enfoque gay lo publicó el sábado 10 de marzo de 2007 a las 18:43

El verdadero enfoque de enfoque gay

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Un post publicado por Arturo, del blog de noticias AmbienteG, me ha hecho reflexionar sobre un par de asuntos y me ha impulsado además a escribir esta entrada.

El primero tiene que ver con nuestro foco de atención. ¿A dónde miramos, en previsión de qué y con qué disposición? En su entrada, Arturo se lamenta de que los personajes homosexuales son presentados con frecuencia en las teleseries como «mariconas», tipos envueltos en plumaje que degradan su orientación sexual y deterioran la imagen pública de todo el colectivo gay y lésbico. Sin embargo, habría que considerar primero que un número significativo de homosexuales son amanerados; de hecho, muchos gays que no ostentan pluma en su vida cotidiana, se desmelenan y la exhiben con el orgullo renacido del converso cuando se encuentran en el contexto adecuado: en una fiesta privada de gays o en locales de ambiente, por ejemplo. Eso me recuerda a una vieja profesora de francés, una perfecta esnob por la que jamás sentí la menor simpatía, que se movía por los pasillos del instituto con la gracia salerosa de una bailarina de cabaret; sin embargo, una vez que franqueaba las puertas del edificio y ganaba la calle, la muchacha se volvía tan recatada como la ejecutiva de un gran banco. Contexto, ¡contexto!

Así que cuando nos quejamos de que todos los homosexuales que aparecen en televisión tienen pluma, ¿cuál es el problema? ¿En qué consiste nuestro temor? ¿En que quienes no somos así desearíamos vernos reflejados con fidelidad --lo cual, de hecho, ocurre bastante a menudo, pero de eso hablaré más adelante--, o en que no consideramos digno que alguien poco masculino sirva para proyectar la imagen de todos los homosexuales, es decir, para representarnos? Cuestión que lleva a plantear otra pregunta: ¿tienen las teleseries una responsabilidad social, deberían tener una utilidad didácticas? De hecho, en Estados Unidos ocurre así, las series de televisión no sólo entretienen, sino que además educan (en opinión de algunos, para equilibrar las deficiencias del sistema de enseñanza, aunque me parece una opinión un tanto sesgada), pero en España... bueno, aquí uno ve literalmente cualquier cosa en cualquier programa, así que quizá sea demasiado tarde para seguir engañándonos. Los shows son productos comerciales al servicio de las finanzas de los productores, no de la sociedad; si por un momento se nos ocurriera forzar un cambio radical en el modo en que la televisión se aproxima a la sociedad, entonces lo más práctico sería bombardear las sedes de los canales de televisión y empezar desde las ruinas. Resultaría menos oneroso y más eficaz.

Por otro lado, ¿hasta qué punto es cierto que los homosexuales son dibujados como hombres promiscuos, afeminados y adictos a la prensa del corazón? En primer lugar deberíamos clasificar las teleseries entre verosímiles e hiperbólicas: las que tratan de reflejar la realidad tal y como es, donde los gays son presentados con una diversidad que se corresponde estrechamente con la realidad; y aquellas otras que tratan de forzar y exagerar los rasgos para causar diversión. Yo creo que el primer caso está más o menos superado, y el segundo está fuera de nuestro alcance. Pues si a los derechistas se los presenta como fachas, a los sacerdotes como bobos, a las ancianas como cascarrabias y a los porteros como nulidades, ¿qué sentido tiene exigir que los homosexuales sean exonerados de ese peso y que se les muestre con naturalidad?

Sobre el primer caso, el de las series de televisión serias, remito a mi post publicado hace pocos días en el que aludía a Greg Berlanti, guionista homosexual de éxito, quien disertaba en una entrevista publicada en Logo Online sobre la evolución de los papeles homosexuales en la televisión seria.

Sobre el segundo caso, el de las series hiperbólicas, podría poner como perfecto ejemplo Los Simpsons, donde durante muchísimo tiempo hubo únicamente un personaje homosexual, encerrado en el armario pero transparente para todos los espectadores que tuvieran intención de verlo: Weylon Smithers. Ridículo y estirado, con voz de pito, cegato y enamorado de un anciano malévolo, el señor Burns. ¿Tiene sentido quejarse de que Weylon no es un modelo de homosexual? ¡Pero es que el pastor local no es tampoco un modelo de religiosidad, ni Homer de padre de familia, ni nadie es modelo de nada! Se llama hipérbole, exageración.

Sin embargo, es sencillo dejarse llevar y poner los ojos tan solo en las parodias que afectan a los gays sin tener en cuenta todas las demás. El problema reside en que eso resulta poco realista y perpetúa rencores homosexuales que en nada contribuyen a hacer que las cosas nos vayan a todos un poco mejor.

Me aficioné a Aquí no hay quien viva durante un mes, hasta que determinada propaganda me hizo alejarme del televisor. Pero ésa es otra historia. A lo que iba es a que en determinado episodio el sacerdote y una monja me parecieron una parodia grotesca de los católicos, y por un segundo lo encontré doblemente ofensivo. Es decir, caí en el mismo error que critico a otros. Sin embargo, pronto reparé en que esos dos personajes eran distorsionados en la misma medida que todos los demás. Así que, ¿por qué preocuparse?

En resumen, si Queer as folk, esa serie supuestamente rompedora que tan buena acogida recibió de muchísimos homosexuales --y heteros--, no traza un retrato integral de los homosexuales, ¿por qué y cómo pedirle más fidelidad a todas las demás teleseries?

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4 Comentarios:

Por Anonymous REM, el 10 de marzo de 2007 19:46  

Estoy totalmente de acuerdo contigo. Creo que no podemos decir que los homosexuales no tienen/tenemos pluma. Está claro que no todos son/somos amanerados, pero la mayoría sí. Y cuanto más reconocemos nuestra homosexualidad, más pluma nos sale (un amigo mío, desde que le dije que era gay, no hace más que decirme que se me nota cada vez más...). Vale, a mí tampoco me gusta que me digan que todos los homosexuales somos como Boris Izaguirre. Pero a los heteros que tienen pluma (existen...creo) tampoco les hace gracia que les digan que son homosexuales.

En las comedias de televisión se exagera todo, está claro. Solo hay que ver todos los personajes de Aquí no hay quien viva: ¿o es que todas las jubiladas son como las tres ancianas de radio patio?

Creo que eso es todo. Lo único que quiero añadir es que espero que lo de bombardear todas las cadenas de televisión sea broma.... ;)

Besikos!!

Por Blogger Seth Bones, el 10 de marzo de 2007 19:52  

Está claro que no todos son/somos amanerados, pero la mayoría sí

No, la inmensa mayoría de los gays no somos amanerados... aunque no son pocos quienes tienen algún rasgo afeminado. El problema de los heteros es que suelen reconocer solo a quienes tienen pluma, así que piensan que es algo generalizado. Pero no lo es.

Lo único que quiero añadir es que espero que lo de bombardear todas las cadenas de televisión sea broma...

¿Broma? Eh... sí, claro, iba... ejem, iba de... iba de broma, por supuesto!!! :O :P

Besos para ti, esquimal.

Por Anonymous sonia, el 10 de marzo de 2007 22:42  

Imagino que lo que se pide es una serie donde los gays no sean tan esteriotipados y se acerquen más a la realidad. Una serie sin personajes distorsionados. Un beso para los dos, mejor, uno para cada uno no os vayais a pelear ;)

Por Blogger Seth Bones, el 11 de marzo de 2007 17:57  

El problema es que esas series ya existen, pero parece que hay gente que no quiere verlo y seguir quejándose de lo mal que nos van las cosas a los homosexuales. Un besito.

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