Hoy me tomo un respiro de Enfoque Gay, de modo que me limitaré a publicar una entrada escrita hace aproximadamente una semana. La discoteca Ítaca interpreta el papel del lado oscuro, ya veréis por qué. // Parece que a los empresarios del sector homosexual hispalense les mola el rollo ultra–retro: Hércules Mítico, Emperador Trajano e Ítaca, nada más y nada menos. Deben de ser los efluvios históricos de la vieja ciudad romana. Ítaca es una de las discotecas mejor establecidas del ambiente sevillano, con una mezcla musical techno–house que convierte su sala principal en una verdadera fiesta de movimientos, oscuridad y, por qué no decirlo, proposiciones indecentes. Se trata de uno de los mejores locales para ligar, y ese aire de concupiscencia a flor de piel a nadie pasa desapercibido; a fin de cuentas, cuando uno franquea la puerta señalada con el cartel de «Sólo Hombres» accede a un verdadero paraíso sexual... si eso es lo que a uno le va. En fin, la discoteca está dividida en dos partes: la primera, para todos los públicos, opera como sala de baile y hospeda las expectativas de todo tipo de gente: viejos, niñatos, pimpollos, alternativos, pijos, fashion–victims y osos, por citar unos pocos ejemplos. La otra mitad consiste en... bueno, una especie de «guarida de la Lujuria», como escribía Wolfe...La segunda sala, sin música, dispone de su propia barra y de una pantalla suspendida del techo en la que proyectan cine porno. Todo de lo más oscuro. A la izquierda se encuentran los servicios, en cuya puerta se apostan los muchachos con ganas de ligue. Y aquí «ligue» quiere decir «sexo». Claro que al fondo a la derecha se halla la entrada al cuarto oscuro. Sin embargo, es necesario desplazarse unos pasos, de nuevo hacia la izquierda, para localizar las escaleras que conducen a la planta superior, donde aguardan pacientemente las estrechas cabinas envueltas en un resplandor rojizo. Todo esto puede sonar un poco sórdido, y supongo que en efecto lo es, pero el Ítaca es un verdadero mito entre los gays sevillanos, tanto para lo bueno como para lo malo. La entrada es gratuita o de pago a discreción del portero (influye si uno es joven y guapo o justo lo contrario).


