Supongo que el epítome de ese inocuo género cinematográfico fue siempre Campamento Cucamonga, tres de cuyos protagonistas, por cierto, tuvieron luego carreras más o menos exitosas, como por ejemplo Jennifer Aniston, un Jaleel White (Steve Urkel) despojado de las gafas de culo de botella y el eterno rubio Chad Allen. Sobra decirlo, yo estaba platónicamente enamorado de Chad. Chad, Chad, Chad, quién te ha visto y quién te ve. Qué recuerdos, y qué súbita tristeza se abre camino en mi cabeza mientras rememoro aquellos tiempos.
No puedo decir que siguiera la pista a Chad Allen a lo largo de los años, y ni siquiera le di una oportunidad cuando formó parte de la teleserie Doctora Quinn, pero me divirtió muchísimo leer en alguna página de Internet que el chico era gay. Debí suponerlo. Al parecer, lo pillaron dándose el lote con su novio, su amante, o lo que fuere, en la imagen que puede verse haciendo clic aquí, y de este modo su carrera llegó a su fin. ¿O no? Ha continuado interpretando distintos papeles en películas de segunda fila, pero quizás eso era lo que el destino y su falta de talento le reservaban con independencia de su orientación sexual. En fin, Allen salió del armario en la portada de la revista Advocate, y con el paso del tiempo se ha convertido en un voluntarioso activista gay, interesante concepto al que al parecer hoy día se suma todo el mundo. Yo me lo tomo con cierta reserva, si bien es cierto que durante una época asistí religiosamente a las tediosas reuniones de determinada asociación GLBT.
Dada mi edad, no puedo fantasear ya con aquel ensoñador escenario de campamentos veraniegos, refrescantes lagos e idílicos bosques, pero quizá no sea demasiado tarde para mirar a Chad Allen con renovado interés... De acuerdo, lo retiro: era sólo una idea estúpida, una idea estúpida para vencer esta delicada tristeza que sube desde mi pecho y toma posiciones en mi rostro, reclamada por la temeraria evocación de pacíficos tiempos pasados. Pero si las cosas se ponen crudas y me veo forzado a imaginar campamentos y tíos en pantalones cortos, siempre me queda el recurso de desenterrar Viernes 13: también ahí había chavales muy juguetones. Es una pena que tuviesen los días contados. Claro que en esa situación nos encontramos todos, ¿no es cierto?
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