Conque guionistas gays, ¿eh? De pronto me vienen a la cabeza Darren Starr, de Sexo en Nueva York y Melrose Place, y Alan Ball (oh, tío, cómo te odio), de A dos metros bajo tierra y American Beauty. Hollywood, mundo del espectáculo, estrellas de cine, egos inflamados y fiestas que se prolongan durante 3 días. Monstruos, habéis destrozado nuestras vidas...
Qué tiempos aquellos en los que Melrose Place daba cancha a un personaje homosexual, un rubito pálido, blandengue y romanticón que en nada se parecía a la imagen mental que uno se había creado del gay angelino. El actor que lo interpretaba, Doug Savant, anda metido a día de hoy en Mujeres desesperadas. Bastante menos atractivo era Stanford, de Sexo en Nueva York, aunque tenía gracia y picardía. El mejor amigo de Carrie Bradshaw sufrió, como todos, un par de disgustos amorosos y ciertas frustraciones, ¡pero es que miraba sólo a los más guapos! Pensándolo bien, me recuerda al hermano de una chavala a la que conocía; el muchacho no era precisamente una belleza, y se empeñaba en que le presentáramos a los bombones más dulces de la discoteca. Si la memoria no me es infiel, ninguno picó. No obstante, Stanford Blatch/ Willie Garson se agenciaba a un quesito, un tal Marcus/ Sean Palmer, bailarín de profesión en la vida real, que había trabajado de chapero. Qué–fuerte, tía.
Ciertamente, como afirma Berlanti en la entrevista a la que aludía al principio de la presente entrada, A dos metros bajo tierra constituyó un verdadero aldabonzazo y obligó a todos los productores... o, al menos, a aquellos con ganas de hacerse respetar... a proyectar a los personajes homosexuales de un modo más maduro. La verdad es que no seguí la serie de principio a fin --la inestabilidad de los horarios tanto de A dos metros como los míos propios frustraron nuestra feliz relación--, de modo que no conozco el viraje moral completo del personaje gay, David Fisher, pero conservo una parte en la memoria. De hecho, fue David el cebo que me mantuvo sujeto a la serie durante los primeros capítulos, y es que ver reflejado en la pantalla a un gay conservador me llenó de gozo. Mi gozo en un pozo, sin embargo, cuando su vida se convirtió en una película porno, con felaciones improvisadas con un fontanero incluidas. Quién te ha visto y quién te ve, colega. Ese concepto de «pareja abierta» tampoco tiene buena fama en mi cabeza, de modo que supuso otra pequeña decepción. David pasó de rogar fervorosamente a Dios para que le ayudara a aceptarse tal y como era, a convertir la sexualidad en un juego de mesa. No obstante, al mismo tiempo la superdotada novia de Nate, Brenda, se despojó de su traje de virago y se volvió un poco más conservadora, por así decir, aunque «contenida» sería una palabra más ajustada.
Qué curioso cómo han ido cambiando los papeles gays a lo largo de los años. Otro ejemplo saludable es Will & Grace, que no solo era auténticamente desternillante, con mi inolvidable Karen Walker a la cabeza, sino con un protagonista, Will, que no sólo era gay, sino también perfectamente funcional. Y no es que su vecino y sin embargo amigo no fuera un hombre capaz, pues comparto su pasión por Cher y eso lo respeto por encima de todo, nunca podría criticar a un colega... pero, bueno, dejémoslo en que quizá Jack debería sentar cabeza. En todos los sentidos.
Aquí en España, mientras tanto, tenemos a ese muchacho de Motivos Personales. Jan Cornet. Muy mono, sí señor. Muy mono.
Etiquetas: celebridades, cine, gay america, tv

