enfoque gay lo publicó el sábado 27 de enero de 2007 a las 15:37

Una fantasía homosexual

El norteamericano Theodore Sturgeon no sólo vivió esa existencia errática y llena de dificultades que los aspirantes a escritor envidiamos con más ilusión que sentido común, sino que también se convirtió en uno de los popes de la fantasía–ficción. De su obra, Arthur C. Clarke afirmó: «los cuentos de Sturgeon tienen un impacto emocional que no logra casi ningún otro escritor», y Groff Conklin puso la puntilla con su sentencia memorable, «tú no lees estos cuentos: te suceden». Por si esos avales no fueran suficientes, Ray Bradbury confesó en el delicioso prólogo de La fuente del unicornio:
Quizá la mejor manera de expresar lo que pienso de un cuento de Theodore Sturgeon sea explicar con qué minucioso interés, en el año 1940, abría por el medio cada relato de Sturgeon y le sacaba las tripas para ver qué era lo que lo hacía funcionar. [...] Miraba a Sturgeon con secreta y persistente envidia. Y la envidia, tenemos que admitirlo, es para un escritor el síntoma más seguro de la superioridad de otro autor.
¡Uff! Que el maestro de Crónicas marcianas se manifestara en unos términos tan elogiosos sobre Sturgeon dice mucho en favor de éste.

[A partir de aquí puede haber spoiler.] En los irresistibles mundos de fantasía creados por TS desfilan con inolvidable ingenio excéntricas historias de amor, alienígenas traviesos como niños, metáforas pacifistas, peliagudos desafíos morales y, en el relato que tengo en mente, El mundo bien perdido, incluido en el mencionado volumen La fuente del unicornio, una especie de alegoría en defensa de los derechos de los homosexuales.

El Ácaro Estelar 439 lleva a cabo la misión de devolver a dos alienígenas, conocidos como «los tortolitos», a su planeta de origen. Según Dirbanu, nombre con el que se conoce en la Tierra a ese misterioso cuerpo celeste, tales extraterrestres son fugitivos de la justicia, y por tanto deben ser restituidos a su autoridad. El equipo responsable de realizar la repatriación es descrito por Sturgeon del siguiente modo:
La tripulación estaba compuesta por dos hombres: uno un gallito pintoresco y el otro un enorme toro pardo. Eran, respectivamente, Rootes, capitán, y Grunty, encargado de todo lo demás. Rootes era un gallito ágil, blanco y enérgico. Tenía pelo de color castaño rojizo, lo mismo que los ojos, y los ojos eran duros. Grunty era desgarbado, con manos grandes y suaves y hombros pesados, casi tan anchos como alto era Rootes.
Rootes tiene un carácter verdaderamente áspero, y Grunty da la sensación de sufrir un cierto retardo mental; en cualquier caso, está hecho todo un mastuerzo. Sin embargo, es él quien debe lidiar con los encantadores «tortolitos» a lo largo del viaje, pues su superior se pasa dormido la mayor parte del tiempo, y es a él también a quien los alienígenas recurren en busca de auxilio. El problema reside en que ninguno conoce el idioma del otro, y a las duras se entienden mediante dibujos. Finalmente, se desvela el motivo que forzó a los «tortolitos» a fugarse de Dirbanu: son pareja, una pareja homosexual, y las autoridades de su planeta los reclaman para aplicarles la pena capital, pues no desean que en el cosmos se corra la voz de que en aquel lejano lugar, oculto y ajeno bajo fuertes nubes de energía, todos son... ya sabéis, un poco mariquitas.

Pero, ¿los devuelven y los tortolitos son asesinados? ¿O los liberan? De liberarlos, ¿por qué razón harían algo así? Y de desentenderse de ellos, ¿por qué tal falta de piedad? Sturgeon es un escritor absolutamente maravilloso, y éste es uno de los muchísimos relatos que lo demuestran sin ningún género de dudas.

La Casa del Libro tiene disponibles algunos libros de Theodore Sturgeon.

Etiquetas: ,

0 Comentarios:

Publicar un comentario en la entrada

Suscribirse a Enviar comentarios [Atom]

© 2007. Todos los derechos reservados. // Diseño web // GadgetoNews.com. // Política y politicastros // Todos los libros que leo