enfoque gay lo publicó el domingo 18 de febrero de 2007 a las 21:51

Gays y 3ª edad

gays y 3ª edadHasta donde sé, X y yo éramos los dos únicos varones homosexuales de la clase, y a menudo intercambiábamos comentarios sobre asuntos gays, por así decir, como por ejemplo discotecas del ambiente sevillano, roles sexuales (!) y estilos de vestuario. No es que aquel chaval y yo tuviésemos muchos en común, pero eso poco importaba. En fin, el caso es que en cierta ocasión, mientras hablábamos de Ítaca, la áspera discoteca hispalense sobre la que ayer publicaba una entrada, X me preguntó si cuando me dejaba caer por allí los «viejos» no se dedicaban a molestarme, a rozarse conmigo y a dirigirme ese tipo de gestos repulsivos que algunos utilizan para manifestar interés sexual. Yo respondí que, honestamente, ningún anciano me había tirado los tejos en esa discoteca, y que, de hecho, se dejaban ver poco en la pista de baile, que es la zona que yo visitaba; los ancianos debían de recluirse en la sección exclusiva para hombres, situada tras una doble puerta de madera, y donde la oscuridad floreaba sobre decenas de tipos dispuestos a practicar sexo con un prefecto desconocido.

Otro chaval me confesó una vez, mientras tomábamos un café en El Bosque Animado, que, al alcanzar cierta edad, se apartaría con elegancia del ambiente para no convertirse en el blanco de las burlas y los comadreos de los más jóvenes.

Si debo dividir en dos grupos a los ancianos asiduos al ambiente, trazaré una pequeña frontera entre las «viejas brujas», tipos corrompidos por una inclinación al vicio que ya nunca podrán satisfacer, y a quienes es fácil encontrar viendo películas porno en las puertas de los cuartos oscuros, a la espera de que algún joven aficionado a la geriatría caiga en sus vetustas manos, y aquel otro grupo, el de los viejos que llevan su edad con una cierta dignidad. Recuerdo que vi a una pequeña tropa de estos tomando café en un local frecuentado por adolescentes y veinteañeros, de modo que el contraste era especialmente obvio. Vestían decentemente, con una frescura decorosa y comedida que evitaba que resultaran ostentosos y grotescos.

Es fácil dejarse llevar por el impulso semi atávico, y en cualquier caso instintivo, de reírse de esos hombres que mendigan sexo a pesar de que eso los convierte, con bastante frecuencia, en objeto de un feroz desprecio. Además, resultan doblemente patéticos cuando se empeñan en importunar a los jóvenes a la espera de que, en un caso excepcional, alguno ceda a mantener una charla o incluso una relación sexual con ellos. Desde luego que es fácil sucumbir a la risa. Todos nos carcajeamos de todos, se trata de una pequeña guerra sin cuartel a la que incitan la soledad, la frustración y el eco de un dolor que, a menudo, nunca desaparece: el miedo a la desaprobación, el temor a la diversidad y el pavor ante la apremiante perspectiva de una soledad que, cuando comienza, ya no conoce final.

Sin embargo, convendría que anduviésemos con pies de plomo cuando contemplamos a tipos de más de sesenta años revoloteando por el ambiente, como aquella sorprendente réplica de Tony Curtis que solía dejarse caer por el Isbiliya, otro mito de la escena gay sevillana. Y esa cautela no debería ser consecuencia sólo de que nosotros mismos llegaremos algún día, con un poco de suerte, a la vejez, sino también consecuencia de saber que esos tipos proceden de otra época...

Resulta doloroso pensar en la existencia que debieron llevar todo esos homosexuales que hoy son ancianos en tiempos de la dictadura y de una era en la que la diversidad social era poco más que un espejismo. Hombres y mujeres a quien se les prohibía amar, salir de fiesta con la desenvoltura con la que lo hacemos hoy y profesarse muestras de afecto en público. Pues bien, todos esos que sufrieron entonces son los que parecen buscar en la actualidad lo que se les escatimó en su momento. Y aunque no es pretexto para la falta de dignidad, sí se trata de una circunstancia merecedora de comprensión. // Nota: por lo que más quieras, corrige esto antes de publicarlo.

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4 Comentarios:

Por Anonymous sonia, el 18 de febrero de 2007 22:09  

Debe ser muy duro para esa gente, que en su dia no pudieron ser libres de disfrutar su sexualidad, que encima de lo que se han perdido les recuerden que son viejos. A mi nunca se me ocurriria mofarme de alguien asi.

Por Blogger Seth Bones, el 18 de febrero de 2007 23:13  

No es que se rían en sus caras --salvo quizá cuando un tipo de 65 entra a un chaval de 20--, pero dudo que se les escape lo que se piensa de ellos. En cualquier caso, como decía en la entrada, es absolutamente terrible lo que todas esas personas pasaron en su momento. Que te priven de tu derecho a amar y a ser tú mismo es probablemente una de las frustraciones más asfixiantes que uno puede sufrir. Otra más de las perversidades de las dictaduras, tanto la franquista como todas las demás (por algún motivo, las tiranías tienden a ser homófobas). Lo siento por ellos, y lo siento, claro, por quienes lo siguen sufriendo todavía hoy.

Por Blogger chalin, el 19 de febrero de 2007 16:42  

Hola,llegó por accidente esta nota a mi correo. mi opinión: que pena que esos que se dicen chavales critiquen lo que mas tarde o temprano viviran, deberian pensar que la gente es vieja por obligación y no por decisión, "el derecho al respeto ajeno, es la paz" como gays buscamos hablamos de tolerancia, pero, no la practicamos, no solo los viejos molestan a los jovenes tambien hay jovenes que molestan a otros jovenes. no cierren sus ojos. y si llegan (darle gracias a Dios)a viejos ya es ganancia por que muchos no tendran esa oportunidad.
desde Tampico-México saludos.

Por Blogger Seth Bones, el 19 de febrero de 2007 17:42  

Envié el mensaje con la entrada a la cuenta de correo de publicación automática, pero no llegó y tuve que hacerlo manualmente. ¿Quieres decir que el mensaje te llegó a ti, Chalin? Uhm, qué extraño...

En fin, gracias por comentar y saludos :)

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