
El nombre de esta discoteca para gays aficionados a las camisas ajustadas es motivo de confusión y acaloradas discusiones entre las camarillas homosexuales sevillanas, supongo que porque nadie le presta atención en su debido momento, o sea, el sábado noche, que es cuando uno acude a sus salas y anfiteatros para bailar el house resonante que ha hecho famosa a Isbiliya. Aunque se trata de una cafetería diurna, a la caída de la noche se emboza el traje de discoteca y recoge las dulces expectativas de cientos de clientes. Dispone, como decía, de un anfiteatro, pasillos instalados en las alturas para contemplar, sumidos en una oscuridad incandescente, el digno paisaje inferior. Local de éxito permanente, lleno de muchachos guapos y ancianos recauchutados, o esa impresión he experimentado yo en alguna ocasión, conviene visitarlo vestido de modo que salte a la vista que te va el rollo tío/tío. Los jóvenes homosexuales de toda Andalucía occidental acuden allí en busca de... bueno, ¿a qué otra cosa podrían dedicar su tiempo la noche del sábado? Camareros de todo tipo, y como muestra, dos botones: un pollo extremadamente guapo, rubio, perfecto, más soso que una piedra; el otro, un pollo extremadamente lerdo, feo e imperfecto, para el que no albergaría un buen deseo ni aunque me fuese la eternidad en ello. Además, Isbiliya agasaja a su parroquia con una selección de transformistas y folclore español. ¡Casi nada! Se trata, en resumen, de la discoteca perfecta para los gays con ganas de ligar.
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