Hace dos o tres años leí una biografía de Drácula y su estirpe, Los «Drácula», Vlad Tepes, el Empalador, y sus antepasados, que retrataba la existencia, el linaje y el oscuro contexto histórico del voivoda valaco al que la literatura, y en particular la famosa novela de Bram Stoker, transformaron en leyenda. Cielos, qué cantidad de alianzas, camarillas y conspiraciones. Supongo que lo más interesante del libro fue descubrir el ilimitado apetito de sangre y sadismo de Vlad Draculea. No pasaba día sin que el príncipe mandara empalar a, o perforar el cráneo de algún pobre diablo, cuando no lo hacía a decenas, a centenares o a miles (a continuación tomaba el almuerzo en mitad de ese terrible paisaje de cadáveres ensartados como insectos).A medida que pasaba las páginas del libro, me sorprendí con una sonrisa en los labios al leer un par de anécdotas homosexuales. Ambas resultan bastante absurdas, y dudo mucho que puedan considerarse ejemplos de activismo gay practicado en el siglo XV, pero no están mal para pasar el rato. En lugar de relatarlas, me limitaré a transcribir el texto en dos breves párrafos. Espero que os parezcan tan delirantes como a mí, ya me diréis.
En lo que a él se refiere [en alusión a Radu, hermano de Vlad Tepes Drácula], puede contarse un episodio notable: Radu, debilucho y libidinoso, famoso por su belleza, que contrastaba con la fealdad de su hermano, había permanecido durante años como rehén en la corte del sultán, gozando allí de la deferencia de Mehmed II. Conquistó su favor especial, y Calcolondilo relata con todo lujo de detalles una anécdota que tuvo lugar entre Radu y el sultán. Cuando Mehmed, siguiendo una reprobable inclinación, quiso abusar del joven Radu, fue sorprendido por éste con un golpe de espada. Por temor a la venganza del sultán, Radu trepó de inmediato a un árbol cercano para librarse de la persecución y captura. Finalmente, volvió a recibir favores, especialmente porque en lo sucesivo se mostró menos renuente a las aproximaciones del sultán.La segunda resulta un tanto sangrienta. Aquí va:
En un festín tras la conquista de Constantinopla, llegó a sus oídos [de Mehmed II] el comentario de que el hijo de Lukas Notaras, de catorce años, era célebre por su belleza. El sultán, que estaba ya muy ebrio, ordenó a un eunuco que lo trajese a su presencia. Notaras se negó.Sin embargo, el propio Drácula no le iba a la zaga. Cuando una cortesana aseguró que esperaba un hijo suyo, y después de que una comadrona descartara el embarazo, el voivoda abrió en canal a la chica a la vez que gritaba alborozado que le mostraría al mundo el fruto de su vientre.
«"Mi hijo", dijo el eunuco enviado, "jamás servirá a los vergonzosos placeres de tu amo. ¡Prefiero morir con los míos, antes de que mi familia soporte semejante afrenta!"»
Mehmed los hizo decapitar a los dos.
A propósito, recordé estas anécdotas hace un rato mientras leía la novela histórica Los Borgia, de Mario Puzo. En determinada escena se sugiere que el hijo del sultán otomano y Juan, uno de los vástagos del Papa Alejandro VI, compartían algo más que una sana amistad...
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