Un tipo propina una paliza de muerte a su hija de 15 meses. He escrito «de muerte» porque eso es lo que ha ocurrido. La pequeña fallece, el padre sobrevive. Esta noticia con el sonido de lodo que fluye en el subsuelo trae a mi memoria el primer párrafo de la novela Legión, de William Peter Blatty. Comienza así:
Estuvo pensando en la muerte, en sus infinitos gemidos, en los aztecas arrancando corazones vivos, y en el cáncer, y en niños de tres años enterrados vivos, y se preguntó si Dios era extraño y cruel, pero entonces recordó a Beethoven y la heterogeneidad de las cosas y de la alondra, en el «Hurra por Karamazov», y en la bondad. Contempló el sol, que asomaba por detrás del Capitolio y teñía el Potomac de matices anaranjados. Miró después el horror que yacía a sus pies. Algo había ido mal entre el hombre y su creador, y la evidencia estaba ahí, en ese embarcadero.
Pienso también en la aspereza que reviste la fe del padre Merrin en El exorcista. No encuentro la cita que tenía intención de reproducir. Quizá en otro momento...
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Ha sido un fin de semana aburrido, largo e inquieto. Anoche soñé con un sujeto que suplicaba auxilio en el paroxismo de la muerte. Al despertar, oí una voz masculina procedente del televisor situado en el salón contiguo: «Socorro, socorro, socorro». Me levanté para cerrar la puerta.
Mi madre acudió al servicio de urgencias de un ambulatorio, de un pequeño hospital y de un gran hospital.
Ha hecho calor, el cielo se ha vuelto del color del plomo, han soplado vientos fríos y la temperatura del lomo de un animal enfermo ha descendido finalmente sobre el viejo Sur.
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El noticiario matinal de Antena 3 se ha agenciado un bombón para presentar la sección del tiempo. De unos 30 años y aspecto juvenil, urbano, inofensivo.
El debate de La Primera de TVE cuenta con Esther Palomera, una mujer guapa que esta mañana me ha parecido preciosa. Palomera es la codirectora o algo así del diario La Razón, que, según entiendo, es hoy lo que habría de ser el ABC. La Razón tiene unos pocos buenos columnistas en plantilla. La defensa que Palomera hace de la política derechista se ve bastante blanda, sobre todo si se la compara con la que realizan sus compañeros de tertulia de izquierdas (a dos de los cuales desprecio animosamente).
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Un tipo más o menos atractivo e inseguro se las vio y se las deseó para entrarle a otro tipo más o menos apuesto a quien conocía de pocos meses. El primer sujeto, a quien llamaremos A, se puso tan nervioso durante el trance que B se sintió conmovido, según éste último me confesó más tarde, aunque lo rechazó. Habría podido evitar la apostilla con que terminó su discurso: «Si no encuentro a otro que me guste más, ya sé que a A lo tengo ahí». Por cierto que aquel desdichado encuentro fue la conclusión de varias semanas protagonizadas por ese infantilismo vergonzoso al que se aferran determinadas personas. Si te gusta, díselo, pero no envíes a tus amigos para tantear el terreno: B conoce el juego y te perderá el respeto. Me pregunto qué habrá sido de ellos desde entonces. // Posdata: he añadido este párrafo para conferir volumen a una entrada bastante floja, para qué engañarnos. Lunes 21 de Mayo, feliz semana.


