis. Pero mucho me temo que esa analogía es demasiado endeble para tomársela en serio, y en realidad se limita a inocular una idea perversa en el cerebro de otros usuarios igualmente débiles mentales: a saber, que el Papa y Adolf Hitler comparten la misma inmunda magnitud. Nada nuevo, por otra parte, pues a Juan Pablo II se le acusó repetidamente de genocida por su postura en relación con el uso de métodos contraceptivos en África (la verdad ha sido siempre bien distinta). Por cierto que la HRW suscitó cierta polémica hace un par de años, entre otras cosas, por llamar a ETA banda separatista y por cuestionar la legitimidad del Gobierno español para dispersar a los presos terroristas. Y es que la previsión de que los últimos serán los primeros ha cedido paso a esta abyecta revisión: los culpables serán inocentes, que se ajusta mejor al estado de confusión generalizada actual.
De expressgaynews.com tenía intención de mencionar al sacerdote católico gay que desafió al presente Príncipe de los Obispos hace la tira de años, pero prefiero situar el foco sobre un artículo publicado por el editor de dicho sitio web, Phil LaPadula. Traduzco los párrafos primero y último:
El terrible y reciente asesinato de Ryan Skipper tuvo algo en común con casi todos los otros asesinatos de gays que he reportado para el Express: Los sospechosos, William Brown y Joseph Bearden, son ciudadanos caucásico nacidos en Estados Unidos.
[Sarcasmo: lo cual entronca, como es evidente, con la última parte:]
Quizás la próxima administración [de la Nación] admitirá que la verdadera solución a la tragedia de la inmigración ilegal requiera trabajar para transformar el cesto socio–económico que es el planeta Tierra. Quizá tendremos líderes que valoren la dignidad otorgada por Dios más que las fronteras confeccionadas por el hombre.
Lo significativo del editorial es la escasa consistencia con la que LaPadula asocia asuntos tan dispares como la homosexualidad y la inmigración ilegal. Sostiene el autor que los responsables de delitos cometidos contra GLBT’s suelen ser ciudadanos estadounidenses de pura raza, por así decir, pero excluye tramposamente de la ecuación varios factores relevantes: si lo que trata de hacer es dibujar una imagen mental favorable del modo en que los latinos se aproximan a la homosexualidad, quizá debería ubicar el análisis en un país hispanoamericano: le sorprendería comprobar que las ventajas con las que contamos los gays en España, hispana entre hispanas, no son precisamente la norma en el continente de ultramar. Sería asimismo adecuado que incorporara los datos de agresiones a todo tipo de personas, y no sólo los que afectan a GLBT’s. Por otra parte, no todos los homicidios en los que un gay es la víctima constituyen lo que se ha dado en llamar «crímenes de odio». Uno de los ejemplos propuestos engañosamente por PaDula es el asesinato del escritor de libros infantiles Alan Shalleck, ¡pero es que los dos homicidas, ambos varones, eran pareja! // Acabo de releer este párrafo y llego a la conclusión de que mi tesis no ha quedado clara: chicos, no os sintáis forzados a incluir la homosexualidad en todos los asuntos de la mundana existencia. Creedme, hay vida ahí fuera.
A propósito, el cantante Dave Hall publica un artículo escrito en primera persona en la revista Advocate. Hall es árabe y gay, y tras leer su texto uno puede resolver que los occidentales hemos destrozado un hermoso mundo edificado por la civilización árabe. Enrojezco a causa del sentimiento de culpa. Miradme.
Por cierto también que el especial de junio de Advocate dedica la portada a un guapo actor llamado T.R. Knight. Una rápida búsqueda en Google me pone sobre la pista y recuerdo el escándalo levantado por un compañero de Knight en Anatomía de Gray que lo había llamado «maricón». Fue un feo asunto, y más feo el modo en que se infló el globo. De hecho, creo que fuimos verdaderamente afortunados al confirmar que aquella polémica no provocó que el planeta Tierra estallara en mil pedazos. Pues bien, Knight tiene novio, cuyo rostro ilustra la presente entrada. Mono, ¿no? Es martes, feliz día.
Posdata: exacto, Sonia, me refiero a ése Alberto.
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